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Los
días persiguiéndose |
25 de mayo de 2006 La cintura Al baile de las cinturas que se imagina Zapatero le faltaba un guante tirado, y eso es quizá el consenso que ofreció al final a Rajoy. Consenso, negociación, la sutil ciencia mediadora de Hermes, pero los políticos no están para ponerse alas en las sandalias sino para morder las canillas bajo los escaños del enemigo. Ante esta oferta de consenso dejada como un capote, me huelo que el PP, como el PSOE, se limitará a escenificar una ruptura por intransigencia del otro, que es lo que mandan los manuales. No creo que a estas alturas Rajoy vaya a aparecer de la mano del Zapatero destrozón y parar las mareas que los enfrentan por la vieja España que vive ahora como el deshielo del 78. Sabe que el consenso sería el triunfo del PSOE talantoso, que lo vendería como la doma a espuela del PP. Sabe, además, que significaría dejar al PP andaluz, que ya se ha jugado los cuartos con el no, en intermediario torpe del proceso. No se trata del estatuto valenciano, hecho por los de casa. Se trata del estatuto de la despensa socialista española, del reino inconquistable de Andalucía, y doblar la rodilla aquí representaría demasiada felonía. No creo que haya consenso, aunque me gustaría. De lo que no estoy seguro es de que el PP haya medido bien la repercusión de su postura en Andalucía, cuando toda la máquina socialista empapele la autonomía con sus caras de malo, como si fueran cuatreros. Zapatero se mira el talle y torpea cuando los ujieres del Congreso están ya con un botón desabrochado. Aun así, lo veo ganador. Y al PP, cegado. Si yo fuera Rajoy, hubiese hasta votado sí el otro día y luego me esforzaría, sin blandear, por alcanzar el consenso. Eso dejaría al PSOE sin los argumentos del muchacho bueno de la película y al PP sin la mandíbula carcelaria con la que va ahora. Pero esta mano está llena de faroles, que es cuando las cartas traen la gloria o la sangre, y nadie se va a tirar sobre el tapete verde con jeta de panoli. La cintura, Zapatero decía que la esencia de la democracia es la cintura. Pero ésta que tenemos sólo es patada en la ingle. Sonarán huesos quebrados. Y los vencidos estarán muertos y los ganadores, eternizados. Hermes también guiaba a veces las almas de los hombres hacia el Hades. |