ECLESIOLOGIA

Reflexiones.

INTRODUCCION.

MODULO I: NOCIONES INTRODUCTORIAS.

Tema 1: Noción de Misterio.

A. En el Mundo Grecorromano.

B. En el AT y en el Judaísmo.

C. En el NT.

D. En el Cristianismo.

Tema 2: El Sacramento en el Cristianismo.

A. Uso Profano.

B. Uso Cristiano Primitivo.

C. Uso Teológico.

MODULO II: EL MISTERIO TRINITARIO.

Tema 3: La Revelación de Dios como Trinidad.

A. El Padre, revelado por el Hijo.

B. El Padre y el Hijo revelados por el Espíritu Santo.

Tema 4: La Trinidad en la Doctrina de la Fe.

A. La Formación del Dogma Trinitario.

B. El Esquema Clásico.

1) Misión.

2) Procesión.

3) Relación.

4) Persona.

5) Perijóresis.

6) Propiedades Trinitarias.

7) Apropiaciones Trinitarias.

Tema 5: La Finalidad de la Economía Trinitaria.

MODULO III: EL MISTERIO DE LA IGLESIA.

Tema 6: Los Testimonios del NT.

A. La Predicación de Jesús.

B. Pentecostés.

C. El Espíritu Santo y la Iglesia.

Tema 7: Los Nombres y las Imágenes de la Iglesia.

A. Los Nombres.

B. Las Imágenes.

MODULO IV: ORIGEN, FUNDACION Y MISION DE LA IGLESIA.

Tema 8: Origen de la Iglesia.

A. Un designio nacido en el corazón del Padre.

B. La Iglesia, prefigurada desde el origen del mundo.

C. La Iglesia, preparada en la Antigua Alianza.

Tema 9: Fundación y Misión de la Iglesia.

A. La Iglesia instituida por Cristo.

B. El Reino de Dios o de los Cielos.

C. La Convocación.

D. Los Doce.

E. La Oración.

F. La Eucaristía.

G. La Misión de la Iglesia.

MODULO V: LA IGLESIA EN EL NT: s. I.

Tema 10: Pablo.

A. Concepto Paulino de Iglesia.

B. El Reino de Dios y la Iglesia.

C. Organización de las Comunidades Paulinas.

Tema 11: El Resto del NT.

A. La Iglesia en los Sinópticos.

B. Otros escritos del NT.

MODULO VI: LA IGLESIA COMO MISTERIO: s. II-III.

Tema 12: Las Imágenes.

A. Pueblo de Dios.

B. Cuerpo de Cristo.

C. Templo de Dios.

D. Comunión de los Santos.

E. Esposa de Cristo.

F. Comunidad de Pecadores.

G. Madre Nuestra.

H. Columna y Fundamento de la Verdad.

Tema 13: Símbolos y Alegorías.

A. Mysterium Lunae.

B. Nave.

C. La Barca de Pedro.

Conclusiones.

MODULO VII: LA IGLESIA COMO IMPERIO: s.IV-?

Tema 14: El Encuentro con Roma.

A. Antecedentes.

B. El choque con el Imperio.

C. La Iglesia Constantiniana.

D. Consecuencias.

Tema 15: Organización de la Iglesia.

A. División Territorial.

B. Estructura Jerárquica.

C. El Clero.

D. Los Laicos.

Tema 16: La Iglesia, los Germanos y el Mundo Medieval.

A. Los Bárbaros.

B. La Cristiandad.

C. Carlomagno.

D. Separación de la Iglesia Oriental.

E. El Sacerdocio y el Imperio.

F. La Civilización Cristiana.

G. Crisis en la Cabeza.

H. Organización de la Iglesia.

I. Conclusión.

MODULO VIII: LA IGLESIA Y LA REFORMA.

Tema 17: La Reforma Protestante.

A. Martín Lutero.

B. Otros Reformadores.

C. La Doctrina Protestante.

Tema 18: La Reforma Católica: El Concilio de Trento.

MODULO IX: IGLESIA EN LA EDAD MODERNA.

Tema 19: La Iglesia enfrentada al Nuevo Mundo.

A. Despotismo Ilustrado.

B. La Ilustración.

C. La Revolución Francesa.

D. La Revolución Económica.

E. Las Ideologías.

F. El Concilio Vaticano I.

MODULO X: EL CONCILIO VATICANO II.

Tema 20: Generalidades del Concilio.

A. Algunos Datos Históricos.

B. Los Documentos.

Tema 21: Eclesiología del Vaticano II.

A. La Iglesia es Pueblo de Dios.

B. La Iglesia es Cuerpo de Cristo.

C. La Iglesia es Templo del Espíritu Santo.

Tema 22: Las Notas Esenciales de la Iglesia.

A. La Iglesia es Una.

B. La Iglesia es Santa

C. La Iglesia es Católica.

D. La Iglesia es Apostólica

Tema 23: Los Fieles de Cristo.

A. La Jerarquía.

B. Los Laicos.

C. La Vida Consagrada.

Tema 24: La Comunión de los Santos.

A. La Comunión de los Bienes Espirituales.

B. La Comunión de la Iglesia de Dios y la de la Tierra.

Tema 25: María.

A. Madre de la Iglesia.

B. Icono Escatológico de la Iglesia.

 

INTRODUCCION.

¿Qué es la Iglesia? ¿Cuál es su finalidad? ¿De dónde proviene? ¿Ha sido, verdaderamente, fundada por Cristo? Y, si es así, ¿Cómo la ha concebido? ¿Cuál es el lugar del obispo? ¿Cuál el del laico?

La interrogación sobre Jesús y la Iglesia, sobre todo a cerca de la forma que adopta la Iglesia, en sus comienzos, en el NT, está rodeada de tal cantidad de hipótesis exegéticas, que casi pareciera no existir posibilidad de encontrar una respuesta más o menos adecuada para estas preguntas.

Podemos diferenciar tres generaciones de exegetas, y a la vez tres grandes cambios de rumbo en la historia de la exégesis de nuestro siglo:

I. La primera es la Exégesis Liberal, que ve a Jesús de acuerdo a la exégesis liberal del mundo, como el gran individuo que libera a la religión de las instituciones del culto y la reduce a la ética, la cual, a su vez, se basa totalmente en la responsabilidad individual de la conciencia.

Un Jesús semejante, que rechaza el culto, que transforma la religión en moral y declara a ésta asunto del individuo, no puede fundar evidentemente ninguna Iglesia: oponiéndose a todas las instituciones, no ha de crear él mismo otra.

II. La Segunda es la Exégesis del Culto. La Primera Guerra Mundial trajo consigo el desmoronamiento del mundo liberal y con él el alejamiento del individualismo y del moralismo.

Las grandes instituciones políticas, que habían hecho de la ciencia y de la técnica los únicos soportes del progreso de la humanidad, habían fracasado en su papel de fuerzas del orden moral. Así despertaría otra vez el anhelo de vivir en una comunidad de orden sagrado.

La Iglesia fue redescubierta también, y sobre todo, en el ámbito protestante. En la teología escandinava se desarrolló una exégesis del culto que, en estricta oposición al pensamiento liberal, ya no veía a Jesús como un crítico del culto, sino que entendía el culto como espacio vital interior de la Biblia, tanto en el AT como en el NT, y de este modo procuraba también interpretar la voluntad y el pensamiento de Jesús partiendo de la vivencia del culto divino.

En el protestantismo alemán había surgido así mismo una nueva comprensión de la Iglesia: se había tomado conciencia de que no es posible concebir al Mesías apartado de su pueblo. Con el retorno a la religión y al sacramento se descubre también el significado creador de la comunidad de la Ultima Cena de Jesús y se formuló la tesis de que el mismo Jesús, a través de la Eucaristía, fundó una nueva comunidad.

La Cena es el origen de la Iglesia y su norma permanente. Algunos teólogos rusos en el exilio francés, ampliaron esta misma idea y concibieron una eclesiología Eucarística que influyó también grandemente en el ámbito católico después del Concilio Vaticano II.

III. El Tercer Rumbo de la Exégesis toma dos caminos. Después de la II Guerra Mundial, la humanidad se dividió cada vez más en dos sectores: el de los pueblos ricos adheridos nuevamente al modelo liberal; y el bloque marxista, que a la vez se concebía a sí mismo como la voz de los pueblos pobres. Se dio una división en dos tendencias teológicas:

a) En el Occidente neoliberal apareció una variante de la antigua teología liberal en nuevas formas: la interpretación escatológica del mensaje de Jesús. Aunque ya no se considera a Jesús como puro moralista, se le concibe a la vez en contraposición al culto y a las instituciones históricas del AT. Con ello se retomaría el viejo esquema que divide al AT en sacerdotes y profetas; en culto institucional y derecho, por un lado, y profecía, carisma, libertad de expresión por otro.

