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![]() Editorial
Marta Alanis
Hoy hablamos de «sexualidades» tratando de abarcar el arco iris que la humanidad ha construido en la vivencia de la sexualidad, respetando todas las edades, todos los colores, todas las opciones. Apostar a una sexualidad placentera y sin culpas nos invita a habitar nuestro cuerpo, escuchar sus mensajes, sus razones y respetar los otros cuerpos. Asumir todas las sexualidades como un bien nos exige construir y defender derechos para las mujeres, para las y los adolescentes, para homosexuales y lesbianas, para las que quieren tener hijos y para las que no quieren y para todas las personas sin importarnos su edad, su raza , su clase o su religión. La sexualidad placentera separada de la reproducción ha sido motivo de grandes transformaciones en el derecho, en las creencias, en la convivencia de nuestras comunidades. Para algunas mujeres católicas ha sido inspiradora de deconstrucción de lo sagrado masculino y de permitirnos gozarla sin culpas asumiendo la mayoría de edad y haciéndonos responsables desde la libertad de nuestra conciencia. El derecho a una sexualidad placentera y libre de coerciones fue una de las banderas más difíciles de levantar en el contexto histórico y cultural latinoamericano y ha sido lo que dio sustento al conjunto de derechos sexuales y derechos reproductivos. Y justamente son estos derechos el principal blanco del fundamentalismo católico en nuestra región. En América Latina un 87 por ciento de su población total se reconoce católica llegando a casi 400 millones de los 976 millones de católicos del planeta. Aunque todos los católicos no obedecen las enseñanzas de la Iglesia en materia de sexualidad y reproducción, su influencia ideológica y cultural en la región es innegable. El teólogo uruguayo y gran amigo de CDD, a quien hiciéramos homenaje en el primer ejemplar del 2001 de Conciencia Latinoamericana, Luis Pérez Aguirre, en su libro la Iglesia Increíble reflexionaba: “Es un hecho que nosotros somos herederos de una situación -torcida- en materia de sexualidad. Y el Magisterio eclesial inspira poca confianza en los fieles porque está desacreditado. Lo que aparece a ojos y oídos de todos es que el magisterio en materia de moral sexual pareciera basarse en un temor y en un cierto supuesto de que el sexo es malo, aunque inevitable para la procreación y por ello no hay más remedio que tolerarlo y mantenerlo bien acotado a dicha finalidad.......El gran reto de la cultura actual, impregnadas de las fobias eclesiales ante el sexo y el placer, es el de elaborar con urgencia una ética sexual que supere las grandes limitaciones que la afectan y haga justicia a la plenitud de dimensiones biológicas, afectivas y psíquicas de la sexualidad humana”. La Iglesia Católica debería cambiar también su posición frente al VIH- sida, orientando su doctrina y práctica por la solidaridad, colaborando en su prevención, promoviendo el debate en torno al ejercicio de las sexualidades, reconociendo el uso del condón como el método más efectivo para proteger la vida y contribuir a la construcción de una sociedad no represiva. Consideramos que mujeres y hombres somos seres humanos plenos, forjados a imagen y semejanza de Dios, por lo tanto católicas y católicos reclamamos el reconocimiento de nuestra capacidad moral para definir y conducir nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestra sexualidad de manera autónoma, asumiendo el reto y la responsabilidad de este desafío. |
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