Diciembre 1999

Compromiso ético con los jóvenes

La búsqueda de pedagogías apropiadas para una sana educación sexual de los jóvenes permitió visualizar que los talleres tienen no sólo un valor educativo sino también preventivo y terapeútico. Así lo mostró la investigación antropológica sobre el comportamiento sexual de los jóvenes en Lima Metropolitana realizada en el marco del Programa Nacional de Control de SIDA y Enfermedades de Transmisión Sexual del Ministerio de Salud de Perú.

Imelda Vega-Centeno*


Al trabajar con pedagogías de auto-aprendizajes sobre los temas de amor y sexualidad, estamos movilizando las economías libidinales de los jóvenes; ponemos entonces al descubierto tanto sus grandes potencialidades de amar y su vocación a ser felices como sus frustraciones, represiones, temores, miedo al castigo, culpas y tabúes, con respecto a su propio cuerpo y los sentimientos encontrados que éste les produce. Estamos poniendo al descubierto potencialidades humanas con ambivalencias muy grandes: de felicidad o infelicidad, de realización amorosa y de violencia contra sí mismos o contra los demás, entre otras.

Por otro lado, los resultados de la investigación nos muestran cómo lo sexual aparece, especialmente para las mujeres, como un lugar de violencia, sumisión y subordinación, donde la dimensión del placer pareciera estar excluida. Esta percepción va a acompañada de otra, que es la de lo sexual escindida del amor, aspecto que es más relevante en los varones y que la socialización diferencial sobre sexualidad confirma, el machismo repetidamente encontrado y manifiesto en la información obtenida, subraya esta percepción parcial y equivocada de la sexualidad humana.

Estas primeras confrontaciones pueden tener consecuencias muy graves para el proyecto de sociedad futura, cuyos protagonistas son éstos jóvenes que acceden a la vida sexual activa en contextos violentos y fuera de los marcos referenciales del amor; por ello al haberlas detectado en el trabajo, pensamos que los talleres podían ser experiencias pedagógicas que permitiesen enmendar este tipo de comportamientos y prácticas, con el fin de que, a través del ejercicio de la propia afectividad y sexualidad, los jóvenes pudiesen vislumbrar un proyecto de vida, que los realice en sus potencialidades afectivas y sexuales y que no sólo visualicen en tal proyecto, sus expectativas económicas .

Por ello en la investigación insistimos en los espacios de libertad, en los cuales los jóvenes pudieran expresarse, comunicarse, descubrirse a sí mismos y a los demás, reconocerse sexuados y con potencialidades humanas a través del sexo, así como reconocer y poder desarrollar conjuntamente la capacidad de amar y entregarse al otro, en un descubrimiento continuo y maravillado de la otredad. Todo lo cual no es un esfuerzo pedagógico sectorial, sino que debiera confluir y conjugarse con una serie de iniciativas orientadas a mejorar la calidad de vida de los jóvenes, abriéndolos y dándoles espacios para ejercitar la solidaridad, descubrir la felicidad compartida y su derecho al placer. De esta manera, una pedagogía de auto-descubrimiento y crecimiento en libertad, podría ser una contribución concreta para la construcción de la paz.

Del tabú al autoaprendizaje de la libertad

Siempre desde la perspectiva antropológica de nuestro trabajo, veamos qué es un tabú y cómo a través de los tabúes se regula la vida de la sociedad.

Buscando construir operativamente el concepto de tabú, nos encontramos primeramente con otro que le es complementario, el de lo impuro.

La definición de las impurezas es uno de los modos básicos del proceso de diferenciación que funda lo social y la cultura. Cada sociedad define categorías cuyos elementos son puros o impuros, establece cómo dejar de ser tales y porqué aquello que surge fuera de estas categorizaciones es necesariamente impuro, es una taxinomia que ordena el universo social y humano. En realidad esta forma clasificatoria no es completamente arbitraria, sino que está sistematizando realidades objetivas, naturales, subjetivas y sociales que constituyen al mismo tiempo las expresiones simbólicas de concepciones de vida, forma clasificatoria que posee la capacidad aleatoria de dominar el desorden. Este concepto desborda la antropología y la sociología, pues lo impuro resultará ser la materia esencial de la magia (cuyo objeto será controlar lo impuro), y el de ciertas religiones.