En esta concepción aparecen los sacerdotes , el culto, la institución y el derecho como lo negativo que ha de ser superado, mientras que Jesús se encontraría en la línea de la profecía, perfeccionándola en oposición al sacerdocio, que les habría dado muerte tanto a él como a los antiguos profetas. Así aparece una variante del individualismo liberal: Jesús anuncia el fin de las instituciones.

Su mensaje puede ser que haya sido concebido en su época, como anuncio del fin del mundo; pero se le asimila como la superación de lo institucional por lo carismático; como el fin de lo religioso o, por lo menos, como una fe sin efecto en el mundo, que constantemente crea sus propias formas. Ya no se puede hablar de la fundación de una Iglesia: esta iría en contra de la radicalidad escatológica.

b) El confrontamiento entre sacerdotes y profetas se convierte en la clave de la lucha de clases como ley de la Historia. Jesús ha muerto en la lucha contra las fuerzas opresoras y se convierte en símbolo del proletariado que lucha y sufre, símbolo del "pueblo", como se prefiere decir.

El carácter escatológico del mensaje remite al fin de la sociedad clasista; en la dialéctica profeta-sacerdote se expresa la dialéctica de la historia que culmina con la victoria de los oprimidos y el surgimiento de una sociedad sin clases.

En esta concepción puede integrarse muy bien el hecho de que Jesús casi nunca hablara de la Iglesia, refiriéndose constantemente al Reino de Dios o de los Cielos: El Reino será entonces la sociedad sin clases y será la meta de la lucha del pueblo oprimido; se le da por hecho ahí donde le proletariado organizado, es decir, su partido, el socialismo, ha alcanzado la victoria.

Según este modelo dialéctico, a la Iglesia institucional, oficial, se le opone la Iglesia del Pueblo, la que, renaciendo constantemente de él, perpetúa las intenciones de Jesús: su lucha contra las instituciones y su poder opresor a favor de una nueva sociedad libre, El Reino.

Conclusión.

Esta vista aérea de las hipótesis exegéticas a lo largo de un siglo, nos muestra que los grandes modelos interpretativos pagan esencialmente tributo a la propia época.

Pero nuestro estudio de la eclesiología no puede reducirse solo a un siglo. Por esta razón vamos a ampliar nuestro campo visual con el objeto de profundizar en la naturaleza y esencia de la Iglesia tal y como ella se ha visto, vivido y hasta definido, desde su prefiguración, fundación y desarrollo histórico hasta nuestros días.

MODULO I. NOCIONES INTRODUCTORIAS.

Tema 1. Noción de Misterio.

A. En el Mundo Grecorromano.

La palabra "misterio" (seguramente derivada de miein) tiene un significado muy amplio en el griego del NT:

a) Designa un rito religioso oculto, en el que solo toman parte los iniciados (mistes), y por el que tratan de alcanzar la salud (no solo espiritual).

b) Desde el filósofo griego Platón, "mistérion" designa una doctrina oculta y oscura.

c) En la lengua familiar designa un secreto.

d) En la magia, una fórmula o acción mágica.

e) En la lengua de la Gnosis se trata de una revelación divina oculta.

B. En el Antiguo Testamento y en el Judaísmo.

Solo los libros más tardíos de la versión griega de los LXX contienen esta palabra con las significaciones siguientes:

a) Culto secreto (Sab.14,15-23).

b) Secreto, como en el lenguaje familiar (Tob.12,7.11).

c) La revelación de algo desconocido, como la sabiduría, es llamada misterio (Sab.6,22).

La apocalíptica judía se hizo especial eco del lenguaje mistérico: el mismo conocimiento apocalíptico judío se presenta como un misterio, es decir, una revelación sobre el origen y naturaleza del cielo y la tierra, sobre el sentido y el fin de la historia. Los misterios de Dios son profundos y solo el Hijo del Hombre los conoce y los revela (Henoc 63,2).

El misterio tiene, pues, una doble dimensión: por un lado se trata de un designio oculto, desconocido para el hombre, que solo Dios posee; pero por otro lado, es un designio que sido conocido porque Dios ha querido revelarlo, darlo a conocer, aunque el ser humano sigue sin agotar dicha revelación.

Lo conocido y revelado sigue siendo desconocido, oculto, imposible de ser agotado y abarcado por la comprensión humana.

C. El Misterio en el Nuevo Testamento.

La palabra aparece solo tres veces en los sinópticos, ninguna en Juan, 18 en Pablo y 4 en Ap.

a) Mc.4,11; Lc.12,32 y Mt12,28. La palabra misterio es utilizada en las parábolas que hablan del Reino de Dios, que es asunto reservado a Jesús, es decir, un secreto (misterio) divino; y que solo es revelado a un pequeño rebaño de fieles.

b) Las Cartas de Pablo: Misterio significa, sobre todo, un secreto divino que solo por revelación puede ser conocido.

1) El objeto principal del misterio es la economía divina de la salud, que se realizó por la muerte de Jesucristo en la cruz y su consiguiente resurrección.

2) Pablo habla del Misterio de Cristo (Col.4,3; Ef.3,4) cuyo objeto es la Persona misma de Cristo (Col.1,26-43).

3) El Misterio ocupa un puesto central en la predicación de Pablo y lo identifica con el Evangelio (Ef.6,19) que Pablo anuncia: Cristo crucificado.

D. Misterio en el Cristianismo Posterior al NT.

a) Pablo se convirtió en el primer gran teólogo cristiano sistematizador de la fe en Jesús el Cristo. Su afán misionero le impuso la necesidad de vertir el mensaje evangélico a una lengua y cultura, la griega, diferente a la que le había dado origen y que él conocía bien por su formación.

b) No es extraño, pues, que el cristianismo utilizara la palabra Misterio para referirse al acontecimiento Jesucristo: el designio oculto de Dios que se hizo carne en la historia para llevarnos a la Casa de Padre.

c) Para el Cristianismo posterior, Jesucristo será el único y el gran Misterio por el cual Dios se ha revelado a Sí Mismo dándonos a conocer quién es real y verdaderamente Dios (El Dios Amor, el Dios Trinitario); quién es el Ser Humano; y cuál es el plan que El tiene para nosotros (Iglesia).

Jesucristo es el Misterio de Dios, es decir, la Revelación de la Divinidad.

d) La reflexión cristiana usó por analogía con Jesucristo el término "Misterio" para referirse a la Iglesia (Cfr.CATIC.774.775). La iglesia es misterio, es decir, revelación, comunicación y presencia de Jesús, el cual lo es a su vez de su Padre.

Toda la Iglesia como tal es Misterio y con toda propiedad podemos hablar del Misterio de la Iglesia para referirnos a la densidad de la presencia de Jesucristo en todas sus acciones.

e) Aunque toda la vida de la Iglesia es misterio, hay, sin embargo, algunas acciones que condensan la presencia de Dios de una manera especial como el Bautismo, la Confirmación, la Comunión, la Penitencia, la Unción, el Matrimonio, el Orden Sacerdotal, etc...

Tema 2. El Sacramento en el Cristianismo.

A) En el uso profano en Roma, la palabra "sacramentum" (sacer, sacra, sacrum: sagrado; mentum: mencionar; declarar sagrado algo o alguien) se aplicaba especialmente al conjunto de ceremonias consecratorias que acompañaban al juramento prestado por los saldados romanos en su incorporación al ejército.

B) La antigua literatura latinocristiana aplicaba la palabra "sacramentum" no solo a todos los signos litúrgicos, sino a todos los hechos sacros; de ahí el empleo de la palabra, en las antiguas versiones de la Biblia, para traducir el griego "misterion".

C) De ahí que la palabra Misterio y Sacramento se refieren en primer lugar a Jesucristo, signo vivo de Dios entre nosotros; en segundo lugar, y por analogía, a la Iglesia, signo de Cristo entre nosotros; en tercer lugar al Bautismo, la Confirmación, la Comunión, la Reconciliación, la Unción, el Orden Sacerdotal y el Matrimonio; y en cuarto lugar, a todas las acciones de la vida de la Iglesia.

Cada vez más, el término sacramento en la Iglesia de occidente fue reservado para los signos sagrados instituidos por Cristo y en tanto se expresa en ellos su voluntad soberana y que hoy conocemos como los 7 Sacramentos.

