Fe cristiana y la sexualidad: ENTRE LA PUREZA Y LA PROPIEDAD. | |
Siempre existe la tentación, al hablar de sexualidad, querer llegar a conclusiones y a respuestas abarcadoras y completas. Este breve ensayo simplemente pretende abrir antes que cerrar, mostrar antes que demostrar, indicar posibles caminos antes que clausurarlos. |
Pastor
Lisandro Orlov Introducción: Algunos pensadores, en forma atrevida, afirman que la iglesia tiene una única posición teológica o ética con relación a cualquier tema o explícitamente refiriéndose a la sexualidad. Eso no es verdad. Las comunidades cristianas difieren grandemente entre ellas, existe un real y rico pluralismo de posiciones y de prácticas pastorales. Aún dentro de una misma denominación existe una multiplicidad de líneas de pensamiento que brindan respuestas distintas a la rica gama de preguntas que nos presenta el hoy de la sociedad, de la iglesia y de Dios. En este contexto ecuménico no podemos olvidar esa realidad pluralista y reconocer que no existe un solo mensaje o discurso excluyente y exclusivo. Afirmar lo contrario es una tentación totalitaria ante la cual debemos estar precavidos para no caer en ella. Al trabajar en cualquier tema teológica, y la sexualidad es un aspecto de la teología, debemos tener en cuenta las variadas fuentes que nos ayudan a construir nuestra reflexión y mensaje. Queremos aquí recordar el famoso cuadrilátero de las fuentes a utilizar en un análisis de la realidad desde una perspectiva cristiana propuesto por John Wesley : en primer lugar ubicaba a la Biblia como fuente privilegiada en la construcción de conceptos. Es necesario tener presente desde un comienzo que la Biblia no es un código de ética sexual cerrado y tampoco es un sistema único y coherente. La más importante contribución que pueden hacer las Escrituras cuando se hace acción del Espíritu en la vida de la comunidad cristiana, es colocarse por encima de nuestro presente y hacer relativas todas nuestras afirmaciones en cualquier área. Nos protege de tener ídolos: “La Biblia conoce solo la ética del amor, que se formula constantemente para referirla a cualesquiera costumbres sexuales predominantes en un país, en una cultura o en un período dado” [1] .Debemos tener presente que la Biblia es el testimonio histórico de la revelación pero no se confunde con la revelación misma. Solo Jesucristo es la Verdad y solo él es la Palabra de Dios. La Biblia no es la cuarta persona de la Trinidad. Solo Cristo es la Palabra revestida de las palabras humanas que se han pronunciado a lo largo de la historia humana de acuerdo a un contexto social, cultural y económico. Las Escrituras siempre deben ser interpretadas por el Espíritu con la ayuda esencial de la tradición de la iglesia, de la razón y de la experiencia pastoral. [2] La segunda fuente instrumental de análisis es la tradición de la iglesia que comprende las prácticas pastorales, las aproximaciones teológicas y sus diversas formulaciones históricas. Esta tradición, al igual que las Escrituras, ofrecen una guía sobre las expresiones diversas de la sexualidad, pero que a semejanza de las mismas Escrituras tienen un carácter ambiguo ya que siempre podemos presentar ejemplos en una u otra dirección. La lectura que hagamos de ella será siempre selectiva. Recordemos que toda cultura, incluida aquellas en la cual se fueron formando los relatos que luego constituyeron las Escrituras, es un todo y que no es posible recuperarlo en fragmentos aislados. Aún aquellas partes que se puedan actualizar en nuestro contexto, siempre tendrán otro significado. La función espiritual de la Biblia y de la tradición de la iglesia es la de relativizar el presente. Con ayuda de la tradición podemos comprender mejor el presente tal como es y proclamar el evangelio de forma tal que responda a las preguntas del mundo contemporáneo. [3] La tercer fuente de análisis es la razón expresada en las diversas disciplinas científicas que reflexionan sobre el fenómeno humano. En este sentido Wesley expreso: Un principio fundamental para nosotros es que renunciar a la razón es renunciar a la religión, que la religión y la razón van de la mano y que toda religión irracional es una religión falsa”. [4] Y en cuarto lugar la praxis contemporánea que nos muestran como se vive realmente hoy la sexualidad en nuestra sociedad y en nuestras iglesias: “en las últimas décadas del siglo XX varias formas de teología de la liberación han considerado decididamente la experiencia como elemento