EL NUMERO DEL COMPAÑERO
Ermitaño
 
En la tenida de recepción al segundo grado simbólico, el V:. M:. somete la Estrella Flamígera a la consideración del futuro compañero masón con estas palabras: "Hermano Recipiendario, considerad atentamente la Estrella misteriosa cuyos rayos luminosos llaman por primera vez vuestra mirada. En su centro resplandece la letra "G". Es el gran símbolo del Compañero y, como todos los símbolos, puede ser interpretado de diversas maneras". Y añade: "La Estrella Flamígera, lo mismo que la de los Reyes Magos de la leyenda, orienta al Compañero Masón en su marcha hacia el ideal iniciático, brilla constantemente ante nuestros ojos, y hemos de dirigirnos hacia ella constantemente. Las puntas de la Estrella aluden al número 5 que os habéis ya encontrado bastantes veces a lo largo de esta ceremonia. Es el número del Compañero y tendréis que investigar sobre sus interpretaciones simbólicas".  

Quisiéramos, pues, plasmar en este trazado algunas consideraciones acerca del simbolismo del número cinco y de la estrella pentagramática con la cual se corresponde surgidas en el curso del trabajo de estudio que se nos ha asignado como compañero. En cuanto al número cinco, hemos observado, por medio de su reducción o descomposición en serie decreciente, que conduce al número seis. En efecto: 

 
5 = 5+4+3+2+1 = 15 = 1+5 = 6

Asimismo, la reducción del 6 lleva al ternario, puesto que: 

 
6 = 6+5+4+3+2+1 = 21 = 2+1 = 3

y el ternario devuelve a su vez al senario, ya que: 

 
3 = 3+2+1 = 6

de donde regresaríamos al ternario y así sucesivamente de manera indefinida. Creemos que ello tiene algo que ver con nuestra condición de hombre y compañero masón, calidades ambas signadas por el número cinco intermediario entre la unidad aritmética que simboliza al Principio inmanifestado y la década que expresa el reencuentro de la Unidad principial en el seno de la manifestación desplegada en su indefinida totalidad. La contemplación de nuestra personalidad, cifrada por el número cinco -esa es nuestra edad-, permite que nos descubramos como parte integrante del cosmos, y a éste, como a un fruto de la polarización de la Unidad, simbolizada por el ternario. Esta es una enseñanza interior del quinario idéntica a la que el Aprendiz de tres años recibe al estudiar su propia condición: 

 
3 = 3+2+1 = 6, 
6 = 6+5+4+3+2+1 = 21 = 2+1 = 3

También cabe ver en este tránsito continuado del seis al tres y del tres al seis la expresión de una limitación, la misma que es inherente a todo lo que pertenece al orden cosmogónico y que, por su propia naturaleza, aún no está reabsorbido en la Unidad: tanto el cinco como el tres emanan del uno, pero sin embargo, no es posible la vuelta a la unidad desde el tres o desde el cinco  'autónomamente', si puede decirse así. Se requiere una gracia, que no es otra que la permite el paso del cinco al siete, número este que devuelve a la unidad: 

 
7 = 7+6+5+4+3+2+1 = 28 = 2+8 = 10 = 1+0 = 1

El compañero masón que alcanza la maestría simbolizada por el número siete, alcanza la conciencia permanente de la Unidad: 

 
7 = 1 = 1 = 1...

La meditación sobre el trazado de la estrella de cinco puntas a partir de una circunferencia aporta una perspectiva geométrica análoga. Dicho trazado se inicia a partir del punto medio del radio de una circunferencia, punto que se corresponde con la ubicación del masón al inicio de la segunda etapa de su recorrido por los Pequeños Misterios en pos del centro de su ser, el cual está situado simbólicamente en el centro de la circunferencia, esto es, en el lugar en que se cortan el eje del devenir horizontal con el rayo divino vertical. El punto mencionado define un módulo cuyo duplo, el radio, divide a la circunferencia en 6 sectores de 60º, lo que de nuevo evoca la idea del senario y del ternario; pero se requiere el concurso del punto más elevado del diámetro vertical con respecto al radio horizontal que contiene al punto de partida para que el compañero pueda reubicarse y advertir la correspondencia entre su personalidad verdadera y la del todo manifestado, ambas englobadas en la Unidad. La unión de ambos puntos mediante el compás y el "abatimiento" de la sumidad de la circunferencia -imagen del "polo norte" cósmico- sobre el eje horizontal define una nueva posición y un nuevo módulo, que es precisamente el segmento áureo del radio. 

 
Observando la relación entre la longitud de dicho segmento y la del radio de la circunferencia, las cuales se hallan en proporción áurea, el compañero comprende que el Todo reunido en la Unidad es al cosmos que le envuelve como dicho cosmos es a él. Ello es una enseñanza idéntica a la de la Tabla de Esmeralda: "Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para que se obren los milagros de una sola cosa". Por otra parte, la distancia que media entre el nuevo punto señalado sobre el eje horizontal y el punto más alto de la circunferencia es igual a la longitud de la cuerda que divide a la circunferencia en cinco partes iguales permitiendo la inscripción de la estrella pentagramática, cuyo centro, por haberse trazado inscrita, coincide con el del círculo. Esta es una imagen más del propósito que guía el trabajo del compañero masón: adquirir, por la gracia divina, el conocimiento interior de que su corazón reside en el Corazón del Mundo y éste mora en aquél.  He dicho. 
 
Nota 
El grabado pertenece a la obra de Robert Lawlor Geometría Sagrada, Ed. Debate, 1993. 

 

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