¿QUÉ INVOLUCRA UNA RESPUESTA BASADA EN EL GÉNERO? | |
Enfrentando los desafíos de las ETS y el HIV/SIDA: Una respuesta basada en el género |
Traducción: Laura E. Asturias (Guatemala)
¿Cuáles cambios se necesitan para crear un ambiente que permita a mujeres y
hombres protegerse a sí mismas/os y mutuamente? ¿Cómo pueden ellas y ellos
colaborar en forma igualitaria para proveer cuidados y apoyo a las personas
directamente afectadas por la epidemia? Los enfoques basados en el género
pueden ayudarnos a responder estas preguntas de una manera que oriente los
programas hacia la promoción de cambios sociales que apoyen la prevención y el
cuidado del HIV/SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual (ETS).
El género se refiere a ideas y expectativas (normas) ampliamente compartidas acerca de las mujeres y los hombres: ideas sobre características habilidades "típicamente" femeninas y masculinas y expectativas acerca de cómo deberían comportarse las mujeres y los hombres en varias situaciones. Estas ideas y expectativas se aprenden en las familias, con las amistades, de los y las líderes de opinión, de las instituciones religiosas y culturales, en las escuelas y el lugar de trabajo y a través de los medios de comunicación. Reflejan, e influyen en, las diferentes funciones, la condición social y el poder económico y político de las mujeres y los hombres en la sociedad. La condición social y el poder afectan el riesgo de infección de una persona y la capacidad de las comunidades para manejar la epidemia. La baja condición social y el escaso poder de las mujeres y la gente joven conducen a su subordinación y restringen sus posibilidades de tomar control de sus vidas en relación con el HIV/SIDA y otras ETS. Las presiones sociales también dificultan el que los hombres cambien sus conductas en este aspecto. Sus conductas sexuales podrían verse influenciadas por sus relaciones con otros hombres y otras mujeres (es decir, padres, hijos, madres, hermanas, pares) [6]. A continuación, tres ejemplos muestran cómo se relaciona el género con las normas que afectan la prevención y el cuidado del HIV/SIDA y otras ETS. Los ejemplos han sido simplificados. Un análisis de género profundo también tomaría en cuenta otras diferencias que interactúan con el género para crear situaciones de dominación y subordinación, tales como edad, clase, etnicidad y religión. [7]. NORMAS RELACIONADAS CON LA PATERNIDAD Y LA MATERNIDAD En la mayoría de las sociedades, la función primordial en la vida de las mujeres es la crianza de niñas y niños. Aunque la paternidad responsable puede ser promovida, se considera que la función principal de los hombres consiste en ser el proveedor económico y representar a la familia en la sociedad. Tales normas tienen dos implicaciones amplias en relación con el HIV/SIDA y otras ETS. En primer lugar, se hace una división falsa entre la función "reproductiva" (de las mujeres) y la "productiva" (de los hombres) [8]. La expectativa de que las mujeres deben cuidar a las niñas y los niños se extiende a todos los miembros del hogar que necesitan apoyo; es decir, a personas ancianas, a personas que padecen HIV/SIDA y/o a niñas y niños huérfanos/as. Usualmente no se espera que los hombres asuman funciones de cuidado. Esta supuesta división, sin embargo, no corresponde enteramente con la realidad. Casi universalmente, las mujeres siempre han asumido tareas tanto productivas como reproductivas, pero éstas simplemente no han sido remuneradas, compensadas materialmente o reconocidas. En muchos países africanos, por ejemplo, mucho más de la mitad del trabajo agrícola es realizado por mujeres (68% en la República Central Africana y en el Congo; 70% en Gambia). Aun así, las mujeres no tienen acceso igualitario a las oportunidades educativas o al mercado de labores remuneradas, los cuales contribuirían a la independencia social y económica y a una mayor seguridad en sí mismas. Una segunda consecuencia es que las mujeres que las mujeres que no tienen hijos/hijas no son consideradas como "totalmente adultas" o podrían ser vistas como "desviadas". Su condición social es a menudo baja. Si el no tener hijos/hijas se debe a infertilidad, es posible que lo ignoren o que se nieguen a aceptar el diagnóstico y tratar repetidamente (aun con una variedad de parejas) quedar embarazadas. Esto, por supuesto, implica que tienen relaciones sexuales sin protección, aumentando así su riesgo de exponerse a ETS/HIV. Adicionalmente, cuando las mujeres que no tienen hijos/hijas expresan sus opiniones acerca de las medidas comunitarias que se requieren para la prevención y los cuidados de ETS/HIV, sus sugerencias podrían no ser totalmente respetadas o aceptadas por otras personas de la comunidad. Las voces de las mujeres que son madres también pueden gozar de menor credibilidad, ya que se espera que ellas se limiten a asuntos relacionados con el hogar. NORMAS RELACIONADAS CON LA SEXUALIDAD Entre las numerosas normas relacionadas con el sexo, muchas sociedades comparten la idea de que las mujeres seducen a los hombres a tener relaciones sexuales y que debido a que las necesidades sexuales de ellos son tan fuertes, los hombres no pueden resistirse. Estas nociones hacen que los hombres parezcan estar dominados por sus instintos, incapaces de controlar su conducta y ser víctimas del poder de las mujeres. Como resultado de ello, no se espera que los hombres se comporten de manera responsable, mientras que se controla la sexualidad y la conducta de las mujeres. Por ejemplo, en muchos países, las jóvenes que resultan embarazadas deben abandonar la escuela, mientras