central de la tarea teológica” [5] . Existe la real tentación, cuando se habla de sexualidad pretender iniciar la reflexión desde perspectivas dogmáticas abstractas o como juegos intelectuales. La realidad se nos impone y podemos constatar en la práctica cotidiana como difiere la realidad de la vida sexual de nuestros fieles y de nuestros pastores y pastoras de las posiciones oficiales de la iglesia. [6] Fundamentación histórica. Es necesario reconocer que todas nuestras relaciones sexuales, nuestros sentimientos, y lo que pensamos sobre ellos han sido configurados por fuerzas históricas y forman parte de un cuerpo imaginario, simbólico y material fuertemente entrelazado. [7] Estos conceptos sobre la sexualidad forman parte de la cultura en la cual vivimos que a su vez “es un proceso social de producción de sentido en relación con los hechos socioeconómicos [y sexuales] y no debe ser estudiada fuera del sistema socioeconómico y de los hechos sociales” [8] . Todo texto exige su contexto como para poder comprender el encuadre teórico que nos permite comprender su formulación actual. [9] En la construcción del pensamiento histórico nos encontramos también con diversidad de escuela y metodología. La historia social tiene como objetivo comprender la realidad desde la perspectiva de los excluidos y cuyo testimonio aparece siempre en forma indirecta. Es la historia que “nos enseña acerca de la relación entre el control de los cuerpos de las mujeres para la procreación, la supresión de la homosexualidad, el sistema económico y las condiciones de un espacio y un tiempo particular, la virulencia de fuerzas como el racismo y el antisemitismo, y el ejercicio y el control social por parte de los custodios institucionales de “virtudes” normativas como el crecimiento espiritual, la salud mental y el bienestar físico”. [10] Una interpretación histórica de la sexualidad siempre es una interpretación sobre las relaciones de poder. Estas relaciones de poder nunca son inherentes o intrínseca a una persona o a una determinada relación. Estas experiencias de poder están siempre socialmente construidas. La sexualidad como tal se construye socialmente. En este sentido podemos hacer nuestra la definición de género brindada para esta Consulta: “Tradicionalmente se entiende por género la construcción o interpretación social y cultural del sexo biológico de las personas y de las relaciones que, en razón de su sexo [u orientación sexual], deberían guardar entre sí. Género es el conjunto de características sociales, culturales, políticas, jurídicas y económicas asignadas al sexo diferencialmente” [11] . Este criterio constructivista de género se aplica también y con la misma amplitud al concepto de sexualidad humana. Sin duda las conductas sexuales construidas socialmente tienen un fundamente fisiológico pero la fisiología nunca puede proporcionar pasión, elección de objeto, identidad o motivos. Estos provienen de la dinámica y cambiante construcción social. El cuerpo como tal no produce su propia significación. Son las relaciones sociales y la estructura psíquica las que construyen esos significados. Esta escuela que nos habla de la construcción social de la significación sexual se contrapone con la escuela “esencialista” que sostiene que existe una explicación que se construye a partir de un ser específico, de una ontología preexistente, de una naturaleza o de una identidad que está más allá de la construcción de significados sociales. En cambio la escuela constructivista afirma que la interpretación histórica de la sexualidad supera el esencialismo sexual porque, si aceptamos que nuestra identidad se construye en un marco relacional, no podemos afirmar que nuestras identidades o nuestras posibilidades de conducta o de relación sean fijas e invariables. Las relaciones sociales son las que dan sentido y riqueza a nuestra comprensión de la sexualidad. Esas relaciones van construyendo la identidad en el tiempo y en el espacio. Esta forma de ver la identidad sexual nos lleva a poner el énfasis en lo que hacemos y no en los que somos. Nuestra comprensión de la sexualidad, desde esta perspectiva constructivista, nos lleva a entenderla como una realidad dinámica, abierta, cambiante y en relación con otros y otras. No se construye en el vacío, se construye junto a otros y otras. Dualismos La sexualidad humana considerada desde la perspectiva protestantes nos da un panorama fascinante y a la vez confuso, que hace imposible hablar de una escuela