La Iglesia Oriental, sin embargo, continúa llamando a estos 7 signos con el nombre de "misterios" (Cfr.CATIC.774).

MODULO II. EL MISTERIO TRINITARIO.

El Misterio de Sma. Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en Sí mismo. Es la fuente de todos los misterios de nuestra fe (analogía de la fe).

El Directorio Catequístico General nos dice que es la enseñanza más fundamental y esencial en las verdades de la fe cristiana: Toda la historia (de la salvación) no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo se revela, reconcilia consigo a los hombres , apartados por el pecado, y se une a ellos (Cfr. CATIC.234).

Tema 3. La Revelación de Dios como Trinidad.

A. El Padre, Revelado por el Hijo.

a) Muchas religiones invocaron e invocan a Dios como "Padre". En Egipto, p.e., el Faraón es el hijo de Amón Ra (El Sol). La divinidad es con frecuencia considerada "padre de los dioses y de los hombres".

b) El Israel veterotestamentario no ha escapado tampoco (no tenía por qué) a estas caracterizaciones sobre Dios. El libro del Dt.32,6 y el Profeta Malaquías (2,10), por poner solo dos ejemplos, llaman a Yahvé "Padre" en cuanto creador de l mundo, aunque a veces de manera indirecta.

Más aún, la comunidad del libro del Exodo (4,22) llama a Dios "Padre" por la Alianza y la Ley que han recibido de Yahvé. El segundo libro de Samuel (7,14) nombra a Dios como "Padre" del Rey de Israel.

El salmo 68,6 llama a Dios "Padre de los pobres, del huérfano y de la viuda", que están bajo su protección (CATIC.238).

c) El lenguaje de la fe que designa a Dios como "Padre" quiere expresar dos cosas: 1) Que Dios es origen primordial de todo y autoridad trascendente y 2) que es bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos, como lo sería cualquier padre. Isaías 66,13 ha recurrido mejor a la imagen de la madre que nunca olvida a su hijo para expresar la intimidad entre Dios y su criatura.

d) Ese recurso de Isaías (66,13; Sal.131,2) nos lleva a recordar que Dios trasciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni es mujer. Es Dios. Trasciende también la paternidad y la maternidad humanas, aunque sea su origen y medida: nadie es Padre como lo es Dios (Cfr.CATIC 239).

e) ¿Cuál es entonces la novedad de Jesucristo al llamar a Dios "Padre"?. Jesús deja el "Elohim"(mi Señor)-"Yahvé" hebreos y en su lugar llama a Dios "ABBA" (MI PAPI, MI PAPACITO...). Jesús revela que Dios es Padre en un sentido nuevo: no lo es solo en cuanto creador, es eternamente Padre en cuanto a su Hijo Unico, que recíprocamente solo es Hijo en relación a su Padre: "Nadie conoce al Hijo sino el Padre , ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera v¿revelar" (Mt.11,27).

El Hijo es el Verbo que estaba en el principio junto a Dios y que se ha hecho carne, como anota Jn.1,1ss. Los testimonios evangélicos sobre la filiación divina de Jesús respecto a Dios abundan, lo mismo que los que hablan sobre la paternidad de Dios sobre Jesús.

Siguiendo la tradición apostólica, la Iglesia confesó en el año 325, en el Primer Concilio Ecuménico de Nicea que el Hijo Jesús es "consustancial" (de la misma esencia, de la misma sustancia) que el Padre; es decir, un solo Dios con él (vs Arrio).

El Primer Concilio de Constantinopla del año 381 (vs Subordinacionistas y Modalistas) confesó al "Hijo único de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consustancial al Padre" (DS 150).

Estos dos Concilios dieron origen al Credo Niceno-Constantinopolitano, símbolo de la fe cristiana que hoy seguimos proclamando (Cfr.CATIC.242).

B. El Padre y el Hijo revelados por el Espíritu Santo.

Antes de su Pascua, Jesús anuncia el envío de "otro Paráclito" (Defensor), según la expresión de Jn.14,16, que es llamado "Espíritu Santo". Este, que actuó ya en la creación (Gn.1,2) y por los profetas (Credo nicenoconstantinopolitano), estará ahora junto a los discípulos y en ellos (Jn.14,17) con la finalidad de enseñarles (Jn.14,16) y conducirlos a la verdad completa (Jn.16,13).

El Espíritu Santo, que ya actuaba, es revelado como otra Persona Divina en relación a Jesús y al Padre de éste (CATIC.243). El envío de la Persona del Espíritu Santo tras la glorificación de Jesús (Jn.7,39), revela en plenitud el misterio de la Trinidad Divina.

Es el Primer Concilio Ecuménico de Cosntantinopla del año 381 el que confiesa la fe apostólica sobre el Espíritu Santo: "Creemos en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, que procede del Padre" (DS 150). La Iglesia reconoce así al Padre como la fuente y origen de toda la divinidad (Concilio de Toledo VI, año 638, DS 490).

Sin embargo, el origen eterno del Espíritu Santo está en conexión con el del Hijo: "El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Trinidad, es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo, de la misma sustancia y de la misma naturaleza. Por eso no se dice que es solo el Espíritu del Padre, sino a la vez, el Espíritu del Padre y del Hijo" (Concilio de Toledo XI, año 675. DS 527; CATIC 245).

Tema 4. La Trinidad en la Doctrina de la Iglesia.

A. La Formación del Dogma Trinitario.

Poco a poco la fe en el Dios Trino fue arraigando entre los cristianos, que seguramente reaccionaron con incredulidad al principio. La fórmula trinitaria apareció en el bautismo (Mt.28,19), en la catequesis, en la oración. La Iglesia va profundizando la fe Trinitaria al paso de los siglos primeros del cristianismno en diferentes Concilios.

El recurso es la filosofía grecolatina que proporcionó unos conceptos a los cuales la Iglesia da una nueva dimensión en su significado: sustancia, persona, hipóstasis relación, procesión, perijóreis, misión, etc...

La palabra SUSTANCIA ( a veces ESENCIA o NATURALEZA) significa el ser divino en su unidad. El término latino PERSONA o el griego HIPOSTASIS (sujeto de operaciones) designa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en su distinción real.

B. El Esquema Clásico.

Santo Tomás de Aquino formuló el esquema clásico que intenta exponer el Dogma Trinitario: partiendo de las procesiones divinas (El Hijo procede del Padre; El Espíritu procede del Padre y del Hijo) llega a las misiones (la Encarnación del Hijo en la Plenitud de los Tiempos; la Consolación, guía y defensoría del Espíritu en los tiempos de la Iglesia).

Hoy se impone, sin embargo, el esquema contrario como más conforme con la experiencia y con el testimonio bíblico: las misiones nos permiten remontarnos a las procesiones de las personas divinas.

a) La Misión. Es el punto de partida para nuestro conocimiento y comprensión (?) del Misterio Trinitario. La misión de Jesús y del Espíritu Santo incluye dos ideas: 1) La Primera es que la misión tiene como fin la presencia del Hijo de Dios y del Espíritu Santo en la Historia. Es El, Jesús el Cristo, el que nos ha revelado al Padre y nos ha enviado al Espíritu Santo. Se trata, inclusive, de un nuevo modo de ser, libre y personal, del mismo Dios; 2) La Segunda es que la misión tiene como presupuesto y origen la dependencia eterna del Hijo con respecto al Padre; y la dependencia eterna del Espíritu Santo con respecto al Padre y al Hijo. El envío en el tiempo presupone la procesión eterna, pero le añade un nuevo modo de presencia en el mundo.

b) Procesión. La obra (misión) que el Hijo realizó con sus dichos y hechos, y la presencia del Espíritu Santo a la retirada de Jesús nos llevan a hablar, en ese mismo orden, de las procesiones divinas. La procesión implica que el Hijo se originó en el Padre, el cual le encomendó su misión. Implica también que el Espíritu se origina del Padre y del Hijo en un modo dado por el Padre, origen y fuente de toda la vida divina. Es el Padre el que envía al Espíritu a petición del Hijo para cumplir su misión.

Podemos entender mejor la procesión teniendo en cuenta que se pueden distinguir dos clases de la misma: 1) Processio ad extra, en la que el procedente sale de su origen, al modo como las creaturas salen del Creador; 2) Processio ad intra: en la que el procedente permanece dentro de su origen, al modo como las ideas salen de la mente humana. Este es el modo como el Hijo procede del Padre y como el Espíritu Santo procede del Padre y de Hijo.

Para comprender las procesiones divinas ad intra solo tenemos el recurso de la analogía con el espíritu humano, es decir, las actividades del conocer y del amar.

