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Los
días persiguiéndose |
13 de enero de 2005 El plan El razonamiento es perverso y circular: si el derecho de autodeterminación pertenece a los pueblos, forman pueblo aquellos que piden esa autodeterminación. Los vascos verdaderos, pues, sólo pueden ser los independentistas. Lo demás es inmigración, contaminación de la sangre, invasión del maketo y violación de sus mozas. Eso que ellos llaman “el ámbito de decisión vasco”, en el purismo de su ideología sólo podría llevar a un sufragio censitario. La consulta que quiere Ibarretxe se celebrará a menos que Bono saque los tanques y la cabra o que el PNV salga derrotado en las próximas elecciones, que por ahora parece como si las montañas se dieran la vuelta. Pero si perdieran ese referéndum, el mito exigiría para el próximo un catálogo de vascos puros con la radiografía de vasquismo por delante, ya que para ellos sería como si hubieran votado su futuro miles de somalíes infiltrados. En la sabiniana Sociedad Euzkeldun Batzokija, se exigían cuatro apellidos euzkerianos y casar con una chica del país. A eso aspiran, a esa desinfección, complementaria a la limpieza étnica e ideológica de ETA, que daba a elegir a los renegados y a los zambos entre morir o marcharse. Pero si el referéndum sale contaminado, no será por los falsos vascos con “apellido de barquillero”, que decían los contertulios de Sabino Arana, sino por todos los muertos y exiliados que faltan, las manos cortadas de los fantasmas que dejaron. Todo esto, más que ilegal, es inmoral. El Plan se debatirá en el Parlamento nacional y, antes aún, en el andaluz, después de que Chaves haya rectificado. Las asimetrías, los agravios, las autonomías con un brazo más gordo que las otras, eso será el centro de la protesta, de la indignación. Pero la máquina mitológica, que da topónimos y genealogía oliendo a la cabaña de la raza, no aceptará hablarse con las leyes ni verá nunca una sociedad vasca plural, sino simplemente con un tumor extranjero todavía por extirpar. Por definición. Con el País Vasco en dos hemisferios, con Álava que no se ve dentro, el Plan Ibarretxe parece a la vez imparable y suicida. Terminará siendo un mapa de caseríos, y a lo mejor entonces serán felices. Debatamos aquí las legalidades, protestemos con la Constitución en la mano como otro Quijote. Pero sus dioses han elegido ya un destino como una horca. Y quién puede contra el destino que dictan los dioses, aunque sean inventados... |