DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS:
PARA ELEVAR LA CALIDAD DE VIDA Y PROMOVER LA JUSTICIA SOCIAL |
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Promover la reflexión en las relaciones entre hombres y mujeres desde un punto de vista ético basado en la justicia es una tarea impostergable. |
Por María Consuelo Mejía
Mujeres y hombres están llamados a afirmar su capacidad moral para tomar
decisiones
serias y responsables en los más diversos órdenes de sus vidas,
con arreglo a
los dictados de sus conciencias. Estas son ideas que constituyen una base
esencial para mejorar las condiciones en que se resuelven los dilemas
relacionados con la sexualidad y la reproducción de hombres y mujeres.
Católicas por el Derecho a Decidir A.C.
Hoy es necesario impulsar opciones liberadoras que permitan la expresión de cientos de miles de personas que no han logrado hacer compatibles sus vivencias cotidianas con los preceptos jurídicos y religiosos vigentes en nuestra sociedad; personas a quienes acosan la culpa y los temores causados por la distancia creciente entre los dilemas que enfrentan en su vida diaria y la moral retórica de una cultura anclada en otras épocas. Hoy es necesario hacer valer los derechos humanos que favorecen la libre opción, la libertad y la igualdad de frente al ejercicio de la sexualidad. Nuestro trabajo se dirige al "empoderamiento" de las mujeres y a la promoción e impulso de los derechos sexuales y reproductivos de hombres y mujeres. Reconocemos como aspectos capitales que facilitan el ejercicio de estos derechos, el poder de tomar decisiones autónomas, fundamentadas e informadas, y los recursos materiales para tener acceso a los servicios, métodos y técnicas que vuelvan realidad ese poder. Entendemos que estas tareas innovadoras sólo son posibles dentro de los cauces de una transformación ideológica y política, tanto personal como social, y que esa transformación no va a producirse en una isla de mujeres solas. Invitamos a nuestros compañeros, esposos, hijos y padres a unirse a nosotras, y a reflexionar en las relaciones entre hombres y mujeres. Desde nuestra particular perspectiva, trabajamos por mejorar "las condiciones de posibilidad" para el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos al colaborar en el cuestionamiento y abandono de los valores tradicionales y tabúes vinculados a la sexualidad y la reproducción y al mito de la maternidad como destino "natural" de las mujeres, que pregona la jerarquía de la Iglesia Católica. Reclamamos nuestro derecho a existir, a ser en libertad y con autodeterminación en la Iglesia y en la sociedad. Por primera vez en un foro internacional, en la Conferencia de El Cairo los gobiernos del mundo reconocieron y dieron forma a los "derechos reproductivos" y los respaldaron en derechos humanos básicos reconocidos por ellos mismos en documentos anteriores. El párrafo correspondiente del Plan de Acción aprobado en la CIPD dice: Los derechos reproductivos comprenden ciertos derechos humanos ya reconocidos en las leyes nacionales, en documentos internacionales sobre derechos humanos y otros documentos pertinentes de las Naciones Unidas. Estos derechos se basan en el reconocimiento del derecho básico de todas las parejas y personas a decidir libre y responsablemente el número de hijos, el espaciamiento de los nacimientos y el intervalo entre éstos y a disponer de la información y los medios para hacerlo, así como el derecho a alcanzar el nivel más elevado posible de salud sexual y reproductiva. Incluyen también el derecho de todos a tomar decisiones relativas a la reproducción libres de discriminación. Este reconocimiento sintetiza un largo esfuerzo y es un paso adelante en la lucha de las mujeres por sus derechos; tiene tal autoridad y respaldo mundial, que debemos hacerlo presente una y otra vez a los propios gobiernos que se comprometieron a poner en marcha las recomendaciones del Plan de Acción de la Conferencia. Sirve y servirá para reducir las muertes maternas por partos mal atendidos o abortos en condiciones deplorables; para que cada vez más hombres y mujeres experimenten una sexualidad libre de temores, coacciones y culpas; para que se pueda reflexionar en la sexualidad y, por lo tanto se la planee, evitando así embarazos indeseados y enfermedades de transmisión sexual. Es una herramienta jurídica para elevar sustancialmente la calidad de vida de millones de personas. Aunque nos identificamos en