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![]() La Primacía de la Conciencia y la libertad de decidir en las mujeres Una perspectiva desde Católicas por el Derecho a Decidir. “En el contexto de esta sociedad judeo-cristiana queremos libertad e información para decidir y elegir, liberarnos de la culpa, de la hipocresía y del destierro espiritual a que se nos condena por intentar vivir con una ética que se base en la justicia, con criterios propios y libertad de conciencia” .
Mónica Pagliero, CDD Argentina.
Lic. en Trabajo Social
Consideramos que la tarea fundamental de la ética es guiar la conducta para decidir cuál es la decisión mejor entre las posibles a realizar en una situación concreta. La ética se distingue del “moralismo”, que consiste en decirle a las personas lo que deben hacer y lo que deben pensar acerca de lo bueno, lo justo o lo deseable, sin dar razones para ello. La ética aplicada, por el contrario, fundamenta la racionalidad de seguir tal o cual conducta y, para ello, ofrece enunciados generales acerca de lo recto, lo deseable, lo bueno o lo justo, lo obligatorio, basados en los conocimientos y los intereses humanos. Estos enunciados generales se llaman principios éticos. (1) SOMOS SUJETOS MORALES CON DIGNIDAD Partimos afirmando que las mujeres somos sujetas de derecho con dignidad y criterios propios. Que tenemos derecho a elegir, con el conocimiento, la información y la orientación de nuestros principios éticos, según nuestras convicciones y posibilidades, el ejercicio de una sexualidad placentera y separada de la procreación. Sabemos el papel decisivo que tiene la sexualidad en la construcción de nuestra identidad, por eso es importante deconstruir los mandatos sociales que pesan sobre la mujer, pero construyendo desde la libertad de dirigir nuestros destinos y nuestros cuerpos. El ejercicio libre y armónico de nuestra sexualidad nos hace seres más plenos y capaces de desarrollarnos, potenciarnos y como consecuencia: empoderarnos. Desde que nacemos, estamos insertos en diversas formas de socialización que pesan sobre las mujeres como la cultura de la sumisión y la culpa milenaria que nos hace ser objetos en vez de sujetos de nuestras decisiones. En este sentido el rol que ejerce la jerarquía eclesiástica de la iglesia católica en relación a la sexualidad y la reproducción son un ejemplo de ello. La posición oficial de la iglesia católica romana en anticoncepción señala que es una “irregularidad grave", pero el sentir y actuar de las mujeres es otro y entra en contradicción con su propia iglesia. La jerarquía de la iglesia católica no tiene en cuenta esas y otras realidades, pues en especial en estos temas se evidencia una intolerancia hacia el pueblo católico. PUNTOS DE COINCIDENCIA Hay casos donde la iglesia católica jerárquica y las comunidades de fieles coinciden, cuando hablamos de la pobreza, la solidaridad, la justicia social y los derechos humanos. Pero al hablar de derechos reproductivos, la realidad es otra. Intenta imponer al mundo su propia visión de la moral en sexualidad y reproducción, ejerciendo un poder alejado de los derechos humanos. Esta cosmovisión podríamos extenderla también al rol adjudicado socialmente a las mujeres en la sociedad y avalado por la iglesia católica (hija, madre, esposa, abnegada y sumisa ...) Pues, la lucha por recuperar una plena autonomía sexual (y reproductiva) está ligada a la lucha por la libertad de decidir sobre todos los aspectos de nuestra vida... si nuestros cuerpos y vidas continúan bajo el control de Papas, obispos, políticos, médicos, padres y maridos, no podremos hablar de autonomía, ni llegar a ser seres humanos plenos(2) PRIMACIA DE LA CONCIENCIA En este sentido es importante considerar el papel de la Conciencia bien informada. Las doctrinas de la Iglesia católica cambian. Y hoy luego del Concilio Vaticano II, se considera que la Conciencia Individual es inviolable y debe ser seguida incluso en los casos de desacuerdo con la enseñanza de la Iglesia. La primacía de la conciencia es, de tal modo central, que debe seguirse aún en casos de amenaza de excomunión. Pero si no contamos con la información adecuada (sobre todo en sexualidad) y la posibilidad de recibir mensajes claros desde los grupos sociales, desde nuestras creencias religiosas, difícilmente se podrá construir una ética propia y una conciencia informada y actuar con criterio y responsabilidad. Si se actúa bajo coerción no existe libertad y no puede hablarse de responsabilidad moral. Si la libertad moral no existe no existe la posibilidad de la Ética. Sólo cuando las personas tienen diferentes opciones y pueden elegir, hay lugar para tomar una decisión ética. A lo largo de la historia, hubo disidencias con los magisterios de la iglesia y las habrá en el futuro. Pero hoy la actual visión cultural y religiosa sigue siendo la mujer madre o esposa, a pesar de la inserción de las mujeres en la vida laboral y social. Existen múltiples divergencias que continúan más calladamente hasta hoy (sobre todo a partir de la encíclica Humane Vitae que condena la anticoncepción, por lo que