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Hacia
el referéndum del Estatuto de Andalucía |
19 de febrero de 2007 18-F: La crónica La televisión daba descansos, pero en la radio andaluza montaron una especie de All Star en el que la retransmisión de los votos de los alcaldes y consejeros como si fueran canastas triples resultaba ridícula, y no digamos las entrevistas a andaluces que votaron desde Suiza o el intento de distraernos con el top ten de las bandas sonoras de referendos anteriores, con Jesucristo Superstar y Jarcha a la cabeza. Movidón histórico y tecnología punta era lo que más les gustaba mencionar: “Estamos con PDAs, ordenadores, pantallas táctiles, monitores de plasma, pero también es importante el lenguaje de los sordomudos”, nos decía el locutor de Canal Sur radio. Pero todo era como si sólo la RTVA se moviera en un día esculpido contra el cielo. Y eso que por fin salimos en los informativos nacionales, pero la Sexta, a mediodía, ya anunciaba que iban a sobrar muchas papeletas. En La Nuestra, vimos al Selu bostezar en su mesa electoral, a los políticos insistiendo en vendernos la suerte de un capicúa, a los cámaras filmarse los pies, y mientras el fracaso de la baja participación se iba haciendo grande como un zepelín, Canal Sur destacaba la ausencia de incidentes y el buen tiempo. En la radio, cuando se cerraban los colegios, Tom Martín Benítez puso una grabación de la voz de Escuredo con el himno de Andalucía al fondo, aquellos buenos tiempos en los que quizá todavía creíamos un poco en los políticos. Luego, intentó parecer triunfal diciendo como un redoble “éxito a-bru-ma-dorrrr” del sí, al leer los resultados del sondeo de Ipsos. Y ésa fue la consigna en las noticias y en los análisis de los contertulios de capilla. Sí abrumador, éxito, refrendo total del Estatuto, “gran fiesta de la democracia”. Zarrías hablaba de un Estatuto que nacía “con toda la legitimidad”, pero la fea abstención no aparecía en los montoncitos de detrás, en la pantalla. La baja participación parecía traída por una nevada, y no por la hartura o el corte de manga de la ciudadanía. Todas las locomotoras de la propaganda no han movido más que a un 36% de los llamados a las urnas. Este Estatuto tan nuestro nos ha importado menos que la lejanísima Constitución Europea. El “abrumador” sí no representa ni el 32% del electorado. Pero la fiesta ya estaba planeada mucho antes. No iban a tirar ni el ponche, ni los globos, ni los discursos, por culpa de los dormidos. |