GRUPOS DE ENCUENTRO
IGLESIA EVANGELICA BAUTISTA DEL CENTRO. REG. CULTO No 672. RODRIGUEZ 542. ROSARIO
PINTURAS EN EL EVANGELIO DE JUAN
LECCION NUMERO QUINCE
Introducción:
Seguimos con el Médico Divino en el capítulo 5 de Juan. Recordemos que con respecto al asunto de la enfermedad, hay veces que vemos endemoniados que están enfermos al mismo tiempo, otras veces endemoniados que no lo están, y en otras ocasiones, simplemente enfermos que no están endemoniados. Siempre recordemos que no podemos extraer doctrina de la práctica ministerial o de la experiencia, sino de la Palabra de Dios, pues de otra manera nos exponemos a la confusión. Seguiremos materiales del pastor Libert.
Desarrollo: Cuando Jesús reprendía al demonio, nunca se equivocaba, ya que nadie tenía mejor discernimiento que el Médico Divino. En el caso del paralítico junto al estanque, le dijo: "Levántate, toma tu lecho, y anda", y como vemos no reprendió al demonio. El sabía cuando debía hacerlo y cuando no. Si decimos a todos los enfermos que vengan, que vamos a reprender todos los demonios de las enfermedades, estamos haciendo mal, pues Jesús nunca hizo así, y nadie puede ser más cristiano que Cristo.
Si vemos Marcos 2:1-7, es sorprendente que el paralítico llevado en camilla, necesita que primero Jesús le perdone previamente sus pecados. ¿Por qué decimos que "necesita"? Porque cuando Jesús se acerca a una persona, El hace lo que primero necesita esa persona. Jesús no tenía una liturgia especial, El no era uniforme para actuar. El tenía espontaneidad, que provenía del hecho que el Espíritu Santo presidía su vida, porque la Biblia dice que nació del Espíritu Santo, fue ungido por el mismo Espíritu, al ser bautizado en el Jordán fue llenado por el Espíritu, es decir que el Espíritu Santo lo conducía.
Jesús nunca obraba de la misma manera, a un ciego tocaba y recibía la vista, a otro ciego le hacía mirar primero después de haberle dado el primer toque y veía los hombres como árboles, luego le tocó por segunda vez, y veía perfectamente. A un ciego le unta los ojos con lodo y lo manda a lavarse en un estanque. Buscar entre todos los pasajes que avalen las afirmaciones del párrafo anterior. Jesús no es un autómata, no tiene siempre la misma receta, ni actúa siempre de la misma manera. A algunos los cura en el lugar donde se lo llevan, pero en otro caso en Betsaida, cuando El se había enojado con dicha gente, lo saca al ciego a las afueras y lo cura y le dice que no vuelva a la aldea, ni lo cuente a nadie de esa población.
Jesús tiene libertad, la espontaneidad propia que le da el Espíritu. Entonces por ejemplo, en el caso del paralítico de Marcos 2, no le dice levántate toma tu lecho y anda, sino que le dice "tus pecados te son perdonados". Evidentemente en este hombre había una necesidad más profunda que la sanidad. Era la necesidad espiritual, no por eso Jesús le niega el derecho a ser sano. Muchas veces las personas están postradas por sus pecados no perdonados, por sus resentimientos cultivados, por sus rencores masticados, por sus culpas reprimidas o metidas a presión en la trastienda de la mente, en el trasfondo de la conciencia, y es como si fuera un "tumor mental", no un tumor cerebral. Todo esto no reconocido delante del Señor, son causa de enfermedad. ¿Qué nos parece ésto? ¿Estamos de acuerdo? Dialogar y opinar entre todos.
Santiago en su carta nos dice: "confesaos las ofensas unos a otros (cuando habla de sanidad) para que seáis sanados". Y esta confesión es indispensable. El pobre paralítico de Marcos 2, no tenía todo el conocimiento doctrinal, y necesitaba primero la paz, o sea que había una necesidad más profunda y paralela a la física. Pues curar una persona, y dejarla llena de sus conflictos emocionales, ¡No es curar! Jesús era muy cuidadoso de ese aspecto de la vida espiritual. Por supuesto no siempre ocurría así. Una vez curó a 10 leprosos, y 9 no retornaron, y sin duda muchos de los que gozaron de la sanidad milagrosa obrada por Jesús, jamás llegaron a conocerle como Rey, y no por ello dejó de anunciarles el mensaje de poder. Cuando Jesús pudo, no obligó a nadie, pero lo llevó lo más cerca posible de un encuentro personal con El, para llevarlos a tomar una decisión.
En el caso de aquella mujer que tocó el manto de Jesús y fue sanada, luego de años de gastar fortunas en médicos, Jesús se alegró y consideró necesario que esta mujer tuviera un encuentro personal con El. Jesús sabía que estaba ya sanada, pero preguntó: "¿quién me tocó?" Era necesario que esta persona llegara a encontrarse con el Señor mismo, que también descubriera al Salvador. Entonces le dijo que era sana y salva. Había siempre un PROPÓSITO primordial. El propósito de Jesús es siempre salvar y sanar. Pero esto no significa, que se hayan salvado todos los que El sanó, ni que se hayan sanado todos los que El salvó. La sanidad absoluta es una promesa para la eternidad, que Jesús compró con su sangre y particularmente con su cuerpo sobre la cruz.
Jesús puede sanar aquí y ahora, porque El lo promete, pero según su propósito, características y condiciones. El ha provisto medios para producir esa sanidad, sin desconocer que hay dolencias conocidas y hay otras que el enfermo desconoce. Hay ciertas deficiencias físicas, de las cuales seremos librados cuando dejemos este cuerpo corruptible. Por eso es importante la doctrina de la resurrección, y como vemos en 1 Corintios 15, nuestro cuerpo que es corruptible, sujeto a corrupción, tendrá total sanidad cuando en la eternidad tengamos un cuerpo incorruptible. Los enfermos que sanó Jesús, no significó que nunca más fueran a enfermar, ya que el cuerpo en esta parte de la eternidad puede volver a deteriorarse. Dialogar sobre las últimas afirmaciones y.....
Hasta el próximo encuentro.