La explicación siguiente pertenece a San Agustín:

1) La Procesión del Hijo.

Por la revelación sabemos que Hijo se llama Verbo (Cfr. el Prólogo del Evangelio de San Juan). Luego, se puede comprender la procesión (origenización) del Hijo como generación (engendrar) intelectual, del pensamiento, en cuanto que se origina por una actividad vital, por la que aquel que procede (Verbo) es llamado Hijo con toda propiedad.

Como el entendimiento humano actúa engendrando (pensando) un concepto (conceptus) o verbo mental que se expresa en una palabra, así en Dios la generación tiene lugar por vía intelectual y el engendrado es llamado Verbo, el cual se encarnó y puso su morada entre nosotros (Jn.1,14).

Dios Padre solo ha pronunciado una palabra, la cual ha pensado desde toda la eternidad, y por lo tanto existe de la misma manera que su origen. Esta Palabra (Verbo) agota el lenguaje y la comunicación de Dios Padre, que ya no tiene necesidad de engendrar otros verbos. Jesús se presentó como el Verbo, la Palabra del Dios Padre en medio de la historia.

2) La Procesión del Espíritu Santo.

Para la segunda procesión divina, se advierte que es distinta y sigue a la primera, lo mismo que la actividad volitiva es distinta y sigue a la intelectiva en el ser humano. Primero conocemos (inteligencia) y luego decidimos (voluntad). Conocer y amar son distintos; pero se ama lo que se conoce previamente.

De manera análoga, lo que se origina en Dios por vía volitiva no podría ser engendrado, es decir, Verbo, Concepto, Hijo; sino más bien, debía ser un impulso, un movimiento, una comunicación, una decisión, una fuerza que hace obrar y que los hebreos llamaron "ruah" (viento, hálito, aliento, suspiro, respiro, aspiración), los griegos "pneuma", los latinos "spíritus" y los Cristianos "Espíritu Santo" (Kadosh), es decir, impulso que se origina en Dios: AMOR.

c) Relación. La aparición (misión) de los Dos Enviados Divinos nos permitió hablar de sus respectivas procesiones del Padre. Ahora nos acercamos a la manera como se relacionan las Tres Personas Divinas.

Toda relación implica tres elementos indispensables: 1) El Sujeto (términus a quo): El Padre; 2) El Término (términus ad quem): El Hijo; 3) El Fundamento de la relación: El Amor, El Espíritu.

Tenemos dos procesiones divinas: la generación del Verbo y la espiración del Espíritu Santo. De aquí resultan cuatro relaciones: a) La relación del Padre y del Hijo que se llama Generación Activa o Paternidad; b) La relación del Hijo con el Padre que se llama Generación Pasiva o Filiación; c) La relación del Padre y del Hijo con el Espíritu Santo que se llama Inspiración Activa; d) La relación del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo que se llama Inspiración Pasiva.

Estas relaciones son reales, pues de lo contrario tendríamos un Trinidad imaginaria, contrario a los testimonios bíblicos de la diferentes fuentes (Cfr.Fides Damasi DS 71; Conc. de Toledo XI, año 675, DS 530; Conc. de Letrán IV, año 1215, DS 330).

Tres de estas cuatro relaciones son realmente distintas entre sí: la Paternidad, la Filiación y la Inspiración Pasiva. La inspiración activa, en cambio, se identifica con la paternidad y la filiación y compete al Padre y al Hijo en común.

San Agustín recoge la visión patrística y entiende la Paternidad, la Filiación y la Inspiración Pasiva como realidades relacionales, de modo que las diferencias en Dios no se refieren a al esencia, sino a las relaciones intradivinas (Cfr.De Trinitate V,6).

d) Persona. Se entiende por Persona (Hipóstasis) en el sentido patrístico y escolástico, el sujeto último de todo ser (o existir) y de todo actuar. Si cada una de las relaciones antes descritas es distinta de las otras, se sigue que debe haber un sujeto, un soporte (hipóstasis) de cada una de las relaciones, exceptuando la inspiración activa. A este sujeto o soporte de cada una de las relaciones Trinitarias lo llamamos Persona o, con más propiedad, Hipóstasis.

Hay que hacer notar que el concepto de persona humana no es aplicable de manera unívoca a Dios. La persona divina no lo es a la manera de la persona humana (Cfr. Boecio: Persona: sustancia individua de naturaleza racional).

e) Perijóresis. Es la inhabitación plena y total de una Persona Divina en las otras dos sin confundirse con ellas. La Trinidad no destruye la unidad divina. Las tres hipóstasis (personas) están interpenetradas profundamente. Se relacionan siempre entre sí: "El Padre y Yo somos uno" (Jn.10,30). Hilario de Poitiers expresa así la relación entre el Padre y el Hijo: "Cada cual, del otro, y no ambos uno; sino el uno en el otro, porque no hay alguna otra cosa en ambos".

La Perijóresis nos permite escapar a dos doctrinas heréticas, que tuvieron su auge en los primeros siglos del cristianismo. Al Modalismo, según el cual existe un sol Dios que aparece de tres modos distintos, pero no personales. Al Politeísmo, según el cual la Trinidad estaría conformada por tres dioses distintos.

Las Personas como tales no se mezclan, cada hipóstasis es singular, única; pero tampoco se aíslan ni se separan.

La Perijóresis nos permite comprender que tanto en sí mismo como en la historia (de la Salvación), Dios es unidad y comunión y llama al hombre, y por tanto al universo, a la comunión y a la unidad con él. El Dios Persona es el origen y la meta de toda persona humana. El Misterio Trinitario es el fundamento y el sentido último del misterio de la persona humana en comunidad.

e) Las Propiedades Trinitarias. La unidad de las Personas Divinas que se expresa por la Perijóresis, no reduce en un sistema modalista a las personas divinas. Ellas son realmente distintas. Las Personas Divinas difieren por las propiedades que las distinguen: la Paternidad del Padre; La Filiación del Hijo y la Inspiración Pasiva del Espíritu Santo.

f) Las Apropiaciones Trinitarias. De las propiedades surgen las Apropiaciones que son la atribución o designación de aquellas propiedades que convienen a las Tres Personas en razón de la esencia común, pero que se adjudican (atribuyen, apropian) a una de ellas por convenir con sus propiedades: así se atribuye al Padre el Poder, al Hijo la Sabiduría y al Espíritu Santo el Amor.

Tema 5. La Finalidad de la Economía Trinitaria.

Dios es Amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios quiere comunicar libremente la gloria de su vida bienaventurada. Nos ha predestinado a la adopción filial en él (Ef.1,9). Este designio es una gracia dada antes de todos los siglos (2Tin.1,9-10), nacido inmediatamente del amor Trinitario. Se despliega en la obra de la creación, en toda la historia de la salvación, en las misiones del Hijo y del Espíritu Santo, cuya prolongación es la misión de la Iglesia (CATIC 257).

Toda la Economía Divina es obra de las Tres Personas Divinas. Porque la Trinidad, del mismo modo que tiene una sola y misma naturaleza, así también tiene una sola y misma operación (Cfr.Conc. de Constantinopla II, año 553, DS 421; CATIC 260).

Toda la economía divina, obra a la vez común y personal, da a conocer las propiedades de las Personas Divinas y su naturaleza única. Así, toda la vida cristiana es comunión con cada una de las Personas Divinas, sin separarlas de ningún modo (CATIC 259).

El fin último de toda la economía divina es la entrada de todas la criaturas en la unidad perfecta de la Bienaventurada Trinidad. Pero desde ahora somos llamados a ser habitados por la Santísima Trinidad: "Si alguno me ama -dice el Seeñor-, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él" (Jn.14,23).

MODULO III. EL MISTERIO DE LA IGLESIA.

La comprensión del Misterio de la Iglesia depende enteramente del Misterio de la Trinidad. Si nuestra comprensión y vivencia de Dios es reduccionista (la gravedad es que podemos decir que no, pero vivimos que sí), nuestra visión de la Iglesia también lo será y la culpa no será de Dios.

Tema 6. Los Testimonios del Nuevo Testamento.

A. La Predicación de Jesús: "El Reino de Dios está cerca".

Mc.1,15 narra en los siguientes términos el inicio de la predicación pública de Jesús: "Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea, y proclamaba la Buena Nueva de Dios (Euanggelion tou Theou): el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca, conviértanse y crean en la Buena Nueva" (CATIC 541).

