Sabina: Un poeta de la vida diaria
'Joaquín Sabina, Perdonen la Tristeza' es el nombre
de la biografía de este artista, que salió a la
venta.
Por HUGO LAZCANO/ Reforma
Cd de México, México.-Para
Miguel Ríos es "el atleta de la medianoche más
brillante, más activo, que tomaba la curva peligrosa de
los 50 con el whisky en la mano, un Ducados en la boca y pedía,
con voz de lija del 7, una guitarra".
Para Joan Manuel Serrat, "un cómplice para sus correrías, un compañero para llorarle en las solapa, un colega del que aprender y un amigo con el que compartir el tequila de los solitarios".
Joaquín Sabina./ Foto:
REFORMA/Archivo
Sin embargo, Joaquín Sabina es para muchos un artista entrañable,
respetado y valorado por su lúcida vida de gran calavera,
la cual ha alimentado la vena de prodigiosas historias de la vida
diaria que a través de su voz lo han llevado el Olimpo
de los poetas compositores, del que sólo tienen membresía
José Alfredo, Atahualpa, Lara y otros pocos.
Y si bien la historia de "El Flaco" está contada en muchas letras de sus canciones, lo cierto es que ha preferido hacerlo a través de su boca, que ha guiado al escritor Javier Menéndez Flores en la materialización de la biografía Joaquín Sabina, Perdonen la Tristeza, que acaba de poner en circulación hace unos días la editorial Plaza y Janés.
Ajeno a un mero recuento de datos y fotos, el texto de 287 páginas resulta una intensa reconstrucción de los accidentes que formaron a un talentoso artista que en un principio fue una suerte de terrorista que soñaba con enseñar Letras.
Una prosa sencilla, con algunos vuelos literarios, da cuenta de las aventuras de Joaquín Ramón Martínez Sabina, quien de niño devoraba la poesía de Quevedo y de adolescente se aventuró en el comunismo, convirtiéndose así a los 21 en un exiliado español en Londres, donde en siete años cultivaría el don de vivir sin restricciones.
Estructurado en 13 capítulos, con una cronología de hechos y frases sabinescas, así como una serie de cartas de los amigos, entre los que se encuentra Luis Eduardo Aute, Manolo Tena y otros, Joaquín Sabina, Perdonen la Tristeza saca del cajón el mes de abril que le robaron al artista a través de un seguimiento periodístico a sus mejores entrevistas.
Puestas en contexto, las declaraciones de Joaquín a lo largo de los años se complementan se charlas con el autor del libro, en las que la biografía pierde el carácter de "oficial" para leerse como una novela de ficción.
Cada capítulo de este libro está titulado exactamente igual que los primeros álbumes de Joaquín Sabina, y narran precisamente los avatares del cantautor en el arduo oficio de la creación musical, así como en el de las noches entregado a los burdeles y bares, a las mujeres y los amigos... siempre con música de fondo.
Las fotos no podían faltar. Hay un puñado de imágenes en las que Sabina aparece en su faceta de activista, a la edad de su exilio y en compañía de sus dos pequeñas hijas Carmen Juliana y Rocío.
Para quien busca al jet set, "El Flaco" deja verse por ahí con Banderas y Melanie, Fidel Castro, Charly García, Pablo Milanés y Fito Paez, su enemigo íntimo.
Un buen libro de un buen artista está en la calle, no de Física y Química y se puede disfrutar hasta 19 Días y 500 Noches.