hegemónica. Pero a pesar de las divergencias podemos decir que, en primer lugar, todos comparten la afirmación que dice que la sexualidad es un don positivo dado por Dios pero que en muchos casos ha sido distorsionado por el pecado humano. La sexualidad es una dimensión básica de nuestra humanidad. Incluye pero no se limita a los sentimientos ni a la expresión genital. [12] En segundo lugar, existe un cierto consenso en afirmar la necesidad de liberar la vivencia de la sexualidad de dos dualismos alienantes. Por un lado el dualismo introducido por el Helenismo y el Neoplatonismo en el cristianismo primitivo, que divide al ser humano en cuerpo y en espíritu. La tradición judía, por el contrario, estaba libre de este dualismo y consideraba a la persona como una unidad. Esa tradición estaba, por su lado, marcada por un fuerte dualismo patriarcal que presume la superioridad del varón sobre la mujer. Estos dos dualismos han caminado juntos en la historia de la comprensión cristiana de la sexualidad. Considera al varón superior por el simple hecho de serlo y le adorna con múltiples cualidades espirituales positivas. La mujer considerada en un segundo plano y se la limita a los sentimientos más relacionados con lo corporal. El tercer consenso que podemos encontrar entre las comunidades cristianas de tradición protestantes es la falta de una historia que exalte la virginidad y el celibato como superiores a la vida sexual en el matrimonio. Esta es una clara diferencia con la tradición católica. El elemento teológico que subyace y sustenta esta posición reformada es la convicción de que la salvación se obtiene por la gracia libre y gratuita de Dios y no por las buenas obras (virginidad y celibato) El cuarto consenso que encontramos entre las iglesias protestantes es el rápido abandono de la procreación como el propósito primario del matrimonio y de la vida sexual. En su lugar se enfatiza la comprensión de la sexualidad como expresión de un amor fiel y que construye mutualidad. Entre las principales iglesias protestantes encontramos, como quinto consenso, y que muchas veces será una línea divisoria con los grupos ultraconservadores y fundamentalistas, es la apertura hacia nuevas formas de comprensión de la sexualidad, su naturaleza y una historia que relativiza normas éticas o morales La Reforma Protestante del siglo XVI tendrá dos énfasis doctrinales importantes y que afectan nuestra actual comprensión de la sexualidad. En primer lugar consideró que no tenía fundamentos bíblicos la distinción del cristianismo medieval entre la naturaleza y la gracia. Existió una fuerte tendencia a considerar la sexualidad como inherentemente mala y pecaminosa. Los reformadores no piensan que la naturaleza ni la sexualidad sean malas. La corrupción no esta en ellas sino en la voluntad esclavizada por el pecado de los seres humanos, y en la forma en que se expresa esa sexualidad en el mundo de la naturaleza. La segunda consideración teológica de los reformadores fue la insistencia en la justificación por la gracia en lugar de la justificación por las obras. El celibato y la virginidad no eran méritos especiales en el plano de la salvación, y el matrimonio. La plena vida sexual fue positivamente afirmada. Pero no todo era un lecho de rosas pues había sentimientos ambivalentes. Lutero consideraba al matrimonio como una escuela del amor divino pero también como un hospital para los enfermos porque la sexualidad en los seres humanos caídos siempre tenia aspectos de codicia y corrupción. En tanto Calvino que fue uno de los primeros en afirmar que el objetivo primario del matrimonio no era la procreación sino el compañerismo, también decía que el matrimonio era un freno a la lujuria. [13] Los reformadores no pudieron liberarse totalmente del pesado dualismo heredado de los tiempos de la patristica y la historia medieval. Como modelo de vida matrimonial, se presentaron los ejemplos patriarcales tomados del Antiguo Testamento. Aún Calvino, que en muchos aspectos consideraba a la mujer más positivamente que en épocas anteriores, afirmaba su subordinación al varón. Consideraron que la sexualidad en si misma era una realidad cuya expresión requería para su ejercicio de la aprobación eclesiástica En el siglo XX, y en el ámbito académico, las iglesias protestantes se fueron alejando de la comprensión de la sexualidad centrada en la ley y centrada en la valoración ética del acto en sí encaminándose hacia una moralidad basada en consideraciones sobre las