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Los días
persiguiéndose |
14 de diciembre de 2006 Cuentos Natividad Redondo, coordinadora del Instituto Andaluz de la Mujer, ha propuesto nada menos que “reelaborar los cuentos y adaptarlos a los roles que desempeñan hoy las mujeres”. Supongo que Blancanieves iría a la mina y Cenicienta sería Ally McBeal. Y digo yo que eso supondría sólo un primer paso, porque aún quedaría el resto de la literatura universal por extirpar de sexismo y misoginia. Por ejemplo, podrían empezar por El Quijote que tanto han pregonado últimamente, pues dice el hidalgo que “ésa es natural condición de mujeres, desdeñar a quien las quiere y amar a quien las aborrece”. Por supuesto, tampoco se podría escapar Shakespeare, ya que Otelo, obra sexista y racista donde las haya, no se merece menos que La cenicienta. Los textos de otros probados misóginos como Aristóteles, Nietzsche, Schopenhauer, Molière, Balzac, Wilde o Quevedo deberían también ser “reelaborados” o prohibidos, sin duda. Así, no quedarían malos modelos para esta juventud deshilvanada, aunque seguramente, a la vez, nos habríamos vuelto idiotas. A la mujer la han hecho madre de dioses si exhibía sus virtudes granjeras de pureza, fertilidad y docilidad, y bruja si osaba reivindicar la inteligencia y la libertad. La historia la ha sometido y silenciado y hay un cruel martirologio que engloba desde Hipatia hasta la última víctima de la violencia sexista. La conquista de su igualdad es la de la dignidad de la propia especie humana. Algunos, sin embargo, parecen empeñados en sostener esa lucha desde la más analfabeta estupidez. La revisión de los cuentos con espejos y ranitas, la purificación de viejos libros o la abolición de los anuncios de colonia copan ahora los objetivos de las nuevas heroínas. Ojalá educar en igualdad fuera tan fácil como mandar escribir que las doncellas cabalgan con espada. |