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IGLESIA CATÓLICA: ¿AUTORIDAD O AUTORITARISMO?1
La jerarquía vaticana da muestras de una autoridad sin tregua.
Nicolas Dieterlé
Luego de treinta y cinco años en una congregación religiosa, Lavinia Byrne, religiosa católica británica de cincuenta y dos años, pidió ser dispensada de sus votos y dejó la orden donde ella entró a los diecisiete años. La razón aducida son las “presiones inquisitoriales” del Vaticano sobre esta religiosa que milita desde hace años por el acceso de las mujeres al sacerdocio. El acontecimiento quizás habría pasado desapercibido, si Lavinia Byrne no fuera una de las personalidades católicas más conocidas de Gran Bretaña. Teóloga, es autora del libro Woman at the altar (Mujeres en el altar, 1993), del cual fueron retirados de circulación mil trescientos ejemplares, por órdenes vaticanas. La Congregación pontificia sobre la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio), le ha solicitado además, una declaración pública afirmando su adhesión a la posición romana sobre la contracepción y la ordenación de las mujeres. Dichas demandas, que ella ha calificado de “maltratos”, resultaron insoportables para la religiosa, quien a pesar de todo se declara fiel a la Iglesia. Un malestar creciente Esta historia es reveladora del malestar que afecta a un número creciente de católicos frente al autoritarismo y al dogmatismo de Roma, quienes la juzgan propia de tiempos pasados. Teólogos eminente, grupos de laicos, sacerdotes, inclusive obispos, insurgen con mayor o menor virulencia, contra las opciones del Vaticano, frecuentemente dictadas por un espíritu que juzgan, en general, reaccionario, y que va contra los propios intereses eclesiales, según ellos. Por ejemplo, la crisis de las vocaciones sacerdotales, que es muy general, priva a los fieles, en numerosas comunidades, del acceso a la eucaristía, que, según Roma, no puede ser administrada sino por ministros ordenados. Una solución a este problema sería autorizar a laicos para que presidan la eucaristía. Pero el aparato católico no oye estas sugerencias. Un teólogo suizo, Herbert Haag, que había apoyado esta posición, ha sido severamente reprendido por el episcopado de su país. En 1997, parroquianos laicos de la diócesis de Basilea habían anunciado, argumentado la falta de sacerdotes, su voluntad de presidir la eucaristía de Pentecostés de 1999, lo que había provocado la firme resistencia del Obispo. La eucaristía es considerada por la Iglesia Católica “como la fuente y la sima de toda vida cristiana”, según los términos del Catecismo de la Iglesia Católica de 1992. Roma desconectada Otro “afaire” quemante que muestra la desconexión de Roma con la realidad cotidiana, es la cuestión sobre los centros de IVG (Interrupción Voluntaria de la Gestación) con asistencia cristiana en Alemania. El Papa ha decidido que la Iglesia Católica salga de este sistema estatal capaz de dar un certificado que autoriza el acceso al aborto. Esta actitud negativa a confundido y decepcionado a numerosos católicos alemanes. Algunos obispos, como el de Tréves y el de Magdeburgo, según la prensa alemana han manifestado su rechazo al “diktat” vaticano. Según el grupo de Montpellier del movimiento Somos Iglesia (movimiento internacional de católicos reformistas), que ha escrito una carta de apoyo a Mons. Lehmann, presidente de la conferencia episcopal alemana y partidario de la asistencia católica en los centros de consultoría de IVG, esta decisión privilegia el legalismo en detrimento del ser humano”. Los centros “cristianos” (católicos y protestantes), de hecho eran los lugares de escucha y consejo dónde, numerosas mujeres renunciaban a su proyecto. En un contexto muy diferente, el de México, una decisión del Vaticano ha provocado también vivas reacciones. Se trata del retiro de Chiapas, región políticamente muy sensible, de Mons. Vera López, sucesos designado para suceder a Mons. Samuel Ruiz