relaciones interpersonales. Entre dos jardines. Los cristianos se han movido a lo largo de la historia entre dos jardines: el del Edén y aquel del Cantar de los Cantares, siendo este último un relato muy mal interpretado a lo largo de la exégesis bíblica. Este extraño poema describe un jardín erótico, un jardín en el que se celebra el gozos y le placer entre dos amantes. No podemos ocultar que el Cantar es un relato sexual. El Jardín del Edén, por otro lado, ha sido propuesto como modelo de la sexualidad normativa. Debemos en este momento hacer una distinción de vocabulario: muchas veces se utiliza normal para describir aquello que es estadísticamente mayoritario, El antónimo de normal es “inusual”, no necesariamente pecaminoso. [14] . Existe la tentación de afirmar que el relato del Génesis establece un modelo para toda vida humana en todo tiempo y en todo lugar. Los teólogos “creacionistas” piensan que se debe leer los capítulos 1 y 2 del Génesis como la fuente primaria del establecimiento de principios fundamentales de moralidad. Como desafío a esta posición es necesario leer esos capítulos en su totalidad. Los seres humanos estaban desnudos y no se avergonzaban (2:25); eran vegetarianos (1:29-30); existía un solo idioma (2:20); se observaba como día del Señor el sábado (2:3); había un mandato obligatorio de reproducción (1:28). Una ética sexual coherente, basada en estos relatos, tendría que incorporar todos estos elementos y no solo algunos. Como consecuencia nos sorprende el comportamiento de Jesús y de Pablo, que según el testimonio del Nuevo Testamento eran solteros, violando el mandamiento de multiplicarse y de casarse. Las comunidades cristianas en su gran mayoría ya no observan el mandamiento que establece el sábado como día consagrado al Señor, y otros aspectos reflejados en los textos en consideración. Este apegarnos al texto y no discernir el Espíritu nos hacer perder de vista que lo importante en estos capítulos es la esencialidad de la sexualidad que construye mutualidad.. Estos relatos históricos no son una ley. Nos anuncian una buena nueva acerca de la generosidad de Dios y de la bondad de la creación incluyendo la sexualidad. Es el relato de que muestran el don con el que Dios nos doto desde un principio: de deleitarnos y de conectarnos unos con otros, el don de trascender, en definitiva, el don de la humanidad. El otro jardín se refleja en el Cantar de los Cantares, que es una colección de poemas de amor colocados en los labios de una pareja que demuestran abiertamente sus sentimientos, Nos sorprende con las descripciones del cuerpo del varón y de la mujer porque introduce abiertamente el erotismo en la espiritualidad. La experiencia erótica que desafía a una sociedad hostil al amor y a sus vivencias. En este poema lo erótico está íntimamente vinculado con la ternura y nunca con la violencia. Este poema nos lleva a valorizar la intimidad y la privacidad de la unión sexual y es una invitación a adentrarnos en el mundo de los sentidos. [15] Este es un relato con profunda implicancias para el mundo de la fe y de la política. El espacio del erotismo y de la sexualidad son espacios dados por Dios para que disfrutemos de nuestros cuerpos y de sus vivencias. El amor clandestino de esta pareja es un cuestionamiento al amor establecido en el modelo institucional de la corte real. Desde un comienzo este amor tiene enemigos. El modelo oficial y aceptado como normativo, la poligamia, establecía una sexualidad impersonal, construida a partir de consideraciones políticas, económicas o de mera conveniencia social. El amor de ese pareja clandestina cuestiona a una sociedad fuertemente agresiva con la mujer y que ignoraba el amor verdadero. También cuestiona los preconceptos y la pobreza del modelo sexual de los sectores poderosos de la sociedad que definían las pautas morales y culturales de la época. Indudablemente Salomón nunca pudo haber sido el autor de este poema. El cuerpo exaltado es predominantemente masculino, y teniendo en cuenta los estereotipos sociales parece poco verosímil atribuir ciertos anhelos, deseos, expectativas y temores al modelo oficial de varón construido por aquella sociedad. La interpretación alegórica de este poema ha hecho mucho daño a la comprensión del mensaje y a la vivencia de la sexualidad en las comunidades cristianas. Solo una lectura obvia y natural podrá recuperar el sentido real del Cantar. Indudablemente la interpretación alegórica tiene una larga historia, ya