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Los
días persiguiéndose |
2 de junio de 2005 Comisiones Seguramente, un día recordarán esta época como aquélla en que la Justicia quedaba de vez en cuando desaparecida o encerrada en el cuarto de los ratones, igual que Zipi y Zape, y venía a sustituirla un carretón de tragafuegos. El mangoneo de los ayuntamientos necesitaría toda una aviación de fiscales y jueces pero sólo vemos la cama elástica de los políticos chocándose las barrigas. La ley laxa o mal enfocada tiene a los jueces para los moritos, para las reyertas de las botellonas, para los alijos olorosos como canela, pero con los políticos parece que todo tiene que solucionarse en una esgrima de corbatas entre ellos. Esto se va acercando a la impunidad total, y el entrecomillado de una palabra es la única cárcel pequeñísima que esta gente tiene a la vista. En mi pueblo, en Sanlúcar, con este conflicto de la basura por las calles o dentro del Ayuntamiento, la gente me para mucho y me cuenta negras historias de mafiosos: los concejales que son sólo corredores de fincas, el Ayuntamiento pidiendo dinero a las constructoras a cambio de recalificaciones y terrenitos, las adjudicaciones de obras al proyecto más caro porque trae también el maletín más panzudo, y así... “Repugnante, escandaloso, de vergüenza”, me insisten. Y yo me encojo de hombros y sólo puedo dejarles mi esperanza de que alguna vez la policía y los tribunales entren a saco, cosa que queda como la invocación a algún San Pancracio que anduviera adormecido por las bóvedas de la democracia. Mientras la Justicia anda ocupada con lo que pasa con los cuchillos de cocina, los políticos nos montan comisiones como un bingo, se tiran cubos de agua sucia y en los municipios el saqueo de lo público es el deporte sin piscina en el que todos chapotean. Que quiten las comisiones de investigación y vayan subiendo más políticos a mirarle al juez los ricitos que no tiene. Eso, o alguien propondrá un día que en la plaza del pueblo haya una guillotina en vez de una palmera o un templete. |