principio con la definición de los derechos reproductivos adoptada en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) celebrada en El Cairo, en 1994, que pone en pie de igualdad a hombres y mujeres, agregamos a ese concepto el derecho de las mujeres a la interrupción de un embarazo no deseado. Nos solidarizamos con las mujeres que han enfrentado el conflicto de valores que entraña decidir un aborto; estamos convencidas de que si han actuado con apego a los dictados de su conciencia, han tomado decisiones éticas válidas moralmente. Sabemos que decisiones tan graves, obligan a quienes las toman a guiarse por la "regla del mal mejor camino", a evaluar seria y responsablemente los beneficios y perjuicios que ellas implican. Debemos distinguir los derechos reproductivos de los sexuales, a los cuales pretendemos hacer valer en tanto: 1. Derecho a la felicidad, a los sueños y a las fantasías; a la democracia en las relaciones entre las personas; al placer y a disfrutar el erotismo, a la libertad y a la autonomía en el ejercicio de la sexualidad. 2. Derecho a vivir una sexualidad placentera y responsable, buena en sí misma, vehículo fundamental de comunicación y amor entre las personas, que no tenga como fin la procreación. 3. Derecho a la integridad corporal y a la autonomía en el control del cuerpo. 4. Derecho a una sexualidad libre de violencia, discriminación y coerción, en un marco de relaciones de igualdad, respeto y justicia. 5. Derecho al ejercicio libre y autónomo de las orientaciones sexuales. 6. Derecho a una sexualidad exenta de miedos, vergüenzas, culpas, falsas creencias y otros impedimentos que inhiben su expresión libre. 7. Derecho a la salud sexual, a la información y servicios asequibles y seguros, necesarios para garantizar una vida sexual libre de enfermedades y deficiencias. En la Conferencia de Beijing se logró un avance significativo en este tema al incluir en los derechos humanos de las mujeres, el siguiente párrafo: Los derechos humanos de las mujeres incluyen su derecho a tener control sobre las cuestiones relativas a su sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva, y a decidir libremente respecto de esas cuestiones, sin verse sujeta a la coerción, la discriminación y la violencia. Las relaciones igualitarias entre las mujeres y los hombres respecto de las relaciones sexuales y la reproducción, incluyen el pleno respeto a la integridad de la persona, exigen el respeto y el consentimiento recíprocos y la voluntad de asumir conjuntamente la responsabilidad de las consecuencias del comportamiento sexual. Las mujeres somos la mitad de la humanidad. Hace apenas 41 años que a las mexicanas se nos otorgó la calidad de ciudadanas y 35 que los métodos anticonceptivos actuales se pusieron al alcance de mujeres y hombres. Pertenecemos a la primera o a la segunda generaciones capaces de controlar su capacidad reproductiva con eficacia. Cada vez más mujeres hacen valer sus derechos sexuales y reproductivos, pero debemos recordar, con Rosa Dominga Trapasso, que este proceso está condicionado por la justicia social y la democracia: En un período de menos de 50 años en que hemos afirmado el derecho de las mujeres a decidir sobre su capacidad reproductiva, hemos adquirido una nueva identidad como mujeres en un proceso de reivindicar nuestra autonomía personal y de replanteamiento de nuestra sexualidad como un valor en nuestras vidas. Este proceso de afirmación ha tomado una nueva dimensión. Nuestra libertad y autonomía individual no pueden estar divorciadas de la justicia social. [...] Luchar en favor de la integridad corporal de las mujeres y de la autonomía es a la vez condenar las condiciones sociales que obstaculizan el ejercicio de nuestra sexualidad, de una maternidad libre y de un desarrollo pleno para todas las mujeres. Las discriminaciones basadas en el género, la pobreza y el racismo invalidan las posibilidades de "escoger" u optar libremente.
La ciudadanía de las mujeres pasa por los derechos sexuales y
reproductivos, y
éstos pueden ser demanda común de todas las mujeres,
independientemente de su
clase, raza, orientación sexual o posición ideológica.
Casi a la vuelta del
Siglo XXI es hora de que se reconozca que las mujeres tenemos la misma
naturaleza humana que los hombres, y que por lo tanto debemos contar con las
mismas oportunidades para desarrollar nuestras potencialidades.
México, D.F. abril de 1996
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