Los duendes del campo
por Francisco Feliciano Sánchez©
RONDA PARA LAS MATAS
QUE NO CRECEN DERECHAS

Ronda para las matas
que no crecen derechas.
Con su tallo inclinado
prefiero yo verlas.

Les pusieron alambres
porque eran traviesas.
Un lazo amoratado
con dolor de cabeza.

Brotó un duendecillo
de bajo la tierra,
con un brazo torcido
y una espiga de muleta.

-¿Qué te pasa, duendecillo?,
por qué te me acercas?
¿Qué le ha pasado a tu brazo
y a tu delicada pierna?

-Entre las matas jugaba
con dulce ritmo de fiesta,
cada una con bello traje
saltaba a gusto la cuerda.

Un alambrito
color de estrella
entró despacito
con cara seria
a poner orden
en la revuelta.

Yo me perfumaba
junto a la gardenia
y al verlo que entraba
salté de mi silla
de limo y de piedra.

¡Qué susto tan grande!
Me puse morado
como una ciruela.
No sentí mi brazo
ni mi ágil pierna.

Mas al levantarme
me llené de pena...
Las dulces amigas
estaban muy quietas.
Como por regaño
se quedaron tiesas.

No sé si están tristes
o si están contentas,
porque soy pequeño
no alcanzo yo verlas.

-Anímate, duende mío,
que sin Clavel ni Violeta
quedará la tarde nuestra.

Hagamos una ronda
que dure desde ahora
hasta que anochezca.

Y cantemos, cantemos...
que despierten los duendes
bajo de las piedras.

Los duendes del rocío
ocultan la canción
en las flores hermosas
así que el sol despierta.

Cantemos, sí,  cantemos,
¡ah, duendes de la Tierra!
Por las plantas y flores
que hoy se encuentran quietas.

Cantemos y cantemos
que el sol no molesta.
¡Mira danzar a Rosa
en baile de Azucenas!
LENGUAJE DE AMOR, TRABAJO Y AMOR

El cariño de la vaca
hacia el becerrito:
le pasa la lengua
por el hociquito.

El cariño de la gata
hacia el gatito:
le muestra las uñas
desde pequeñito,

El cariño de la "Tata"
hacia el nietecito:
teje entre cuentos
y cubre con mimos.

El cariño de papá...
Taqui taqui taqui ta.
Un sueño con flores
en su martillar.

El cariño de mamá...
Taqui taqui taqui ta.
Enseña y canta.
Taqui taqui taqui ta.

Taqui taqui taqui ta.
Todos trabajan taqui ta.

Reparan los techos
y el viejo camino.
Se siembra en los patios,
se llama al vecino.

La hormiga, la oruga,
la abeja en servicio.
Taqui taqui taqui ta.
El lenguaje taqui ta.
El cariño taqui ta.

La vaca, la gata,
la abuela y papá.
Se aman, laboran
como en un panal.

Taqui taqui taqui ta.
Taqui taqui taqui ta.
Un pueblo que sueño
como en un panal.
Queridos niños:

Este libro lo escribí pensando en su edad de inicio que busca poemas y cuentos para leer. Esa edad es como el grano que germina en el buen terreno con maravillosa facilidad.

Ustedes son ese terreno fértil. Los niños tienen sueños muy buenos. Los niños creen en cosas y ven cosas que algunos  adultos no vemos o no creemos por alguna razón. Ustedes tienen muchas ilusiones, que no quisiera que perdieran cuando  lleguen a adultos.  Sin embargo, aunque soy un adulto,  mantengo muy vivas mis ilusiones.

Ustedes son como los granos.  Cuando escribí estos poemas lo hice con el deseo de refrescar el grano que hay en cada uno. Como los granos, todos podemos crecer si nos proveen agua fresca, nos dan buen calor y mucho cariño.  Esos tres elementos se resumen en una palabra: amor.

Además, escribí estos poemas pensando en nuestras tierras.  Estas son parte del planeta. Muchas tierras nuestras están en abandono, esto es, nadie las trabaja.  Hasta nuestros patios han perdido su plantita de jazmín o el aroma de la gardenia.  Por esa razón acudo a los duendes del campo.  Ellos nos ayudarán a sembrar de nuevo en nuestros patios, en nuestros campos, en nuestras tierras.

Con esta actividad mejoramos la vida en nuestro planeta. Esto es deber de todos, de grandes y chicos. Yo empecé por los poemas, pero además he sembrado mis matitas en mi patio y en el terrenito de algunos amigos.

Sueño en que todas las tierras se puedan cultivar, y que nuestro pueblo sea uno muy laborioso en su amor a la tierra. Esa tierra que nosotros no sembramos la desean muchos en el mundo para poder sobrevivir.

Estos poemas no son para leer en una edad en específica. Léelos ahora, o cuando puedas sacar un ratito. Léelos  hasta cuando tengas noventa y ocho años.  ¡Qué muchos...! Sonreirás.
Continuar...
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