en la diócesis de San Cristóbal de las Casas. Durante cuarenta años, Mons. Ruiz habría trabajado eficazmente por el desarrollo de una comunidad eclesial local, indígena, en Chiapas. El cambio de aquél que debía continuar su trabajo es percibido por una parte de la opinión pública mexicana, así como por los sacerdotes de la misma diócesis, como una alianza entre la Iglesia católica y el gobierno mexicano, poco favorable a los indígenas de Chiapas. En Italia, el teólogo Giulio Girardi ha publicado una declaración dirigida al Papa y a los obispos de América Latina, donde con dolor constata que “la Iglesia católica se coloca una vez más del lado de los poderosos, debilitando al más fuerte aliado de los pueblos indígenas, la Iglesia local de San Cristóbal”. Triste resignación Podemos añadir a esta lista, sustancial, otras señales de desconexión de la jerarquía católica con la evolución del catolicismo en el mundo actual. La Congregación pontificia para el Culto Divino ha cuestionado con autoridad, a la nueva traducción inglesa de la misa, la cual utiliza un lenguaje inclusivo (es decir privilegiando los términos que se aplican indiferentemente a los dos sexos), so pretexto de que esta se alejaría demasiado del texto latino original. Finalmente, podemos citar los desencuentros vaticanos con los teólogos indígenas más críticos. A propósito de Ecclesia in Asia, el texto de la exhortación post sinodal para el Asia, el P. Michael Amaladoss, jesuita indio, declara: ”En el texto, no se encuentran huellas de trabajo de los obispos y teólogos asiáticos de los últimos veinte años sobre los objetivos y métodos de la evangelización en un contexto pluralista. El diálogo interreligioso es estimulado en términos convencionales”. ¿A qué causa atribuir las rigideces actuales de la Iglesia Católica, su cerrazón frente a los temas sensibles para los contemporáneos?. Para el sociólogo de las religiones Jean-Louis Schlégel o.p., “este endurecimiento es un hecho relativamente reciente, que es típico de una institución amenazada, que hace agua por todas partes. Delante de los cambios, percibidos como un peligro, se calafatea todas las posibles grietas y se coloca para-choques. En realidad, se tiene la impresión de una Iglesia que se autodestruye, por obstinación dogmática”. En cuanto a los movimientos de reacción frente a este “suicidio”, dicho sociólogo estima que no tiene la amplitud requerida: “la masa de los practicantes no se mueve, o muy poco; por todas partes hay una especie de triste resignación, frente a lo que está pasando”. Jean Louis-Schlégel anota sin embargo, una fuerte resistencia de los obispos alemanes frente al Vaticano, para el caso de los centros cristianos de IVG: “no han sido sometidos a pesar de estos meses, hay algunos que continúan buscando soluciones alternativas”. Pero si el bloqueo del Vaticano persiste, el sociólogo estima que habría posibilidades de un cisma: el Vaticano también tiene temores al respecto, sea lo que pase, el nuevo Papa se encontrará en una situación muy difícil para aportar cambios, teniendo en cuenta la cantidad de obispos conservadores que hay actualmente en Roma”. Para buscar una salida a esta situación, el grupo Paroles+2+ asociación francesa constituida por dieciséis personalidades católicas a hecho una reciente propuesta de una “organización nueva para la Iglesia”. La primera insiste sobre la necesaria descentralización de la Iglesia católica, mientras que la segunda pide a los responsables de esta Iglesia, el autorizar verdaderos debates en el plano regional, sobre la ordenación de hombres casados, la de las mujeres, el rol de los laicos en la vida de la Iglesia… El porvenir dirá si estos cambios indispensables serán llevados a cabo o no, desde los más altos niveles. 1 Artículo aparecido en Actualité des Religions, Paris, marzo del 2000. 2 Paroles, 101, rue Saint-Charles, 75015 Paris. Telf. 01/4888-4640 |
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