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Los
días persiguiéndose |
23 de marzo de 2006 Rigodón 1812 La Constitución de 1812 es algo así como la modelazo que está por venir a la provincia y ya están pensando en la foto, que por eso se entrenan con Jean Reno, que les queda como el ensayo en feo de algún afrancesamiento. Sí, porque en el potaje doceañista que están haciendo los políticos se mezcla el liberalismo de llevar casaca con un afrancesamiento que no tenía aquello (era todo lo contrario) pero que ellos ven en las estatuas, con el espíritu fundador de una vaga democracia de aquel pueblo que sin embargo gritó “vivan las caenas”, y con otros carruajes, óperas, juegos de pelota que se imaginan que tuvo la época, y que en realidad tampoco importan. Sí, el “liberalismo”, resulta que eso da para unas fotos de balneario como las de Esperanza Aguirre, da para unas protestas del PSOE que tampoco llegaría para liberal ni para palafrenero de entonces, da para unas invitaciones despreciadas y, en fin, para esos rigodones ridículos de los políticos. Nadie podría ser ahora un liberal de aquéllos igual que nadie podría pretender ser en estos momentos un castrato, pero ahí están con su competición que parece la de unos confiteros, y se insultarán de poco demócratas, de poco patrióticos y hasta de poco náuticos según falten a los actos, sesiones de rimas y gincanas que quedan hasta que terminen ese mantón del bicentenario de la Pepa. Bastante ingenua ve uno esa queja de que tal preboste no acudió a recibir al otro, de que no vino al guateque del otro, esas ofensas a la Historia o a la dignidad de señorita que le imaginan a la Constitución de Cádiz cuando se ausenta un político de alguna ofrenda que organiza el del balcón de enfrente. ¿Pero qué esperaban? Un papel amarillo, ya muy meado por los siglos, es sólo eso si no sirve para la propaganda, y la propaganda se estropea posando junto al enemigo igual que la reputación de un donjuán retratándose con una fea. Todos serán muy “liberales” cada uno por su lado y más que el otro por descontado. Otra vez la Historia será un trofeo o una herencia, y eso a mí me interesa poco. Un fregado le daba yo a la democracia actual, más que sacar tanto a bailar a esa otra tan vieja que ni siquiera lo fue. |