|
Los
días persiguiéndose |
2 de marzo de 2006 Celebrar el verde Celebraron, pues, el verde, un color como un panteísmo, pero Andalucía es otra cosa más terriza y menos dentífrica. Los políticos, sin embargo, nos tienen acostumbrados a este ir desplazando lo concreto, las realidades, los problemas, hacia símbolos vaporizados unos de otros y que terminan en algo así como la paleta de colores de los sueños, ante la que ya no caben argumentos porque sería como intentar refutar un perfume con la lógica. Ése es su juego: se empieza por identificar la libertad con una fecha, una fecha con un libro, un libro con un triunfo, un triunfo con un partido, un partido con toda Andalucía, toda Andalucía con un color, y en este proceso de escayolado se nos ha perdido, casi sin darnos cuenta, todo lo que importa, para a cambio tener mascotas, sabores, estatuas, fiestas de guardar. Las supuestas modernizaciones que nos traen como duchas que hacen falta, o este nuevo Estatuto que es un sol pintado, son esto mismo. Es la política performativa: la enunciación crea la verdad (la terminología me parece que es de John L. Austin, de su teoría de los actos). El Estatuto es la prosperidad, es el futuro, es la culminación de todas las expectativas, simplemente porque se ha declarado así, igual que un cura declara casada a la pareja (este ejemplo para explicar el “acto performativo” es de Michel Onfray). Luego, ya sólo queda celebrar la gesta con algo esculpido, sin que en realidad haya sucedido nada heroico ni útil, ni siquiera verdadero. El verde, he empezado con el verde porque en ese zumo que nos dan se ve muy bien la trampa de los políticos. Qué se podría decir contra el verde, contra el espíritu andaluz así transubstanciado, contra la libertad, la lucha del pueblo, contra todo eso que nos dicen que celebraban el otro día, sin parecer que está uno matando gorrioncillos... Pero Andalucía sigue pobre, inculta y cenicienta. Celebraron el verde, y eso no es celebrar nada. |