MAY-99
Nº 202
Los libros
(amigos sin medida)
Amigos, fieles amigos
de valiosa compañía,
que multiplican los días
de un aprender productivo,
que me encuentran pensativo
y me reciben cordiales,
poniendo en bienes o en males
la valiosa aportación
de la señera instrucción
constructora de ideales.
Llego siempre hasta vosotros
con internas inquietudes,
y siempre me dais virtudes,
me acompañáis silenciosos,
y multiplicáis los gozos
de despiertos pensamientos,
dando vida y dando aliento
a ideas que van llegando
y en mí se van afianzando,
vosotros las vais nutriendo.
Amigos, tan diligentes,
tan finos y tan precisos,
que me van dando avisos
que movilizan mi mente,
y me hacen más consciente
de las cosas ignoradas,
si es que en cada jornada
soy capaz de abrirme paso
línea a línea y trazo a trazo
y con ansiosas miradas,
por las columnas marcadas
como senderos de vida,
que me entregáis sin medida
cuando no os dejo cerrados.
Es mi honda gratitud
la que hoy me impulsa, y siento,
que hay un precioso alimento
que es fuerza y es virtud,
de espiritual magnitud,
de benéfica influencia,
que permite la afluencia
sobre mi entera vida,
y se me da, sin medida,
como luz, conocimiento,
infundiéndome aliento
y plena fuerza interior,
si os recibo con amor
y os visito diariamente
renovando así mi mente
con vuestro vuelo impulsor.
De vuestras páginas fluyen
las respuestas que requiero,
sois mis fieles compañeros,
las tristezas se diluyen
y en íntima compañía
ponéis en mí la alegría
de apoyo incondicional,
atrayendo lo ideal
que me impulsa y que me alienta
que me esclarece y orienta
por senderos ignorados.
Sois la orientación y guía,
el destello de alegría,
motivos de reflexión,
la serena evocación
o la descripción alada,
de quien en una mirada
recibe la bendición
de descubrir todo un mundo.
De la ciencia sois aliados,
de la religión, amigos,
y habéis sido únicos testigos
de lo que en tantas edades
sembraran las potestades
de filosófico impulso.
La historia os ha dado curso,
y los hombres han marchado
sobre el cauce delineado
de que habéis sido testigos.
Por ello en este homenaje
que humildemente aquí intento,
veo abrirse el firmamento
penetrado por la aurora,
y sé que, hora tras hora,
este afán de conocer,
hará que sea un placer
volverme a vuestras líneas,
como quien amplía sus miras
y os lo quiere agradecer.
Impulsores del bien humano,
fecundos trabajadores,
prodigiosos hacedores,
desentrañando lo arcano,
he querido que mi mano
se orientara hoy a escribir
para sólo transmitir,
en vuestro bien y homenaje,
todo el grandioso bagaje
de este grandioso vivir,
como en un sereno viaje
hacia Dios y el porvenir.
CARLOS MANCO