Bases psicológicas i sociológicas
de la diferencia entre sexos
Hablar de diferencia de sexos
a nivel psicológico introduce una dimensión política de la que ni nosotros ni
el propio niño-a pueden escapar. La cuestión se puede plantear de la siguiente
forma:
De qué manera la percepción
de una diferencia va acompañada de un sentimiento de jerarquía de valor?
Las
respuestas que las diferentes culturas dan a este interrogante son muy variadas.
Todos sabemos, como mínimo en las sociedades occidentales , hasta que punto el
sexo masculino se utiliza como punto de referencia (esto todavía es así): Los
valores éticos, morales, físicos, las características del varón tienen,
generalmente, una tendencia a ser consideradas positivas; los valores femeninos,
contrariamente a los masculinos, en negativo. Parece claro que tanto los padres
como los niños quedan impregnados de esta manera de pensar.
A pesar de todo, hay que
considerar como fundamental para el niño-a el momento en que este-a percibe la
la existencia de una diferencia sexual. Este momento se ha ido preparando desde
hace tiempo para el sexo que sus padres le han asignado cuando lo han estado
educando , tratando, vistiendo, hablando, etc. De toda manera, todo esto va
asociado a una fase muy importante, la fase fusional normal con la madre, donde
el infante establece su sentimiento de existencia (su self) , periodo que hay
que superar a lo largo de la fase de "separación-individualización"(M.Malher)
o a lo largo de la "posición depresiva" (M.
Klein).
Este sentimiento de
existencia constituye el referente y primer punto de partida que ha de facilitar
el autoconocimiento del niño-a como ser individual, antes de reconocer su sexo.
Stoller considera que la relación funcional madre-hija facilita a las hijas un
sentimiento de individualidad más sólido que la relación madre-hijo en los
varones., ya que en estos casos, la diferencia de sexos introduce una duda
identificativa superior. El resultado clínico es en el niño y después en el
hombre, un miedo superior a la homosexualidad que en la nena, porque según
Stoller, las raíces de lo que el llama la masculinidad están menos
implantadas.
Después de que se ha
establecido el sentimiento de individualidad, el niño se enfrenta a la diferencia
de sexos. Ha de reconocer su pertenencia a un sexo y renunciar al fantasma
original de omnipotencia o completividad. Como es frecuente , el papel de la
familia juega, todavía en estos momentos, un papel importante, pero el niño se
encuentra en una dialéctica entre el reconocimiento de una falta y la
emergencia del deseo. de la completividad y el placer. Alrededor de estos cuatro
términos, falta-deseo, completividad-deseo, ha de armonizarse la sexualidad del
niño, siempre caracterizada, por la inmadurez fisiológica infantil. Esta
inmadurez sexual fisiológica nos lleva a diferencias de genitalidad y
sexualidad. El primer término implica la madurez de los órganos genitales y el
segundo se centra en buscar el placer, sin olvidar los tres pasos precedentes
(falta, deseo y completividad). Para el niño-a aceptar su falta de renuncia a
su omnipotencia infantil (no únicamente poder ser satisfecho por la madre, sino
poder satisfacerla plenamente) y proyectar en la pareja paterna el estado de
completividad envidiado. El niño pasa del mito de la completividad narcisista
al de la escena primitiva, a partir de la que se organiza la curiosidad sexual.
A las teorías psicoanalíticas, las tendencias Voyeristas/exhibicionistas del
niño radican en esta curiosidad sexual, como también lo hacen sus deseos
epistemofílicos en una sublimación de buena cualidad. De esta manera
pueden observarse los sutiles desfases ópticos que hacen pasar al niño de la
dialéctica de una completividad narcisista (diada madre-hijo) a la de la
diferenciación sexual (niño-niña en la fase edípica) y por fina a la ruptura
generacional (nniño-adulto en el periodo de latencia).
La disimetría de la pareja
madre-hijo puede explicar la gran incertidumbre identificatoria del niño en
comparación con la niña (Stoller). Esta disimetría, implica uno de los más
importantes problemas de la psiquiatría infantil, el de la disimetría de la
morbilidad en función del sexo.

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