En el Nuevo Testamento la palabra "Basileia-Reino" se puede traducir de tres maneras: a) Realeza: nombre abstracto; b) Reino: persona, hombre o mujer concreto; c) Reinado: acción de reinar. Con Jesús, el Reino de Dios, en todas sus acepciones, está ante nosotros (CATIC 2816).

LG 3 nos dice que "para hacer la voluntad del Padre, Cristo inuauguró (no terminó -este paréntesis es mío) en la tierra (no en el cielo) el Reino de Dios o de los Cielos". Más adelante, en el n.2 la misma LG dice que la voluntad del Padre "es elevar a los hombres (a todos, no solo a los católicos romanos) a la participación de la Vida Divina Trinitaria".

El Padre realiza su designio amoroso de unirnos a Dios, convocando y reuniendo a los hombres y mujeres (a todos y a todas) en torno a su Hijo Jesucristo. A esta convocación los cristianos la llamamos Iglesia, que es, sobre la tierra, "germen y comienzo" del Reino de Dios inaugurado por Jesús (LG 5).

Esta reunión (Iglesia) en torno a Jesús el Cristo no se identifica con el Reino de Dios, el cual es una realidad mucho más amplia. La Iglesia (reunión de personas) en torno a Jesús es solo "germen y comienzo" del Reino, como expresamente afirma, a LG 5.

Jesucristo es el corazón mismo de esta reunión de personas humanas como "familia de Dios". Las convoca en torno a él por su palabra, por sus señales (milagros) que manifiestan el Reino de Dios, por el envío de sus Discípulos, etc...

Sobre todo, El realiza la venida de su Reino por medio del gran misterio de su Pascua: su muerte en la cruz y su resurrección: "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn12,32). A esta unión con Cristo están llamados todos los hombres (CATIC 542). Esto significa que la Iglesia es proyecto, tarea por realizar, y no trabajo concluido.

Jesús inauguró ya el Reino de Dios y lo hace presente con toda su vida. Pero el Reino aún hoy es proyecto, vocación y llamado. El mismo se encargó de concretar tal Reino y de crear un germen (Iglesia) que lo alimentara, guiado por el Espíritu Santo que él envió desde el Padre.

B. Pentecostés.

Cuando ha llegado la hora de su regreso al Padre, Jesús promete la venida del Espíritu Santo, el cual tendrá como misión lo siguiente: a) Permanecer con nosotros para siempre; b) Recordarnos lo que Jesús nos ha enseñado; c) Testimoniar al mismo Jesús; d) Conducirnos a la verdad plena; e) Glorificar a Jesucristo; f) Poner en evidencia el pecado del mundo (CATIC 729).

La comunidad cristiana primitiva reconoció en el acontecimiento Pentecostés (Hech. 2,7-11) la consumación de la efusión del Espíritu Santo y, por tanto, el cumplimiento de la promesa hecha por el Resucitado (Cfr.Jn ).

El día de Pentecostés se revela plenamente la Santísima Trinidad. Desde ese día, el Reino anunciado por Cristo está abierto a todos los que creen en él: en la humildad de la carne y en la fe, participan ya de la comunión y amor de la Santísima Trinidad.

Con su venida, que no cesa, el Espíritu Santo hace entrar al mundo en "los últimos tiempos", el tiempo de la Iglesia, el tiempo del Reino ya heredado, pero todavía no consumado (CATIC 732).

Lucas ha construido un cuadro catequético excelente en el capítulo 10 del Libro de los Hechos de los Apóstoles para abrir la acción de Dios también a los no judíos, pues Dios no es propiedad privada de ningún pueblo o persona, ni está circunscrito a una u otra confesión religiosa, sino que su Reino se hace presente donde la vida se disfruta con amor. Después de la lección que ha recibido, Pedro exclama: "Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de Personas, sino que en cualquier nación el que le teme y predica la justicia le es grato (Hech.10,34-35).

El Espíritu Santo que hemos recibido nos da las primicias de nuestra herencia: la Vida misma de la Santísima Trinidad que es amor "como él (Dios en Jesús por el Espíritu Santo) nos ha amado" (IJn.4,11-12) (CATIC 735).

C. El Espíritu Santo y la Iglesia.

La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, fermento del Reino, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia desde ahora los fieles de Cristo en su Comunión con el Padre en el Espíritu Santo (CATIC 737).

El Catecismo de la Iglesia Católica, a este respecto, nos dice que "la misión de la Iglesia no se añade a la de Cristo y del Espíritu Santo, sino que es su sacramento, su signo, su concresión espacio-temporal: con todo sus ser y en todos sus miembros ha sido enviada para anunciar y dar testimonio, para actualizar y extender el Misterio de la Comunión de la Santísima Trinidad" (n.738).

Tema 7. Los Nombres y las Imágenes de la Iglesia.

A. Los Nombres.

La palabra Iglesia se deriva del latín "ecclesia", traducción del griego "ekklesía".

a) Ekklesía. En el griego profano, esta palabra designaba la junta del pueblo, la asamblea de personas celebrada en Atenas y en la mayoría de las ciudades griegas (Cfr.Hech.19,32.39ss). El heraldo convocaba a junta o asamblea (ekklesía; ekkalein: evocar, convocar, llamar fuera) para comunicar alguna buena noticia (euanggelio) del Soberano (tou basileou).

b) En el griego extrabíblico o precristiano no tiene sentido alguno específicamente religioso.

c) En la versión griega de los LXX, aparte de algunas expresiones, "ekklesía", juntamente con "sinagoga", es la correspondencia griega del hebreo "qahal", que es la congregación del pueblo de Israel, sobre todo en cuanto comunidad religiosa con fines cultuales para escuchar a Dios.

En este sentido se encuentra "ekklesia" en el NT dos veces en Mt, 23 en Actos, 65 en Pablo, 1 en Santiago, 3 en 3Jn., y 20 en Ap. A excepción de Pablo y algunos lugares de Actos, la palabra se refiere siempre a Iglesia locales.

Dándose a sí misma el nombre de "Iglesia" (ekklesía, sinagoga, qahal) la primera comunidad de los que creían en Cristo se reconoce heredera de aquella asamblea del Antiguo Testamento abriéndose, sin embargo, absolutamente a todos los pueblos y razas (CATIC 751).

d) El grupo verbal germánico "kirche", inglés "church", holandés "kerk" procede del griego tardío "kiri-(a)-kon" que significa "la casa que pertenece al Señor".

B. Las Imágenes de la Iglesia.

En la Sagrada Escritura encontramos muchas imágenes relacionadas entre sí, mediante las cuales la revelación habla del Misterio inagotable de la Iglesia. Las imágenes tomadas del AT constituyen variaciones de una idea de fondo, la de "Pueblo de Dios". En el NT (Ef.1,22; Col.1,18) todas estas imágenes adquieren un nuevo centro por el hecho de que Cristo viene a ser la "Cabeza" de este Pueblo, el cual es, desde entonces, su Cuerpo.

a) La Iglesia es el Redil o rebaño de Dio del cual Jesucristo es el Buen Pastor (Jn.10,11-15; 1Pe.5,4).

b) La Iglesia es labranza o Campo de Dios (1Cor.3,9). El labrador es Dios por Jesucristo en el Espíritu (Mt.21,33-43 y par.).

c) La Iglesia es Construcción de Dios (1Cor.3,9), la Casa (1Tim.3,15) en la que habita su familia, que es Templo Santo.

d) La Iglesia es la Jerusalén de arriba, la Esposa Inmaculada del Cordero Inmaculado (Ap.19,7; 21,2.9; 22,17).

MODULO IV. ORIGEN, FUNDACION Y MISION DE LA IGLESIA.

Ya hemos visto que para penetrar en el Misterio de la Iglesia, conviene primero contemplar su origen dentro del designio de la Santísima Trinidad y su realización progresiva en la historia.

Tema 8. Origen de la Iglesia.

A. Un Designio nacido en el Corazón del Padre (Cfr.CATIC 759).

El Concilio Vaticano II tuvo el gran mérito de ubicar a la Iglesia en aquella intuición de los primeros cristianos, testimoniada por los Santos Padres: "El Padre Eterno creó el mundo por un decisión totalmente libre y misteriosa de su sabiduría y bondad. Decidió elevar a los hombres a la participación de la vida divina". Dispuso convocar a los creyentes en Cristo en la Santa Iglesia.

Esta Familia de Dios (Convocación, Iglesia) se constituye y se realiza gradualmente a lo largo de las etapas de la historia humana, según las disposiciones del Padre: en efecto, la Iglesia "ha sido prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza; se constituyó en los últimos tiempos, se manifestó por la efusión del Espíritu Santo y llegará gloriosamente a su plenitud al final de los tiempos" (LG. 2).

