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Los días
persiguiéndose |
24 de diciembre de 2006 Tono a lo divino Esta Navidad viene con sus cerezas envenenadas e igual que hay guerras de belenes, también hay susceptibilidades por unos villancicos que ahora hay que manejar como nitroglicerina. Los parlamentarios andaluces son unas personas entre serias y encamadas pero que, como casi todos ahora, también se ponen los patines navideños y hasta las narices de reno. Su costumbre de cerrar este periodo de sesiones con unos villancicos da para muchas maldades o gracietas, porque sus señorías cantan como un coro de futbolistas, algunos tienen cuello de polvorón y otros ojitos de vino dulce, y, afilando los puñales, podríamos decir que les pega mucho eso de declarar tan festivamente su villanía, según lo que explicábamos antes. Pero aquí donde uno ve el último licor del año y el ridículo o la ternura de unos señores de naturaleza enfurruñada dando palmitas o negándose, otros ven en el entrar o no en ese corro malos rollos, insinuaciones, desprecios y alineamientos. Yo tampoco hubiera participado porque, además de mi condición de “ateo militante” como Antonio Romero, esas cosas me dan sarpullido estético. Aparte eso, ni me parece mal que unos señores se lancen alegres por la blanda colina de las tradiciones, ni me ofende que en un Parlamento se cante a un Niño Dios de pan y almendra, ni me infunde sospecha quien no quiere participar y se va a su casa. Estamos sacando la cosas de quicio, e igual que hay algunos que están interpretando la laicidad como demolición o escupitajo, en el otro lado todavía parecen querer imponer para todos el azúcar que cae de las alas de sus ángeles porque no hace daño ni cría costra. El otro día en el Parlamento no había “tono a lo divino”, sino otra cosa más ligera, castañera e inocua. Nada que merezca preocupación ni malicia. Disfruten de la Nochebuena y canten o no villancicos navideños o de los otros. Las guerras de verdad nos esperan pronto. |