establecido por los mismos judíos, que en el primer siglo de la era común, veían en la joven la representación de Israel y entendían el cántico como un diálogo entre Dios y su pueblo elegido. Los cristianos no necesitaron ser muy creativos para trasladar esa relación a Cristo y el alma del creyente. Este poema nos dice que todo lo bueno viene de Dios y el amor y el erotismo también. Saludablemente el Cántico no sacraliza la sexualidad como actos divinos, o que tengan una vinculación especial con Dios. No pretende ubicar la sexualidad en otro planto que aquel al cual pertenece: la vida cotidiana. La sexualidad no se la separa del mundo del trabajo, del descanso, de las injusticias sociales, del deseo, etc. El amor y la sexualidad no son más ni menos puros o sagrados que todas las otras realidades del mundo cotidiano. El Cántico no vincula en ningún momento la sexualidad con los criterios de pureza imperantes en la cultura judía. No es una reflexión teórica sobre el amor sino que es un testimonio de vida. En este poema los seres humanos son presentados con sus limitaciones y pobrezas y la sexualidad es un reflejo de esa realidad. No puede ser de otra manera. Nadie mejor que la autora del Cantar para alejarnos de la tentación de idealizar la experiencia sexual. El tema central del Cántico es el amor profundo de dos seres humanos. [16] Esta experiencia es un claro enfrentamiento con la moral y las costumbres de los sectores poderosos representados por la figura de Salomón, su harén y sus riquezas. Tres críticas se dirigen a la sociedad. La primera es una crítica al amor impersonal que nace de la poligamia que despersonaliza la relación amorosa. La segunda crítica se dirige contra la frivolidad del modelo de amor propuesto por los y las cortesanas. El deseo hasta dirigido hacia las riquezas y no hacia los cuerpos. La tercera crítica se relaciona con el papel que tiene la mujer en esa sociedad. En varios momentos el texto insinúa el carácter clandestino de la relación de esta pareja. Con su amor la pareja esta cuestionando y transgrediendo las leyes sociales, que tienen a la vez carácter civil y religioso. La pareja, y en especial la mujer, es llevada a ocultar sus sentimientos y a esconder su erotismo. Estos deseos de la mujer no tienen lugar en el modelo de sexualidad que predomina en la sociedad. La mujer corre el riesgo de ser considerada una prostituta por expresar sus sentimientos. El Cántico hace evidente ciertas cuestiones éticas. La primera es la legitimidad del amor. Un amor que no necesita de la sanción social para otorgarle legitimidad. En este sentido el mensaje sostiene que el amor verdadero entre dos personas, no necesita de una ley externa que les conceda un certificado de valides. [17] La segunda cuestión es el tema de la fidelidad. Esta pareja no está abierta a los demás. La fidelidad es un valor central en el mensaje del Cantar. La fidelidad que nace en medio de la clandestinidad y de una relación cuestionadora de los valores establecidos. Una fidelidad que se contrapone con la situación de prostitución sutil propuesto por el modelo oficial. El tercer tema es el de la relación entre ternura y sexualidad. Se entiende por ternura aquella actitud que busca lo mejor para el otro o la otra, y el aprender a disfrutar con placer de la persona amada. Etica de la Pureza y Etica de la Propiedad. Así como el dualismo del cuerpo inferior al alma y el de la mujer inferior al hombre, existen otras dos categorías que han estructurado el pensamiento judeocristiano con respecto a la sexualidad: la ética de la pureza y la ética de la propiedad. [18] Uno de los temas dominantes en la aproximación bíblica al tema de la moral sexual está estrechamente relacionado con el concepto de pureza. La pureza se la entiende como el rechazo de todo aquello que se considera sucio. En general todas las reglas de pureza gobiernan los límites del cuerpo humano. Esta regla es transmitida, en toda sociedad, desde la primera infancia y llegan a tener un carácter de tan evidentes que no necesitan mayor explicación. El sistema de pureza tiene en su centro a la persona humana y sus limites. El cuerpo se transforma en una especie de símbolo de la sociedad en la cual la persona vive. Lo sucio se lo ubica fuera de esos límites, Existen diferentes sistemas de pureza que varían de una cultura a otra. La etiqueta de puro o impuro no se establece en forma automática y a los mismos objetos o acciones. Lo que es puro en una cultura o en una época