B. La Iglesia prefigurada desde el origen del Mundo (CATIC 760).

Muchos de los escritos apostólicos y patrísticos (El Pastor de Hermas, San Justino, San Agustín, etc...) vieron y vivieron la dimensión cósmica de la obra de Jesús, el Hijo de Dios y, por lo tanto, de la Iglesia.

San Justino, por ejemplo, decía que "el mundo fue creado en orden a la Iglesia" (Apología 2,7). Dios creó el mundo en orden a la comunión con su vida divina trinitaria, comunión que se realiza mediante la convocación de los hombres en Cristo, y a esta convocación cósmica y ontológicamente ya realizada, la llamamos Iglesia. San Epifanio afirmaba que la Iglesia es la finalidad de todas las cosas.

C. La Iglesia preparada en la Antigua Alianza (CATIC 761-762).

a) La reunión del Pueblo de Dios comienza en el instante en que es destruida la comunión de los hombres con Dios y la de los hombres entre sí (Cfr.Gn 3). Esta reunificación (Iglesia) se realiza secretamente en el seno de todos los pueblos. Lucas ha puesto en boca de Pedro aquella exclamación de los primeros cristianos: "En cualquier nación el que teme a Dios y practica la justicia le es grato" (Hech.10,35).

b) La preparación lejana de la reunión del Pueblo de Dios comienza con la vocación de Abraham, a quien Dios promete que llegará a ser padre de un gran pueblo (Gn. 12,2; 15,5-6).

c) La preparación inmediata comienza con la elección de Israel como Pueblo de Dios (Ex.19,5-6; Dt.7,6). Por su elección, Israel debe ser el signo de la reunión futura de todas las naciones (Is.2,2-5; Mt.4,1-4).

d) Pero ya los Profetas acusan a Israel de haber roto la Alianza y haberse comportado como una prostituta (Os 1; Is.1,2-4) y anuncia una Alianza Nueva y Eterna (Jr.31,31-34; Is.55,3) que Jesús instituyó (Cfr. los relatos de la Institución de la Eucaristía en los texto de NT).

Tema 9. Fundación y Misión de la Iglesia,

A. La Iglesia instituida por Jesucristo.

La convocación (Iglesia) que Dios Padre, por Cristo en el Espíritu, ha realizado desde todos los siglos tiene su máxima concresión histórico salvífica en la Encarnación de la misma Palabra de Dios que se humaniza en la Persona de Jesús. Dios ha dejado de mandar mensajes y ha decidió hacerse personalmente presente. Es el último grito de la convocación eclesial.

El Hijo de Dios tiene una misión: unir a los seres humanos, hombres y mujeres, de una vez y para siempre con Dios. "Los Evangelios no informan de palabras dirigidas a los oyentes anunciando la fundación de una nueva institución. Sin embargo, en estos escritos es claro que Jesús, mediante su predicación y su actividad, puso los fundamentos para la aparición de una Iglesia (comunidad, convocación) pospascual.

No una frase o un discurso, sino todo el acontecer de la vida de cristo, su persona misma, es el indiscutible fundamento de la Iglesia.

Aunque toda la vida de cristo es fundante y originante en relación a la Iglesia, los testimonios bíblicos que han llegado a nosotros permiten detectar un hilo conductor en el proceso que siguieron los acontecimientos históricos que dieron como resultado la concresión de esa comunidad cristiana, seguidora de Cristo.

Los teólogos no se ponen de acuerdo en los detalles aunque todos están de acuerdo en las líneas generales, enfatizando las que parecen más concluyentes. Enumeraremos algunas de estas acciones fundantes de Jesús sobre la Iglesia.

1) El reino de Dios.

Está fuera de toda duda, históricamente hablando, que Jesús inició su trabajo misional con una frase explosiva: "El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviértanse (metanoia) y crean en la Buena Nueva" (Mc. 1,14-15; Mt. 4,12-17; Lc. 4,14-15).

El objeto de la misión-predicación de Jesús es el reino de Dios o de los cielos. La expresión "Reino de Dios" aparece en 122 pasajes del NT; 99 de estos se encuentran en los evangelios, y de estos, 90 son directamente palabras de Jesús.

Cuando Loisy descubrió este dato dijo: "Jesús predicó el Reino; y lo que nació fue la Iglesia". Aunque algunos teólogos quisieron ver una contraposición entre Reino de los Cielos e Iglesia, tal cosa no existe. Como si Cristo hubiera querido el primero y no la segunda.

Los que creyeron en aquella predicación de Jesús lo siguieron y formaron una pequeña comunidad a la que cada día se añadía algunos otros. El Reino de Dios se manifiesta a las personas en las palabras, en las obras y en la presencia de Jesús (LG 3). El mismo Jesús es ya la presencia del reino de Dios anunciado por lo profetas: "Si yo expulso los demonios con el poder de Dios, es que el Reino de Dios a llegado ya a ustedes" (Lc. 11,20; Mt. 12,28). Acoger la palabra de Jesús es acoger el Reino (Lc. 12,32).

Para Mateo, Jesús encarna aquellos rasgos que el profeta Isaías (26,19) había anunciado para la época mesiánica de la llegada del Reino de Dios. "Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: ¿Eres tú el que a de venir, o debemos esperar a otro? Jesús les respondió: vayan y díganle a Juan lo que oyen y ven: Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; y dichoso aquel que no halle escándalo en mí" (Mt. 11,2-6).

Con esta alusión a los oráculos de Isaías, Jesús muestra a Juan que sus obras inauguran ciertamente la era mesiánica, pero con maneras de bondad y salvación, no de violencia y castigo.

2) Ecclesia.

Los que creyeron en aquella predicación inicial y en la que les sucedió, formaron un pequeño grupo (convocación, iglesia) al que cada día se añadían más personas. Esta comunidad, a la que llamamos Iglesia, es germen y comienzo del Reino de Dios en la tierra. "Mientras va creciendo poco a poco, anhela la plena realización del Reino y espera y desea con todas sus fuerzas reunirse con su Rey en la Gloria" -(LG 5).

"El reinado de Dios, objeto central del mensaje de Jesús, siguió siéndolo también en la predicación de los apóstoles, si bien con otras fórmulas. En ambas proclamaciones, tal como podemos ver las cosas hoy, no es posible ni la identificación ni la disociación entre la Iglesia y el Reino de Dios.

La Iglesia no es el Reino, pero su finalidad es estar al servicio de éste. Pretende ser el ámbito donde Jesús sea relamente Señor y, en consecuencia, ser ella germen y principio de esa amplia realidad futura y presente a la vez que es el reino".

La Iglesia cristiana no agota el Reino y menos la eclesialidad de la convocatoria de Dios en Jesús por el Espíritu que tiene como objeto la vida misma, exista donde exista.

3) Los Doce.

Aquella comunidad que se reunió por la predicación del Reino en torno a Jesús no es un grupo amorfo. En su centro se encuentra el núcleo de los Doce, al que se agrega, según Lucas (10,1-20), el círculo de los 72 discípulos.

Marcos nos describe la finalidad de los Doce: "Instituyó Doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar a los demonios (3, 13-15). Puso a Pedro a la cabeza del grupo de los Doce.

4) La Oración.

Jesús ha enseñado a sus discípulos una novedosa y escandalosa manera de llamar a Dios: "Padre nuestro..." (Mt. 6, 9ss). "Las oraciones propias son para quienes conforman un grupo religioso; la característica de ser una comunidad".

5) El Bautismo.

El mismo Jesús ha sido bautizado, sellado por el Padre y el Espíritu en la misión que va realizar. De este bautismo y esta misión participan los que pertenecen a esa comunidad que le sigue.

6) La Eucaristía.

"En la noche antes de su pasión, Jesús da otro paso decisivo: transforma la Pascua de Israel en un culto totalmente nuevo, el cual lógicamente les apartaría de la comunidad del Templo y fundaría definitivamente un pueblo de la Nueva Alianza... Las palabras de la Ultima Cena remiten al Sinaí y a la Nueva Alianza anunciada por Jeremías... Así como el antiguo Israel veneraba en el Templo a su centro y garantía de su unidad, y realizaba vitalmente esta unidad en la fiesta de Pascua común, así esta nueva comida será el nexo que una a un nuevo pueblo de Dios".

Según Ratzinger, "la institución de la Sagrada Eucaristía en la noche antes de la pasión no puede verse como un acto de culto cualquiera y más o menos aislado. Esta acto es la Alianza, y como Alianza es la fundación concreta del nuevo pueblo, que se vuelve pueblo a través de la Alianza con Dios".