influye negativamente en la conciencia de las mujeres). Actualmente los teólogos señalan que el principio del probabilismo (prácticamente ignorado por los fieles católicos) da a católicas y católicos el derecho a diferir de la doctrina en un sentido moral si existe una "probabilidad sólida” en favor de una posición disidente. "Si hay duda hay libertad" es un principio cardinal del probabilismo (3). Si se enfrentan situaciones éticas donde no existe consenso doctrinal sobre tal o cual posición significa que una decisión moral está en último término en nosotras o nosotros. Por otro lado el Concilio Vaticano II reconoce que se han de respetar los puntos de vista de creyentes de otras religiones. Católicos y Católicas “deben reconocer la legitimidad de los puntos de vista diferentes acerca de los asuntos del mundo y mostrar respeto para con sus conciudadanos, que en asociación defienden opiniones con medios legítimos ”Gaudium et Spes 75". Esto es significativo ya que las enseñanzas católicas en materia de sexualidad y reproducción son mucho más restrictivas que las de cualquier otro grupo religioso pero son estas normas “moralistas” las que se imponen en la conciencia de las mujeres y los hombres y lo que es más grave, en las legislaciones de los países aún en sociedades donde la libertad de culto es un derecho constitucional. La heterogeneidad y el discenso son derechos, sobre todo en aquellas sociedades llamadas pluralistas; por eso reafirmamos el derecho a disentir sin abandonar la fe con base en el libre albedrío y la primacía de la conciencia. Es importante señalar que la Iglesia tiene magisterio para enseñar (Magisterium) y una función legislativa, pero pretende ejercer autoridad exclusiva sobre ciertos asuntos de fe y moral, aún cuando estos no sean considerados infalibles. Cuando no existe un consenso riguroso sobre una posición “católica”, la resolución de situaciones concretas recae directamente sobre la conciencia individual. Por lo tanto, la iglesia debería permitirle al individuo tomar una decisión plenamente informada, donde “se respete y reconozcan las legítimas diversidades, para poder abrir un fecundo diálogo social, personal y comunitario, en un contexto de iglesia donde se mantenga unidad en lo necesario, libertad en lo dudoso y caridad en todo...” una Iglesia que respete santamente la dignidad de la conciencia y la libre decisión (Gaudium et Spes 41)” (4) La primacía de la conciencia bien informada posibilita la toma de una decisión moral enmarcada en una realidad de confianza, seguridad personal y contención social. El teólogo Richard McBrien, escribe: “Si después del estudio apropiado, reflexión y la oración, una persona está convencida de que su conciencia está en lo correcto, a pesar de estar en conflicto con las enseñanzas morales de la iglesia, la persona no solo puede sino debe seguir lo que le indica su conciencia, en lugar de la doctrina de la Iglesia”. Desde la libertad de conciencia, estamos convocadas y convocando a una revolución de valores, a la construcción de una ética concebida como reflexión de valores y normas desde una visión holística del mundo, enraizada en las realidades vitales de las personas, sin exclusiones, basada en la justicia, que surge de todos los marginados de la pobreza, el sexo, la raza, por el credo o por todo ello a la vez. Una ética integradora y opuesta a toda dominación. (Graciela Pujol) NECESIDAD DE UNA NUEVA ETICA Mujeres y hombres deseamos elaborar una ética que garantice el desempeño de una sexualidad apropiada, es decir, aprobada por su conciencia y el grupo social. Supone preservar una sociedad donde el contexto sea el respeto mutuo, la libertad y no el autoritarismo y la imposición, y la vivencia de una sexualidad integrada a la vida sin que vaya acompañada de sentimientos de culpa o rechazo social. Una ética católica y feminista construida a partir de la resistencia de las mujeres al patriarcado, valoradas y reconocidas plenamente en la Iglesia y en la sociedad, una ética que favorezca una vida más plena, una nueva humanidad, donde se reconozca la capacidad moral de las mujeres para tomar decisiones éticas sobre sus vidas. ------------------------------ (1) Etica de la Libertad, Graciela Hierro, Editorial Torres Asociados, 1993 (2) “Mujeres e Iglesia”, Catholics for a Free Choice- Católicas por el Derecho a Decidir, 1989 (3) Opciones Católicas para el debata sobre elaborto. El probabilismo en una sociedad prural. Daniel C. Maguire. Catholics for a Free Choice. 1998 (4) Carta Abierta al Papa Juan Pablo II en ocasión a su visita a México, Católicas por el Derecho a Decidir, México, 1999 Bibliografía consultada Materiales de Católicas por el Derecho a Decidir y Catholics for a Free Choice: - La Historia de las Ideas sobre Aborto en la Iglesia Católica, lo que no fue contado. CFFC1992 La Evolución de un Código Terrenal. La anticoncepción en la docrina católica. Maggie Hume 1993 CFFC. Conciencias Latinoamericanas Vol. X, 1998 y números anteriores Opciones Católicas para el debate sobre aborto CFFC, 1998 |
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