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Los días
persiguiéndose |
23 de noviembre de 2006 La orquesta Con el arte, los políticos siempre han querido hacer propaganda y algunos músicos quizá han querido hacer humanismo, aprovechando lo ecuménico de las manos y las orejas. Pero si este humanismo es posible, no lo es por la magia de no tener cuerpo de la música, sino porque cuando nos enfocamos en una tarea común, dejando en el cajón de cada uno la patria y los dioses, enseguida se ve que es posible construir algo por encima, algo verdaderamente humano y universal, donde las diferencias de pueblos o narices no cuentan porque las patrias no cantan ni los dioses tocan liras en realidad. Una sinfonía puede ser el ejercicio de todo esto y esta es la enseñanza de Barenboim, al que algunos pragmáticos o desencantados podrán llamar ingenuo o hasta interesado, pero yo a eso lo llamo esfuerzo constructivo. Ahora que en Algeciras Chaves inaugura la Conferencia Sindical Internacional, donde vuelven a hacer papiroflexia sobre la Alianza de Civilizaciones, no puedo sino comparar esta flojera de palabras con ese coger con la mano las herramientas y hacer algo, por ejemplo música. He dicho muchas veces que la Alianza de Civilizaciones me parece fallida desde el nombre, desde ese confundir civilización con religión, pero sobre todo fracasa en la teorización de un buenismo sin acto, sin plano, sin obra. En afinar una orquesta de israelíes y palestinos, que no es sino un primer ensayo para afinar toda la orquesta humana, veo yo más logro que en esas conferencias reducidas al menú multicultural. Pero quizá yo también soy un ingenuo. Barenboim se va, percutiendo o botando su nombre como suele poner Paco Robles. Andalucía no es tierra para sus nieves y nuestros políticos tendrán que volver a retratarse con músicos de feria. Yo le deseo suerte y fuerza, de ingenuo a ingenuo. Aquí, su música resultaba forastera, como les resulta la esperanza a los apocalípticos. La música en sí no arregla nada, no convierte en bailarinas a los asesinos ni en floristas a los totalitarios. Es la gente que aunque diferente es capaz de disponerse en círculo para una misma tarea la que cambia el mundo, mal que les pese a los trompetistas de la catástrofe. |