El incesto será el ejemplo más típico de impureza, el objeto por excelencia de prohibiciones o tabúes, más allá de controlar la sexualidad femenina , la endogamia y de complementar la exogamia del grupo de acuerdo a sus intereses, la prohibición del incesto es el principio de aplicación de diferenciación cultural, principio fundador de lo social propiamente dicho, por ello su campo de normatividad desborda las reglas matrimoniales y de reciprocidad.

Temor y poder

Tabú e impureza, son dos nociones íntimamente ligadas, pues definen el límite más allá del cual no se está más dentro del orden concebido por el grupo, y en consecuencia si se transgrede este principio, la vida misma (individual y colectiva) estaría en peligro. El tabú es una prohibición que se impone por sí misma, y que a veces puede justificarse secundariamente. Más profundamente, el tabú es la manera de concebir e instaurar determinado orden y poder social. Sean cuales fueran las motivaciones políticas objetivas, el tabú conserva en la vivencia colectiva, una dimensión efectiva esencial que le otorga poder.

Por esta capacidad ordenadora de lo sociocultural, es que el tabú sobre el sexo tiene las características de generar temores, miedos, sentimientos de culpabilidad, de exclusión, de falta, y a través de ellos la posibilidad de dominio sobre lo individual-personal y social. Como la vida afectiva y sexual es el aspecto interaccional por excelencia, en el imaginario colectivo sobre la sexualidad se hallan inscritos los rasgos no concluidos de los violentos procesos históricos que nos dieron origen, como pueblos y como culturas, y que tendemos a reproducir en nuestras relaciones intergenéricas. Por ello tanto el discurso sobre la sexualidad, como la práctica sexual, manifiesta comportamientos ambivalentes frente a la normatividad socialmente aceptada y ratificada por el tabú; así como el temor y la agresión que estas prácticas revelan, tienen una carga histórica y cultural que rebasa lo personal o coyuntural, prácticas que otorgan poder a determinadas instituciones socialmente producidas y reconocidas.

Los medios

de comunicación

Sin embargo, el peso prohibitivo del tabú, se encuentra relativizado por los mensajes transmitidos por los medios de comunicación masivos y particularmente por la televisión, a tal punto que algunos autores hablan de la sociedad contemporánea como una cultura totalmente sexuada. Es cierto que se habla del sexo todo el tiempo y es el referente monotemático de toda la cultura de masas, sin embargo no creemos que se pueda hablar de una sociedad sexualizada, ni que esta explosión de mensajes sobre el sexo signifique liberación del tabú ni un ascenso a la libertad. Por el contrario, la explosión de mensajes sexuales en los medios de comunicación masivos, y más concretamente en la TV, tiene efectos más bien perniciosos para el público joven, quienes internalizan necesidades de consumo superfluo; por comparación con los estereotipos televisivos los jóvenes desvalorizan las satisfacciones accesibles a sus necesidades, y su propia cotidianeidad aparece empobrecida frente a los "héroes" de baratija que este impactante medio de comunicación les ofrece.

Nuestra experiencia pedagógica, profundamente movilizadora de las potencialidades ambivalentes de los jóvenes, buscaba: hacerles percibirías posibilidades de potenciar los aspectos positivos de la movilización de sus economías libidinales, ponerlos en el camino del autodescubrimiento feliz de su propio cuerpo, de su sexualidad y de sus capacidades de amar. Buscaba hacerles superarla violencia consigo mismos y con los demás en que los coloca el tabú, y el silencio sobre el sexo. Buscaba que los jóvenes pudieran descubrirse capaces de amar y de ser felices en y a través de su propio cuerpo, tratando de asumir responsablemente todo este proceso, de modo que los lleve a crecer en el encuentro maravillado del otro, y en el cuidado de su propia salud. Esta propuesta profundamente movilizadora del inconsciente individual y colectivo rebasaba largamente la mera propaganda de tal o cual forma de prevención de las enfermedades de transmisión sexual o el SIDA, y recogía una larga trayectoria pedagógica particularmente rica en experiencias latinoamericanas.

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* Imelda Vega-Centeno, es socio- antropóloga, investigadora, consultora y docente universitaria. Autora de numerosos libros y publicaciones, ha realizado varias investigaciones en el área de la sociología de las juventudes en América Latina. Dirigió la investigación de la que hace referencia el presente artículo, el cual fue extractado de su libro "Amor y Sexualidad en Tiempos del SIDA. Los Jóvenes de Lima Metropolitana". Ministerio de Salud, Programa Nacional de Control del SIDA y Enfermedades de Transmisión Sexual. Lima, Perú, 1994.

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