determinada, puede ser impuro en otra. El pueblo judía se distinguía por muchos aspectos: el rechazo de imágenes en la liturgia; la insistencia en el monoteísmo; la observancia de un día de descanso semanal, su preocupación por la pureza de las comidas; la práctica de la circuncisión; y su rechazo a los casamientos con pueblos gentiles, son algunas de las características más obvias. Israel testimonia esta fe distintiva en relatos que actualmente conocemos con el nombre técnico de Escrituras. De este grupo eran fundamentales los primeros cinco libros llamados “la ley” o la Torah. Estos libros constituían la ley criminal, civil y religiosa básica de Israel. Si bien las ordenanzas de pureza están esparcida a lo largo de toda la Torah, lo más importante en cuanto a leyes sobre pureza lo encontramos en el Libro de Levítico (cap. 11-16 y 17-26). Si bien es difícil darle una fecha de redacción seguramente ya existían con anterioridad a su incorporación a la Torah tal como lo conocemos hoy. El primer código (cap. 11-16) su interés primario se relaciona con situaciones de impureza que exigen algún rito de purificación; el segundo (cap.17 a 26) llamado Código de Santidad, se ocupa principalmente con las consecuencias históricas de la impureza. Este código se interesa en convocar a todo el pueblo para que se purifique quitando de entre ellos a los transgresores. Este código enfatiza la absoluta separación de Israel de todos sus vecinos y su concepto de santidad esta relacionado con la integridad, no solo de Dios sino de toda la creación. Por lo tanto todo ser humano, animal u objeto que no conserve la plenitud era considerado impuro (leprosos, impedidos físicos diversos, castrados, etc). Asimismo la polución se la relacionaba con mezclar elementos de categoría diferente. Nadie puede combinar o unir dos seres íntegros en su naturaleza porque se las considera como perfecciones que se excluyen. Esta es una de las razones para condenar los actos homosexuales masculinos solamente porque el ubicarse en el lugar de la mujer en la relación sexual es una impureza de la misma naturaleza y categoría que combinar una tela de lino con una de algodón. La Visión de Pedro. Hechos 10: 9-23 Como ejemplo del funcionamiento de estos códigos de pureza es importante explorar el Libro de los Hechos de los Apóstoles ya que represente el testimonio más útil en el Nuevo Testamento de la forma en la cual la iglesia primitiva enfrentó el tema de la pureza desde la perspectiva del Evangelio. La visión de Pedro tiene estrecha relación con la visión de Cornelio en los versículos anteriores (10: 1-8). Cornelio es un centurión romano y por supuesto es una figura simbólica que representa al imperio romano y su cultura En segundo lugar es un prosélito pero que aún no ha asumido la observancia de todas las reglas de pureza y no ha sido circuncidado. Y en tercer lugar, desde la perspectiva misionera, se abren varias cuestiones: uno cosa es aceptar que los gentiles también pueden ser salvos en Jesucristo y recibir el Espíritu Santo y otras muy diferente comer y convivir con ellos. La convivencia con esas personas cuestiona las leyes mismas de pureza. De hecho debemos destacar que la acusación que se le hará posteriormente a Pedro no fue la de haber recibido a Cornelio sino de haber comido y entrado en su casa, que son signos de comunión y fraternidad. Al igual que en el relato del eunuco de Etiopía (cap.8) en este relato también el protagonista principal es el Espíritu Santo cuyas acciones sustentas todas las otras acciones, tanto las de Cornelio como las de Pedro. Para Lucas, al igual que Pablo, aquello que constituye la comunidad cristiana como tal es la comunión real y la convivencia material y la participación a una misma mesa. Si los ricos y los pobres, los judíos y los no judías, los hombres y las mujeres comen en lugares diferentes, el cristianismo hubiera tenido diferente contenido y lecturas diferentes para cada uno de los grupos y no hubiera existido una iglesia real. Quien se niega a comer y participar de la misma mesa de los pobres y excluidos y a convivir con ellos, desfigura el rostro de la Iglesia y busca constituir un grupo pseudo gnóstico. Frente a esa pseudo espiritualidad el Nuevo testamento afirma que la comunión eclesial es ante todo una comunión material, corporal: los cuerpos están uno al lado del otro y comen de la misma mesa. [19] ........................................................................................................................................................ A