La recreación permanente del mundo por la palabra, el canto o la música divinas es común a todas las cosmogonías tradicionales, ejemplificados perfectamente en los relatos de sus mitos creacionales, pues el sonido, como nos dice el investigador Marius Schneider en su libro El Canto de las Piedras, "representa el elemento primero común a todas las emergencias cósmicas (...) Las fuerzas divinas son sonidos puros. Otros seres vivos manifiestan espontáneamente su voz hasta los objetos que no dan su sonido hasta que se los golpea... pues no existen cosas totalmente mudas. La piedra sonora participa de una manera especial de la substancia primordial, y, especialmente, el fonolito volcánico, considerado como la materia más antigua. Las rocas, que presentan fisonomías más o menos humanas o animales, son también tomadas por divinidades o himnos petrificados. La idea de que los astros, los hombres y los animales podrían ser igualmente nacidos de la piedra emana de la misma concepción de la naturaleza de la materia (...) Puesto que el sonido representa la substancia primera común a todos los seres y a todas las cosas, y que, desarrollado en canto, él es la fuerza que mueve el cosmos, así pues, el canto representa el único medio que permite entrar en una relación de intercambio directo y substancial con las potencias más lejanas. El cantar o el hablar ritmado es, en su significación profunda, una participación directa con la substancia primordial del universo y un llamado actuante, una acción fecunda, un intercambio en el estrato originario acústico del mundo. El es una imitación del orden sonoro que, antaño, llama al mundo a la vida y, al mismo tiempo, constituye un puente entre el cielo y la tierra, fundada sobre la substancia sonora común a los dos mundos. Es por ello que las divinidades, que son puros cantos, son también literalmente nutridas por los cánticos de las alabanzas (...) Al igual que el tambor de Shiva, el martillo de Thor parece indicar la fuerza y el eco del divino canto del trueno. La 'pluma que canta' y se arremolina sobre las aguas primordiales, con la cual los dioses indios californianos crean el mundo, representa seguramente el primer grado del murmullo creador del ala del pájaro-trueno". Según los estudios de este investigador, los capiteles historiados del claustro de Gerona entran dentro de esta concepción del mundo, pues las figuras humanas y animales (reales y fabulosas) esculpidas en la piedra, están cada una de ellas en relación con una nota musical, de tal manera que conforman una melodia litúrgica, una alabanza, una letania a la Virgen (símbolo de la pureza y la fecundidad de la Substancia primordial) cantada por los antiguos monjes, lo que constituía verdaderamente la participación activa en el rito (o ritmo) cósmico y la comunicación con las energías reveladoras de la realidad de lo sagrado. Damos a continuación las correspondencias que este autor hace entre la octava musical, los animales-símbolos y las principales horas del día, que están también en relación con las estaciones del tiempo y los puntos cardinales del espacio: FA Gallo-León-Animal fabuloso-Mañana-Primavera-Este DO Aguila-Mediodía-Verano-Sur SOL Grulla RE Pavo-Mediodía-pasado LA Pájaro cantor MI Toro sacrificial-León domado-Oveja-Buey-Tarde-Otoño-Oeste SI Pez-Rana-Noche-Invierno-Norte FA Toro-Animal fabuloso
En el Tapiz de la Creación que podemos contemplar en el museo de la catedral de Gerona se destacan en primer lugar los dos círculos concéntricos. El más central contiene en su interior a Cristo Pantocrátor (el Rey del Mundo), que simboliza al Ser universal o Gran Arquitecto. En ese círculo aparece escrita la frase "Fiat lux (Hágase la Luz) y la Luz se hizo". En efecto es gracias a su Palabra o Verbo generador que el Mundo cobra realidad, pasando de las "tinieblas que cubrían la faz del abismo", al orden cósmico, que comienza entonces a desarrollarse a partir del caos primigenio. Como acontece en los relatos cosmogónicos de todas las culturas tradicionales desde la más arcaica antigüedad, esa creación acontece en un tiempo mítico, anterior al tiempo sucesivo y propiamente cronológico. "En el Principio crea Dios los Cielos y la Tierra" (frase que aparece escrita en el segundo círculo más grande), es decir en el Origen primigenio todas las cosas reposan en el perfecto equilibrio de la Unidad, y sólo cuando ese equilibrio se rompe (y este es el sentido de la "caída" adámica), es cuando comienza el tiempo propiamente dicho, que sin embargo conserva una estructura ordenada e inteligible que hace posible el fluir de la vida en su formidable y proteico despliegue. Esa estructura ordenadora está indicada en el Tapiz por el encuadre exterior, en el que figuran los meses del año, en correspondencia con los doce signos del Zodíaco, y las cuatro estaciones, en correspondencia a su vez con los cuatro puntos cardinales. Seis de esos meses están presididos por el Sol, por la luz, y los seis restantes por la Luna, la noche, obedeciendo así a la alternancia señalada por los ritmos y ciclos del cosmos. La idea principal de todo ello es que gracias a una comprensión de la cosmogonía es posible que seamos reintegrados al tiempo original, es decir a esa Unidad de la que en realidad nunca hemos salido, tan sólo nos hemos olvidado de que estamos en ella, o que vivimos en un sueño, pero que siempre existe la posibilidad real del despertar. |
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