Amor tan cálido y fulgurante que apareciste con el vespero cambiándolo todo en un instante llenando mi corazón sincero. Poderosa corriente constante que tomas como santuario entero el alma mía, dichosa amante como a la noche toma el lucero. Así eres tú mi amor vespertino tan sublime, eterno, muy risueño como del ave su dulce trino. No te alejes que ésto no es un sueño sino una bella obra del destino quien juntó nuestro andar con empeño.
Yalís de Jesús