lo largo de todo el Nuevo Testamento, todos los relatos coinciden en que para los cristianos la pureza física ya no es un elemento determinante en su relación con Dios. Los evangelistas están atacando toda clasificación religiosa de las personas de acuerdo a criterios externos verificables, entre los cuales los de pureza física gozan siempre de mucha popularidad. El cristianismo para prevenir este peligro hizo de la pureza física una elección totalmente opcional. Completamente irrelevante para la salvación o para ser miembro de la iglesia. Los primeros cristianos no dejaron de tener conciencia entre lo puro y lo impuro, pero aquello que fue abolido fue el relacionar estrechamente la pureza física con el favor divino. Desde los tiempos del Nuevo Testamento hasta la actualidad toda ética cristiana se explicará a sí misma en términos de pureza del corazón. Otro de los criterios con el cual se fue construyendo el pensamiento cristiano relacionado con la sexualidad es el de la propiedad. Una vez abandonado el criterio externo de pureza física, se introduce firmemente el concepto de propiedad y de codicia de los bienes ajenos. En la familia patriarcal tal como se la describe en el Antiguo Testamento la esposa era una forma de propiedad y el adulterio era una violación de la propiedad de otro varón y que debía ser castigada. No es sorprendente encontrar que el mandamiento en contra del adulterio se encuentre tan próximo del que habla de no robar. Por supuesto los hijos, al igual que la esposa, era primariamente posesiones. El incesto era definido como una transgresión del orden jerárquico en la familia patriarcal. Esta jerarquía es una expresión de las relaciones de propiedad que ejercía una persona sobre otra. El lenguaje empleado muestra claramente que era una ofensa, no tanto sobre la persona violada sino contra el propietario de esa persona. La Torah habla muy poco de la prostitución. El problema no estaba en el hecho de recibir o no una paga por la relación sexual sino que la persona en situación de prostitución escapaba del encuadre de propiedad y jerarquía de la familia patriarcal. Se podría afirmar que en temas de relaciones sexuales uno debe comprar pero nunca alquilar. La conducta de Jesús refleja una cierta distancia de esta familia patriarcal. Abandonó su hogar y su ministerio es errante. Cuando invita a sus discípulos a convertirse en niños para entrar en el Reino simplemente quiere decir en ubicarse en la más baja posición en la jerarquía familiar, abandonando todo reclamo de posición social, seguridad o respeto. En esta familia ya no hay padres ni maestros, todos son hermanos y hermanas. Todos son hijos e hijas, fuera de la estructura patriarcal. En sus discusiones sobre la resurrección con los saduceos, el matrimonio no tiene lugar en el Reino. En sus enseñanzas y en su permanente ejemplo dado al círculo más cercano de discípulos, la familia ya no tiene un lugar central ni un valor incuestionable. La prohibición del divorcio y su redefinición de adulterio coloca a la mujer fuera del reino de las propiedades descartables y la hace de la misma dignidad que su marido. Igualmente, cuando Jesús acoge a los niños, que están ubicados en la base de la pirámide jerárquica de la familia patriarcal, esta trastocando los valores de la familia tradicional. Indudablemente, y según los textos Jesús no era muy amigo de esta institución familiar patriarcal. Jesús pide que la esposa no sea considerada como una propiedad descartable y al cambiar la situación de la mujer, Jesús altera la de los hijos. El hacer del hijo el ejemplo a tener en cuenta para entrar en el Reino y no tomar en cuenta la figura del padre, está nuevamente negando la estructura de ese tipo de familia. El concepto de adulterio que tiene Jesús no consiste primariamente en el hecho de la unión sexual de dos personas, en las que una por lo menos es propiedad de otra persona, sino que consiste en la intención, puesta en acto o no, de apropiarse de algo que le pertenece a otro. Ninguna persona está libre del pecado, pero la naturaleza del pecado se ubica en la impureza del corazón en lugar del acto físico mismo. “En los tiempos primitivos una de las características del cristianismo era que rompía las barreras; y todavía puede hacerlo cuando se le da la oportunidad” [22] Buenos Aires, 10 de Enero de 2001 [1]
Walter
Wink. “Biblical Perspectives on Homosexuality”, The Christian Century,
7 de diciembre de 1979: 1085 |