![]() OCT-99 Nº 207 |
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Sin ella el pensamiento es concepción
que no queda sino en extravío.
Con ella es fuerza y es visión
que nos eleva con un nuevo brio.
Sin ella la inercia se apresura
a establecer su dominio de quietud.
Con ella lo bueno se procura
y se logra alcanzar la plenitud.
Sin ella la dispersión es soberana
y no se vive sino en desarmonía.
Con ella se planifica el mañana
sin el temor de un día y otro día.
Sin ella estamos confundidos,
y muchas veces sombríos y desiertos.
Con ella nos hallamos imbuidos
de confiados y seguros sentimientos.
Sin ella el pensar sufre y se agita,
no hay paz, no hay armonía, no hay
confianza,
nuestro ideal se sume y debilita
en la triste oquedad de la inconstancia.
Con ella, sin embargo, todo alienta,
y nacen nuevos horizontes,
el ideal a su lumbre se calienta
y nuestra fe transporta hasta los montes.
¡Oh acción! hermana de la idea,
vehículo del propósito que alienta,
eres la luz de aquél que concibiendo
crea
y en su creación adquiere nuevas fuerzas.
¡Oh acción! acción que
santificas
nuestras inmortales ansias de progreso,
la luz que hoy nos comunicas
de siglos trae su celestial proceso.
Arduo ha sido el andar del hombre vano,
tratando de alcanzar su ideal,
y una y otra vez hubo un arcano
en su afán de ascensión y pedestal.
Cuando a la acción llegó, llegó
a la altura,
y en el descenso prodigioso del trabajo,
supo que no se alcanza por ventura
a progresar sino ascendiendo desde abajo.
Por este vehículo ejemplar
que Dios nos concede cada día,
como lámpara que ha de iluminar
nuestro proceso de luchas y fatigas,
habremos de ascender hasta alcanzar
la estable certitud y trascendencia,
de que ilumina nuestra existencia
la concepción transformada en accionar,
luz que se amplía, adquirida la conciencia
de que la acción es vehículo
de dar.
Sin ella, sin la acción, languidecemos,
sin perspectivas nuevas,
por ella luchamos y ascendemos,
el corazón sereno, las manos extendidas,
seguros, pensativos y constantes,
agradecidos por el poder hacer,
y por ver en la acción edificante
la realidad de ser.
CARLOS MANCO