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Los
días persiguiéndose |
24 de junio de 2004 Se mueren A la izquierda rojiverde no sabemos si la han perdido los maestritos lacios que le ponen al frente, las querencias al PSOE o la cola de todo el siglo, la muerte del Comunismo como la de un metalúrgico furioso que martilleaba la mitad del mundo. Cuando ya no hay sitio para las revoluciones o hasta las revoluciones montan su oficina con fax; cuando sus estampas, Marx, Pasionaria, el Che, parecen ya roqueros sonados o momias alquiladas, Izquierda Unida iba siendo un party de anarquistones, cuidadores de pájaros y rebeldes sin guión que juntos no pueden hacer nada sino bañarse todos en el río. A IU, si acaso, el pragmatismo sólo les ha llevado a escoltar al PSOE, que tiene otro pragmatismo que es por ejemplo poner a Solbes como un oso del dinero. Para no morir, IU no puede volver a las raíces, que son la música de la abuela y la pistola del abuelo, ni pegarse al calor orondo del PSOE, que va a lo suyo. La izquierda más roja necesita una refundación que mueva todos sus baúles y esqueletos, y con Valderas lo que estamos viendo es un velatorio/gallera de concejales y labriegos que no ven que les pasa la Historia como a viejos aviadores. El Partido Andalucista, por su parte, lleva muriéndose toda una vida entre personalismos y guantazos con la bandera. Convertidos en agencia de colocación y en colilleros de la Junta, la etapa de Antonio Ortega ha sido la era de los prestamistas y de las manos por debajo de la mesa. Me dice alguien de su corriente más crítica que en el PA hay que cambiarlo todo por la cuenta que les trae, pero eso requiere muchas escobas, bisturís y carretas para sacar los muertos por la cocina. Mientras, el Partido Popular, aplastado por sus sueños imperiales, busca con Arenas, madrileñizado, la catarsis. Otra vez un candidato a palos, que parece que es lo que nos pega. Arenas nació un Día de los Inocentes pero es el más astuto de los pretorianos del PP, y ahora le toca limpiar de pijos y señoritos un partido que aquí es de pijos y señoritos, con lo que no sabemos si terminará con alguien en pie. Se mueren a veces los partidos o es que toda la política se pudre fácil. Ahora son casi todos una sandía al sol espumante del verano. Por los chiringuitos, la carne de partido muerto apesta ya como un marisco malo o una chancla mojada. |