7) Conclusión.

Con todos estos actos Cristo prepara y edifica su Iglesia. Pero la Iglesia ha nacido principalmente del don total de Jesucristo por nosotros, anticipado en la Institución de la Eucaristía y realizado en la Cruz (CATIC 765-766).

"Respecto a la forma concreta que ha de tener la Iglesia, es ilusorio querer deducir del mensaje de Jesús una constitución u ordenamiento concreto de la misma que sea ya cerrado y definitivo, pero sí que el NT contiene elementos en que la naciente comunidad reconoce factores primerísimos de su ordenación.

Ningún indicio nos permite pensar que las antiguas Iglesias supiesen nada acerca de un tipo determinado de organización comunitaria que se pudiese atribuir a afirmaciones o normas procedentes de Jesús".

B. La Misión de la Iglesia (CATIC 767).

"Cuando el Hijo termino la obra que el Padre le encargo realizar en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificara contianuamente la Iglesia" (LG. 4). Es entonces cuando la Iglesia se manifiesto públicamente ante la multitud; se inició la difusión del Evangelio entre los pueblos mediante la predicación (AG. 4).

Como ella es convocatoria de salvación para todos los hombres, la Iglesia es por su misma naturaleza, misionera enviada por Cristo a todas las naciones para hacer de ellas discípulos suyos (Mt. 28,19-20; AG. 5-6).

La Iglesia recibe la misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Dios. Ella constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra (LG. 5).

MODULO V. LA IGLESIA EN EL NUEVO TESTAMENTO..

Tema 10. La Iglesia en San Pablo.

A. El Concepto Paulino de Iglesia.

En armonía con su idea universal del cristianismo, la Iglesia es, en Pablo, una realidad que subsiste en el orden de este mundo, pero que por su esencia más profunda pertenece ya a la vida futura.

La Iglesia es la sociedad terrena de Cristo glorificado en el cielo; cuenta con la asistencia de su Espíritu y es el comienzo y, en cierto sentido, la anticipación de la nueva vida. Ya ahora posee la Iglesia los bienes venideros de la salud (la justificación, la resurrección y la unión con Cristo), pero no de modo perfecto.

La Iglesia participa de la maravillosa a la vez que dolorosa unión de poder divino y caducidad humana, característica de la existecia cristiana, y a pesar de hallarse "en muchas tribulaciones", está llena del "gozo del Espíritu Santo" (1Tes.1,6).

El hombre se incorpora a esta Iglesia de Dios por la fe en Cristo y por el bautismo, pero a este acto del hombre precede la elección eterna y gratuita y el llamamiento eficaz de Dios (2Tes.2,13ss; Rm.8,28ss; 9,10-16; 10,5ss). El hombre se hace miembro de la Iglesia por la gracia de Dios y por un acto libre de su voluntad humana: la religión no está ya condicionada por factores nacionalistas u otros cualesquiera, puramente humanos (Gal.3,28; Col.3,11) La Iglesia es realmente universal.

Ella supera también la gran contraposición religiosa que, desde el punto de vista judío, había dominado hasta entonces el mundo: la oposición entre el pueblo elegido y los gentiles pecadores (Gal.2,15).

En principio, sin embargo, a Pablo no le cabe la menor duda sobre la perfecta igualdad de ambos grupos dentro de la Iglesia (Rm.1,16; 2,9ss;3,9; 10,12; 1Cor.1,24; 12,13; Ef.2,11-22; 3,6).

La Iglesia es el verdadero Israel de Dios (Gal 6,16; RM.9,6), el Israel espiritual (1Cor.10,1), el pueblo de los espiritualmente circuncisos (Fl.3,3), la descendencia de Abraham (Gal.3,29).

B. El Reino de Dios y la Iglesia.

Pablo habla mucho menos del Reino de Dios que de la Iglesia; el Reino de Dios es para él una realidad preferentemente trascendente. En su sentido primitivo, este teolegúmeno significa en Pablo un estado que se inicia en la vuelta de Cristo y tiene carácter supraterreno.

C. Organización de las Comunidades Paulinas.

La organización de las iglesia paulinas empieza a dibujarse ya en las grandes epístolas, aunque, como es natural, todavía se movía en un estadio absolutamente inicial. El elemento carismático que aparece tan destacadamente en primer plano, está sometido a la vigilancia de los Apóstoles (1Cor.12-14).

También en otras partes alude Pablo a autoridades objetivas, p.e., a la costumbre de las Iglesias de Dios (1Cor.11,16), a las Palabras del Señor (1Cor.7,10.25; 9,14).

El Apóstol ejerce la autoridad suprema en las iglesias fundadas por él; junto a él, los carismáticos: "apóstoles, evangelistas y profetas" (1Cor.12,38; Ef.4,11) tienen también cierta autoridad no limitada a la Iglesia local.

Tema 11. La Iglesia en los Escritos Restante del NT.

A. La Iglesia en los Sinópticos.

El término "ekklesía" solo se encuentra, en los evangelios, en Mt.16,18 y 18,17; pero, de hecho, los sinópticos ofrecen los pasajes más importantes, pues ellos tratan de la fundación de la Iglesia por Jesús. Esta comunidad se constituye, sobre todo, por la fe en Jesús mismo, por la profesión de fe y seguimiento de Jesús hasta la muerte (Mc.8,34-38; Mt.10,26-39).

La Ley Fundamental de esta sociedad fundada por Jesús es el amor al prójimo. Símbolo de su unidad y de su fe son el bautismo (Mt.28,19) y la Eucaristía.

El Jesús de los sinópticos presenta a la Iglesia bajo la imagen de un rebaño (Lc.12,32). Jesús se presenta a Sí mismo bajo la imagen de Pastor (Jn.10,1ss), cuyo lugar ocupa Pedro sobre la tierra (Jn.21,15-17).

B. Otros Escritos Neotestamentarios.

a) El Corpus Joánico. Se sustituye el término sinóptico del Reino de Dios por el de "Reino de Vida". En consecuencia, el Evangelio y las Epístolas ven la Iglesia más bien en su aspecto íntimo y personal que como acontecimiento social visible.

Juan recalca el vínculo del amor, la unidad sobrenatural y la comunidad de vida divina (Jn.10,1-16. 27-29; 13,34). El Ap. llama a la Iglesia la Esposa del Cordero.

b) Los Hechos de los Apóstoles. Este libro es muy importante para la historia de la Iglesia primitiva, pues expone el desarrollo de la comunidad de Jerusalén hacia una Iglesia universal, que se supone en formación, integrada por judíos y gentiles (Hech.9,31; 15,41; 20,28).

c) Las Epístolas Católicas. No añaden nada esencial al concepto paulino de Iglesia; pero, sobre todo, 1Pe, a pesar de no haber usado la palabra "ecclesia" coincide grandemente con las ideas y metáforas paulinas (1Pe.2,5.9.10).

MODULO VI. LA IGLESIA COMO MISTERIO (s.II-III).

Tema 12. Las Imágenes de la Iglesia.

A. Mayer-P.F.Fannhoz ha tipificado la imagen de la Iglesia en esta época diciendo que su caracteriza por el concepto de "Misterio": la Iglesia se ha entendido a sí misma como misterio de fe, y como tal se ha realizado concretamente y en todas sus dimensiones.

Cabe admitir esta tipificación en el sentido de una descripción generalizante, pero al mismo tiempo debemos explicar lo que en concreto se quiere afirmar.

"La Iglesia se entendió como misterio en cuanto que se reconoció globalmente como una comunidad convocada y reunida por un decisión misteriosa de Dios consumada en Jesucristo, a través del don de su palabra y de su amor otorgado en el bautismo, en la eucaristía y en el perdón de los pecados, y santificada por la participación en la santidad divina; asamblea que realiza por la koinonía o comunión, así como por los dones del Espíritu". Frente al mundo circundante, la Iglesia (convocación) se entiende a sí misma como signo y sacramento de Cristo, su Señor.

La Iglesia ha tomado conciencia paulatina de su naturaleza y también de algo muy importante: su misión. En un afán de explicarla y evocarla se recurre a las afirmaciones bíblicas y a sus imágenes como intento de expresar la propia identidad.

En esta época se acuñan las grandes comparaciones y alegorías sobre la Iglesia, que se olvidaron durante la Edad Media, pero que se rescataron, sobre todo, por el Concilio Vaticano II.

Vamos a enumerar las principales imágenes utilizadas, primero por los Padres Apostólicos, luego por los Padres Apologetas y, finalmente, ya entrado el siglo IV, por los Padres de la Iglesia, Agustín entre ellos.

