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Si fuera un hermoso valle
de celestiales miradas,
un emotivo homenaje,
una oración en las almas,
sería eterno mi mensaje,
sería feliz mi batalla.
Si fuera noble estandarte,
si fuera una única patria,
si en el color de mi sangre,
brillara una misma raza,
sería mi sueño tan grande,
se harían mis noches tan largas.
Pero el sentir que me nace,
jamás encuentra una causa,
se diluye cada instante
que mi recuerdo se apaga,
y con voz sigue buscándote
cada perdida mañana.
Te busco cada momento
que mis ingrávidas ansias,
se escapan con el silencio,
por encontrar tu morada,
Señor, y sigo viviendo
con esa vaga nostalgia.
Para ofrecer a este mundo
eso que siempre proclamas,
que es el amor sin tributos,
que es el perdón sin falacia,
por el deber de ser justos,
a tus bellas enseñanzas.
Y ese es el bien que perdura,
por más que hasta mi ventana,
lleguen siempre moribundas
mis intrépidas palabras,
cuando la guerra no escucha,
cuando el odio nos arrastra,
y desde esta íntima lucha
no se ven más que añoranzas.
Pero tu ejemplo me exhorta
a valorar tus principios,
y con la sed de mis obras
me voy abriendo camino,
porque mi sufrir no importa,
si tu fervor sigue vivo,
si en la quietud de mis horas,
el cielo sigue encendido.
Que TÚ das sin recibir,
consuelas cada lamento,
y curas con tu elixir
de limpio arrepentimiento,
si TÚ haces eso por mí,
¿acaso he de ser yo menos?
Porque yo he de renunciar
a mis ingratas promesas,
por qué yo he de abandonar
si tu calor sigue cerca,
¿acaso aprender a amar
exige alguna respuesta?
Gracias por seguir ahí
como el más fiel aliado,
por hacernos más feliz
este camino que ansiamos,
por ser el claro existir
que todos necesitamos.