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ElPais  05-10-00

Teólogos de 15 países firman un manifiesto contra la declaración papal sobre
las iglesias
JUAN G. BEDOYA, Madrid
Entre cristianos no todo es tan claro como lo ven Juan Pablo II y su
principal teólogo, el cardenal Joseph Ratzinger. La última declaración
vaticana, la Dominus Iesus (Señor Jesús), sobre la unicidad de la Iglesia
católica como religión verdadera, fue ayer refutada sin contemplaciones por
73 de los mejores teólogos del momento. Su estilo les parece "más próximo al
Syllabus de Pío IX que a los documentos del Concilio Vaticano II" y tiene
"expresiones ciertamente ofensivas para las personas creyentes de otras
religiones". Entre los firmantes están Hans Küng, Jon Sobrino y Leonardo
Boff.



Joseph Ratzinger y Leonardo Boff
 "Fuera de la Iglesia no hay salvación", dijo el obispo san Cipriano de
Cartago, en el siglo III. La única Iglesia verdadera es la católica,
sostiene ahora el pontificado romano. Pero el Concilio Vaticano II matizó
esos principios en 1965 con la proclamación de la libertad religiosa como
uno de los derechos humanos fundamentales, tesis que dio paso al diálogo
interreligioso y a importantes avances hacia la convergencia de las
numerosas iglesias que hunden su origen en un judío crucificado por los
romanos hace 2000 años. Esta ruptura del proceso ecuménico es uno de los
asuntos que más preocupa a los 73 teólogos firmantes del manifiesto Ante la
declaración Dominus Iesus.


Su tesis es que Juan Pablo II y el cardenal Joseph Ratzinger retroceden a
tiempos anteriores al Vaticano II ["El estilo de la Declaración está más
próximo al Syllabus de Pío IX que a los documentos del Vaticano II o a los
textos de Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II"], y que "el texto de la
Congregación vaticana" [la Congregación para la Doctrina de la Fe, ex Santo
Oficio de la Inquisición, que preside Ratzinger] "muestra una clara
insensibilidad ante algunos de los logros alcanzados a lo largo de varias
décadas de actividad ecuménica, tanto en el terreno doctrinal -recuérdese la
Declaración Conjunta Luterano-Católica sobre la Doctrina de la Justificación
de la Fe- como en la pastoral".


Entre los 73 firmantes de esta severa refutación pública al pontificado hay
teólogos y teólogas de 15 países, entre otros, el alemán Hans Küng, que
participó en el Concilio Vaticano II como asesor, invitado por Juan XXIII;
el brasileño Leonardo Boff y el salvadoreño Jon Sobrino, figuras
representativas de la teología de la liberación, uno de los grandes
movimientos del pensamiento cristiano en los últimos treinta años; la
norteamericana Ross Mary Radford-Ruether, catedrática de Teología en la
Universidad de Berkeley (California); la colombiana Ana María Bidegain, y
gran parte de los teólogos españoles, entre otros, José María Castillo, José
María Díaz-Alegría, Casiano Floristán, Juan-José Tamayo, Jesús Equiza,
Benjamín Forcano, Enrique Miret, José María González Ruiz, José Ignacio
González-Faus y José Gómez-Caffarena.


Repercusiones negativas


El manifiesto es un análisis concienzudo de la Declaración Dominus Iesus.
Sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la
Iglesia, redactada por el cardenal Ratzinger, ratificada por Juan Pablo II
el día 16 de junio de este año y dada a conocer el pasado 5 de septiembre.
Recibida con numerosas críticas, especialmente entre las otras religiones
cristianas, el propio Papa se ha visto obligado a hacer algunas precisiones
al documento, la última, el pasado domingo en la plaza vaticana de San
Pedro, durante la oración del ángelus que siguió a la canonización de 123
nuevos santos. Después de negar que la Iglesia católica menosprecie en la
Dominus Iesus a las otras religiones, Juan Pablo II manifestó que la
salvación también es posible en ellas y que el documento de Ratzinger "ha
sido interpretado de manera equivocada". Juan Pablo II matizó también el
documento con esta otra afirmación: "La única Iglesia de Cristo subsiste en
la Iglesia católica".


Subsistir no es lo mismo que ser. Antes del Vaticano II la formulación era:
"La Iglesia de Cristo es la Iglesia católica", de forma que los teólogos se
detienen en esta vuelta de tuerca del Vaticano para centrar ahí "buena parte
del malestar producido por la Declaración en ambientes cristianos". "La
sustitución llevada a cabo por el Vaticano II era más que un mero cambio de
vocabulario", dicen. "Con la nueva formulación, el Concilio pretendía evitar
la identificación exclusiva y excluyente de la 'Iglesia de Cristo' con la
'Iglesia católica'. El que la Iglesia de Cristo subsista en la Iglesia
católica no excluye que subsista también en otras comunidades cristianas. Si
se obvió la identificación total entre Iglesia de Cristo e Iglesia católica
romana fue para reconocer la eclesialidad de las otras comunidades
cristianas". "El reduccionismo que se observa en la Dominus Iesus nos parece
preocupante", concluyen.


