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Los
días persiguiéndose |
20 de julio de 2006 La alianza El siglo XX se nos fue en varias luchas de modelos, las democracias frente a los fascismos o el capitalismo frente al marxismo. Con la caída del Telón de Acero algunos cantaron ya el fin de la Historia (Fukuyama), pero Huntington planteó otra pelea, que ya no se daría entre estados-naciones, sino entre “civilizaciones”, que para él, curiosamente, son lo mismo que religiones. Así, la “cristiandad occidental” (qué cosa como carolingia), el “mundo musulmán”, las civilizaciones hindú, sínica y budista, con otras, harían este nuevo palé mundial. Pero yo veo aquí muchos cajones y poco criterio. ¿Están en el mismo “mundo musulmán” Irán y el Marruecos protegido por Estados Unidos? ¿Y los musulmanes británicos o franceses, a qué civilización pertenecen? Esto es una simpleza arreglada para que quepa en una pizarra, pero que no explica lo que está pasando. No son los modelos tan sencillos. Ni vale tampoco lo de pobres contra ricos, a ver si el wahabismo saudí viene de la miseria... Entonces, esta Alianza que traen abarcarolados Zapatero o Chaves, ¿a qué civilizaciones se refiere? Tan absurdo puede ser meter a todo el mundo musulmán en la misma ojiva minarete como llamar “cristiandad occidental” a lo que nos vino de la filosofía griega, del derecho romano y de la Ilustración. Y es que no hay choque sino disolución, y no se trata de una religión o una civilización de pie frente a otra, sino de dos sistemas de valores irreconciliables convivientes a veces dentro de las mismas estructuras sociales o políticas. Lo que tenemos a un lado de esta guerra son los ideales heredados sobre todo de las revoluciones inglesa y americana (la francesa acabó como acabó), la igualdad y la libertad individual, el concepto primordial de ciudadano frente al de súbdito o fiel. Y al otro lado, pero a veces en el mismo suelo, la teocracia, el medievalismo, la tribu, no ya una religión en sí sino un determinado concepto social de la religión, que también fue un día el sostén de Europa, no lo olvidemos. Chaves pide implicación en una alianza de no sabemos qué contra un enemigo de no sabemos dónde, y son ya demasiadas imprecisiones para que funcione. Además, no puede darse diálogo sin idioma común, y no lo hay entre estos dos mundos desincronizados y revueltos. Más bien confía uno en la perseverancia en los valores de la libertad y la individualidad, en la intransigencia con los intolerantes, en la resistencia frente al falso multiculturalismo sin Derechos Humanos. Eso, o lo mismo llegaremos a ver Al-Andalus reconquistada. Chaves se quedaría sin realidad nacional y sin jugar a las Tres Culturas. |