que los muchachos que las embarazaron pueden continuar sus estudios sin ningún requerimiento de contribuir al cuidado del bebé. A fin de proteger a los hombres de sí mismos, las reglas sociales también privan a las mujeres de la libertad de movilizarse libremente y conducen a situaciones en que las mujeres, y no sus atacantes, son culpabilizadas por el abuso sexual. Estas ideas constituyen un obstáculo a la prevención del HIV/SIDA pues absuelven a los hombres de asumir la responsabilidad por su conducta sexual. También impiden que las mujeres tomen medidas para protegerse a sí mismas. Por ejemplo, las mujeres podrían estar renuentes a comprar y llevar condones pues serán acusadas de querer "provocar" a los hombres para que tengan relaciones sexuales con ellas. Las mujeres podrían negarse a reportar los abusos pues temen que esto afectará su posición en la sociedad: si se llega a saber que una joven fue sexualmente abusada (el resultado de un juicio), en algunos países le resultará difícil casarse pues tanto las mujeres como los hombres la verán como "defectuosa/manchada". Muestra de las aseveraciones que reflejan la idea de que las mujeres seducen a los hombres: - "Las mujeres deberían usar el purdah [vestimenta que cubre a la mujer de pies a cabeza] para asegurar que los hombres inocentes no se exciten innecesariamente con el cuerpo de las mujeres y no se vean inconscientemente forzados a convertirse en violadores. Si las mujeres no quieren caer presas de tales hombres, deberían tomar las precauciones necesarias en lugar de culpar siempre a los hombres" (comentario de un miembro del parlamento de Malasia durante los debates sobre la reforma de las leyes sobre violación [9]). - "La niña era sexualmente agresiva" (razón dada por un juez canadiense para suspender la sentencia de un hombre que abusó sexualmente de una niña de tres años [9]). - "El condón femenino aumentará la inmoralidad entre las mujeres y las madres solteras. Es peor que el condón masculino, porque da a las mujeres la oportunidad de hacer lo que quieran. Vamos a hacer sermones en contra de estos condones -- la iglesia no puede avalar su uso" (sacerdote de parroquia en Kenia [10]). NORMAS RELACIONADAS CON EL PODER EN LAS RELACIONES En muchas sociedades, se espera que los hombres controlen a las mujeres en todos los aspectos de las relaciones. Esto involucra la toma de decisiones acerca de cuándo y con quién se casará una joven/mujer, cuándo y cómo tendrá relaciones sexuales, cuándo tendrá hijos/hijas y cuántos/as, gastos domésticos, etc.: - "Ahora estoy embarazada. Fue un accidente. Yo quería ir a la clínica pero mi esposo me quitó la tarjeta. Él quería tener más hijos, así que quedé embarazada" (mujer de Kenia [11]). - "Le dije a mi esposo que era mejor usar condones; el médico lo había dicho. El médico también me había dado algunos para usar en la casa. Mi esposo se enojó mucho y me preguntó quién me había dado permiso para llevar esos condones a la casa" (mujer de Kenia [12]). Este tipo de poder masculino es apoyado por las tradiciones y las normas sociales. Las mujeres aprenden, por ejemplo, que su lealtad primordial debe ser hacia su familia y sus parientes, lo que provoca que actúen en formas que refuerzan en lugar de desafiar la subordinación femenina. A menudo, las mujeres de la familia refuerzan normas comunitarias diciendo, por ejemplo, que los hombres de la familia deben asumir autoridad sobre las viudas. Adicionalmente, los hombre pueden imponer su voluntad sobre las mujeres, aun recurriendo a la violencia para conseguirlo. Aunadas a la dependencia económica de las mujeres respecto de los hombres, las ideas y expectativas relacionadas con las funciones "propias" de los hombres y las mujeres dificultan o imposibilitan que ellas demanden que los hombres compartan la responsabilidad de prevenir la transmisión sexual y perinatal del HIV y otras ETS. El análisis de género y los programas basados en el género pueden ayudar a mujeres y hombres a redefinir sus relaciones en una forma mutuamente beneficiosa. Conforme las mujeres se insertan en dominios tradicionalmente "masculinos", los hombres pueden ser motivados a empezar a compartir las responsabilidades en el "dominio femenino". Algunas mujeres ya ejercen un poder considerable, aunque frecuentemente en formas sutiles. Sus fortalezas existentes deberían ser reconocidas y se deberían expandir su confianza en sí mismas y sus habilidades sociales. A los hombres se les puede ayudar para que vean cómo su posición privilegiada y sus funciones sociales les orientan más hacia relaciones autoritarias y competitivas (y, posiblemente, conflictivas) que hacia la colaboración. Conforme cambian las dinámicas de las relaciones hombre-mujer, las comunidades podrán beneficiarse del potencial de todos y todas sus integrantes para minimizar el impacto del HIV/SIDA y otras ETS. Referencias
6. Reid, E., Women's dreaming: women, sexuality and development. Presentation
at the Women's Studies Conference, Sydney, Australia, November 1994.
Publicado por:
La presente no es una publicación formal de la Organización Mundial de la
Salud; todos los derechos son reservados por KIT, SAfAIDS y WHO. Este documento
puede ser libremente revisado, resumido, reproducido o traducido, con los
debidos créditos, parcial o totalmente, pero no puede ser vendido o utilizado
en conjunto con fines comerciales. Solamente las autoras son responsables por
las opiniones expresadas en los artículos y las publicaciones enumeradas.
Texto escrito/compilado por: Maria de Bruyn, Helen Jackson, Marianne Wijermars,
Virginia Curtin Knight y Riet Berkvens
|