El grueso de los firmantes del manifiesto son españoles (43, en concreto),
entre ellos, las teólogas Margarita Pintos y María Martinell, además de
Casimir Martí, Alfredo Tamayo-Ayesterán, Juan Antonio Estrada, Andrés
Torres-Queiruga, Secundino Movilla, Jesús Peláez, Rufino Velasco, Luis
Diumenge, Carlos Domínguez, Joan Botam, Gilberto Canal y Joan Llopis.
Algunos teólogos, profesores en centros católicos, han expresado su apoyo
verbal al documento, pero mostraron su deseo de que no apareciera el nombre
por miedo a represalias de la jerarquía.


La arrogancia rectificada
El Pontificado no hiló fino en la declaración sobre el Señor Jesús. No es
una encíclica papal, sino un documento de la Congregación para la Doctrina
de la Fe (ex Santo Oficio de la Inquisición), que preside el cardenal
Ratzinger, pero, antes de publicarse, Juan Pablo II despachó con el cardenal
y ratificó el texto ["con ciencia cierta y con su autoridad apostólica", se
dice al final de la declaración], para que no cupiera la menor duda de que
lo compartía. Ya son dos las veces que el Pontífice ha tenido que hacer
aclaraciones, por no hablar de rectificaciones, sobre la Dominus Iesus.


Juan Pablo II tuvo que recular ante las críticas, casi lamentaciones,
surgidas desde las otras religiones cristianas que también se sienten parte
de la única iglesia que Cristo fundó, y ha tenido que escuchar también
precisiones de fondo desde la propia jerarquía, entre otras la del famoso
cardenal Carlo María Martini, que, en contra de lo proclamado por Ratzinger,
sostiene que "la salvación es posible al margen de cualquier iglesia, si
cada uno sigue la gracia de Dios y la conciencia moral".


Pero la de ayer es, probablemente, la refutación que más dolerá al cardenal
Ratzinger en su obligado papel de carabinero de la fe. Se trata de
profesores de Teología de las principales universidades del mundo y de los
autores cristianos más leídos. La presencia de Hans Küng, alemán y teólogo
en el Concilio Vaticano II como Ratzinger, le habrá resultado especialmente
amarga. Por incontestable. El cardenal sigue teniendo la sartén por el
mango, pero ya no puede propinarle los sartenazos de hace algunos años.

Dos teorías sobre la salvación

J. G. B., Madrid
El cardenal Ratzinger no deja lugar a dudas. Ésa es la conclusión que
produce la lectura del documento Dominus Iesus. En ocho ocasiones, el
cardenal, después de grandes disquisiciones teológicas y un aporte
apabullante de citas, termina sus argumentos afirmando que lo dicho
anteriormente "debe ser firmemente creído como verdad de fe católica" (las
cursivas son del original).


La discusión entre el cardenal encargado de velar por la doctrina católica y
los 73 teólogos que le refutaron ayer alcanza cotas de altura doctrinal en
torno a la verdad (y si alguna Iglesia la posee absolutamente), y la
salvación, asunto este último sobre el que el Papa ya rebajó expectativas
hace un año al revisar la en otro tiempo apocalíptica versión eclesial sobre
el cielo, el infierno o el purgatorio.


"Ante todo, debe ser firmemente creído que la Iglesia peregrinante es
necesaria para la salvación", escribe Ratzinger. El cardenal concede que la
idea de la "unicidad salvífica" no se contrapone "a la voluntad salvadora
universal de Dios", pero los teólogos le replican que "esa manera
exclusivista de tratar la categoría de salvación ha irritado, creemos con
razón, a no pocas personas creyentes de las grandes tradiciones religiosas
de la humanidad".


Sobre la verdad


"Algunas expresiones de la Declaración Dominus Iesus nos parecen, cuando
menos, discutibles desde el punto de vista doctrinal y ciertamente ofensivas
para las personas creyentes de otras religiones", escriben también los
teólogos. Se refieren, de manera directa, a la afirmación de Ratzinger sobre
que "a las oraciones y ritos no cristianos no se les puede atribuir un
origen divino ni una eficacia salvadora ex opere operato, que es propia de
los sacramentos cristianos". O cuando dice, textualmente, que "los no
cristianos objetivamente se hallan en una situación gravemente deficitaria
si se compara con la de aquellos que, en la Iglesia, tienen la plenitud de
los medios salvadores".


Otro asunto es la verdad religiosa. Ratzinger no tiene dudas, y quiere que
los demás tampoco. Según él, la única Iglesia verdadera es la católica, que
tiene 2000 años de existencia. Proclama, por tanto, que "debe ser firmemente
creída como verdad de fe católica la unicidad de la Iglesia". "Así como hay
un solo Cristo, uno solo es su cuerpo y una sola es su Esposa: una sola
Iglesia católica y apostólica". "La salvación se encuentra en la verdad",
concluye.


Al respecto, los teólogos, "críticamente", le preguntan: "¿Sólo es posible
la salvación cuando la verdad es conocida y poseída? ¿No asegura la
salvación la búsqueda de la verdad"? "Creemos que hubiera sido más acertado
que la Declaración llamara a seguir los dictámenes de la propia conciencia y
a la coherencia entre la vida y las creencias, aunque no sean cristianas, en
relación con la salvación", concluyen.

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