A. La Iglesia es el Nuevo Pueblo de Dios.

La afirmación de la Iglesia como Pueblo de los convocados a partir del judaísmo y del paganismo, como Nuevo Pueblo de Dios, que se encuentra en camino, no como una asociación secreta, sino pública, hacia el futuro Reino de Dios, pertenece ciertamente a las notas dominantes de la Iglesia en esta época.

La Didajé (9,4) describe a la Iglesia como una comunidad convocada y congregada por Dios desde todas las regiones del mundo. Así, pues, nosotros somos los convocados, por lo tanto, la Iglesia.

El "Pastor de Hermas" habla de la preexistencia de la Iglesia diciendo que ella es la primera criatura en razón de la cual fue creado el mundo. Esta idea implica una referencia a su universalidad espacial y temporal.

La convocatoria eclesial de Dios a su Pueblo ha sido lanzada antes de que cada miembro del mismo viniera a la existencia. Es más, la existencia personal es ya convocación eclesial. La palabra de Dios que reúne a su Iglesia fue pronunciada desde toda la eternidad.

B- La Iglesia es el Cuerpo de Cristo.

Con la misma intensidad que la anterior, pervive la imagen paulina de la Iglesia como cuerpo cuya cabeza es Cristo. Esta imagen aparece bajo una doble figura basada ya en el NT: a) Como descripción de la comunidad local (cfr. Rm. y 1-2Cor.) y b) Como imagen de la comunidad universal (cfr. La Stoa y La Gnosis).

La imagen de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, está representada por la palabra, el sacramento, los dones, el Espíritu y el ágape, pero sobre todo por la Eucaristía como Cuerpo de Cristo, de la cual vive también la Iglesia como Cuerpo de Cristo. En esta imagen están comprendidos también los ministerios, las funciones y los diversos órdenes en la Iglesia.

Esta es la imagen de la Iglesia que enfatizaron San Clemente Romano y, sobre todo, San Ignacio de Antioquía. Según este último, el obispo representa en la comunidad el centro decisivo, expresión del amor y de la unidad que en ella debe dominar (Cfr. la Organización de la Comunidad según San Ignacio de Antioquía en Para leer una Eclesiología..., p.20).

C. La Iglesia, Templo de Dios.

Esta expresión desde luego que no significa, en primer término, el edificio donde se realiza el culto, sino la propia comunidad viva de los creyentes.

El templo donde Dios habita son las personas que se reúnen en su nombre. Es hasta el s.V en que al edificio o al lugar en el que la comunidad se reúne se le llama Iglesia. El edificio o templo de la Iglesia tiene la función de representar a la comunidad que en él se reúne como Pueblo de Dios.

D. La Iglesia es Comunión de Santos.

La Iglesia, Cuerpo de Cristo, Templo de Dios, es todo esto en cuanto comunidad de hombres y mujeres (Iglesia) que, precisamente por serlo, han sido santificados por Cristo y constituyen la "comunio sanctorum".

E. La Iglesia es Esposa de Cristo.

Esta figura, basada en la Sagrada Escritura, adquiere, en la conciencia eclesial de la comunidad primitiva, un desarrollo y una configuración peculiar.

Como la imagen del Cuerpo de Cristo, esta figura implica también la afirmación de un vínculo de amor por parte de Dios con la comunidad elegida por El y que, por Jesucristo, llega a su verdadera plenitud, porque en él se hace acontecimiento y realidad la unión de Dios con la humanidad.

Esta imagen expresa la intimidad entre Cristo y la Iglesia, pero también su no identificación. La Iglesia, como esposa, es la comunidad de los creyentes que esperan, aman, trabajan y hacen del evangelio un acontecimiento siempre nuevo.

F. La Iglesia es Comunidad de Pecadores.

Cristo y la Iglesia no se identifican. Ella, ya realizada por Jesús el Cristo, es todavía proyecto; la llamada de Dios por Jesucristo en el Espíritu al amor aún no ha sido atendida ni siquiera entre los seguidores del Resucitado.

La Iglesia es, pues, una comunidad en contínua conversión, en contínuo proceso de purificación frente al Tres veces Santo que es el Dios Trinidad.

Clemente, Justino, Ireneo, Orígenes hablan de la Iglesia como una meretriz que, como Israel en la Antigua Alianza, se va detrás de otros amores, olvidando a su verdadero y único esposo que es Jesucristo. Orígenes desarrolla una amplia exégesis alegórica del Cantar de los Cantares con estos motivos. Su trabajo inicia con una frase que plasma bien esta imagen: "Negra soy, pero hermosa".

G. La Iglesia es Madre Nuestra.

La comunidad de los creyentes se concibe a sí misma como medianera de la verdad y de la salvación; su tarea es conservar y preservar la vida que le ha sido transmitida. Esta función es adscrita a la Iglesia como tal y en su totalidad, totalidad que incluye los servicios y las funciones particulares, sobre todo los ministerios en la Iglesia.

Cipriano expresa esta implicación mútua en la conocida frase de que nadie puede tener a Dios por Padre que no tenga a la Iglesia por Madre (De Unitate Ecclesiae).

Detrás de esta afirmación podemos ver ya cómo se perfila la identificación entre Iglesia, Reino Cristiano y Reino de los Cielos (Sociedad Cristiana).

H. La Iglesia, Columna y Fundamento de la Verdad.

Ireneo valora en su justo precio la mayoría de las imágenes aquí mencionadas; sin embargo, las subordina esta designación de la Iglesia, que en su postura antignóstica, le es especialmente querida.

Por esto la Iglesia es Madre: porque comunica la verdad bajo la forma de la vida, y la vida bajo la forma de la verdad.

Tema 13. Símbolos y Alegorías de la Iglesia.

La imagen de la Iglesia adquiere en la época de los Padres unas características especiales por la utilización de símbolos y alegorías aplicados a ella y a la interpretación de su ser y actuar: solo parcialmente se basan en la Escritura, ya que proceden también de imágenes que eran corrientes en la antiguedad helenista, en la filosofía, en la mitología y en las religiones.

A. La Iglesia es Mysterium Lunae.

La Iglesia no vive ni ilumina por su propia luz, sino por Cristo que es Luz. Mientras el sol (Cristo) permanece en un estado constante de luz y esplendor, la luz de la luna (la Iglesia) pasa sin cesar por diversas fases cambiantes, ya crecientes, ya menguantes, tanto en relación con su extensión exterior en el espacio, como en su inconmensurable ardor interno (H. de Lubac).

B. La Iglesia es la Nave que surca el Mar de Este Mundo.

La suerte de esta nave está expresada en aquellas palabras: "Fluctuat; non mergitur".

C. La Iglesia es la Barca de Pedro.

Zozobra es toda la historia de la Iglesia; navegación tranquila su promesa.

La barca de Pedro fue, en el decurso de los tiempos, interpretada y concretada sobre todo en el sentido de que la pecualiar situación de Pedro, el pescador de hombres, debía encontrar su materialización en la Iglesia, por el Primado Romano, y de que, según la expresión bíblica, Jesús enseñaba desde la barca de Pedro. La barca de Pedro fue así interpretada en un sentido político-eclesiástico y utilizada de esta forma: "Navis Simonis, ecclesia Petri".

D. La Iglesia es el Arca de Noé.

En medio del diluvio de este mundo; sin ella no existe salvación. De San Cipriano es la frase clásica: "Extra Ecclesia, nulla salus" (De Unitate Ecclesia).

E. Conclusiones.

1. El simbolismo del que hasta aquí hemos hablado de diversas formas está emparentado con lo que se designa como Platonismo o clima influido por el Platonismo como característica de aquella época. En consecuencia, la Iglesia es considerad como una copia, limitad en múltiples aspectos de su modelo celestial, el cual lleva las notas de lo auténtico, lo permanente y lo eterno.

La estructura y el orden de la Iglesia, son, según esto, reflejo de un orden celestial; y los signos, símbolos, sacramentos y formas de actuación de la Iglesia son, así mismo, reflejo de unas realidades invisibles, divinas, que se manifiestan a su vez para los hombres bajo la forma de visibilidad.

Tanto las afirmaciones bíblicas sobre la Iglesia, como las tipologías bíblicas, alegóricas y simbólicas, encontraron en la obra teológica de Orígenes y Agustín su concresión más amplia, profunda, sugerente y duradera desde el punto de vista de su eficacia histórica.

Agustín desplazó al centro de su Eclesiología la idea de la Iglesia como Casa y Pueblo de Dios, como Cuerpo de Cristo.

1