|
Los
días persiguiéndose |
12 de mayo de 2005 Pata negra Hemos vuelto al jamón como frontera, lo que distingue al triunfador del muerto de hambre, más que eso que pusieron también el Canal Sur de los coches de caballos. Seguro que lo recuerdan: toda la mañana en Canal Sur era como el salón de un rejoneador o un bodeguero, y en La Maestranza unos carruajes que llaman enganches por quitarle peso al clasismo, se desenvolvían por el ruedo como en una cosa de la Cenicienta o de la reina María de las Mercedes. Junto a señores donhilariones y damas participando en un concurso de mantillas, con un jurado compuesto como por señoritas de la Cruz Roja, estaban los cocheros con pinta de comer a navaja. Toda esta distancia de las clases, con el sol sevillano quitándoles el pudor, con la tele socialista componiendo romances, haciendo de los caballos duques y de los establos lagos con cisnes, es nada para los señoritos jamoneros que ha formado esta Andalucía de compadres. Entrar en Canal Sur, ese museo del jamón, como directivo, como presentador “adicto” (esto de “adicto” lo dijeron Les Luthiers por “adepto”, en una célebre parodia sobre la imbecilidad de los políticos), ya es tener el carné para el economato gratis total de la vida. Así se explica que los ex mandamases de Canal Sur vayan por ahí como con una primitiva que les toca cada semana. O que programas hechos sólo con una lámpara de mesita de noche, como el de Joaquín Petit, den para tener barcos atracados. Así se explica uno que Manuel Campo Vidal, al que todavía le pagan los servicios prestados en algún debate electoral, ande muy principesco por un concursito para cursillistas. Igual que Paco Lobatón por entrevistar a mujeres acuchilladas y a gente caída de la azotea. El reparto del jamón, ahí nos volvemos a definir. Siempre habrá los que tengan y los que no. Ahora, los que tienen se dicen de izquierdas y progresistas, pero se lo han quitado al pueblo. Es lo de Morena clara al revés. Y sin el fiscal, claro. |