UBIK, Club de Ciencia Ficción de la Universidad Simón Bolívar
Dirección de Desarrollo Estudiantil
Sección de Organizaciones y Actividades Estudiantiles
Necronomicón
Año 2. N° 2. Octubre, 1994
Silencio. Término indefinible que apunta tanto a un lugar como a una condición. Conjugado, seguramente, con los mil y un sonidos quedos que percibimos y que confundimos con el verdadero silencio. Tal vez los únicos que hayan experimentado una aproximación tangencial al silencio sean los cosmonautas, pero aun sus propios cuerpos, la vida dentro de ellos, de seguro produce suficiente ruido. El silencio, pues, parece ser inalcanzable —al menos— dentro de los parámetros del mundo físico. Los místicos parecen tener una mejor aproximación al silencio. Para ellos, más que la ausencia del ruido exterior, el silencio es la presencia del sonido interior, espiritual; sonido que deviene de la unión del yo individual con el Yo superior. Ese es el estado extático conocido en oriente como samadi, o satori; la fusión definitiva con El Absoluto. El tema del Jugo número III era el silencio. Esa noche no fue difícil seleccionar el cuento ganador. Para todos era obvio que Silencio, cuento de Jorge Lino De Abreu, merecía los honores. Sin embargo, y por extrañas razones astrales, mi cuento Silencio logró tanta puntuación como el primero. Debo reconocer mi preferencia por el cuento de Jorge Lino, mucho mejor logrado y ejemplo de la maestría de mi amigo en conseguir efectos sugerentes a partir de cuentos "abiertos".
Silencio por Jorge Lino De Abreu Cosenza Jorge Lino es uno de los mejores escritores que conozco personalmente. Su estilo críptico y simbolista tiene la plausible bondad de capturar la atención del lector. No es, de ninguna manera, un incipiente artista. Es mas bien un escritor con un estilo definido. Tal vez lo lamentable sea su falta de prolificidad, aunque entendemos que esta justificada por una búsqueda de calidad antes de cantidad enfermedad que él mismo ha bautizado como el síndrome Asimov. Cuando cerraron la puerta la dejaron nuevamente sola en el más absoluto silencio. Afuera bramaba la estática, el rugido de los elementos. Todavía la mente le daba vueltas. Había emergido al sonido, voces estridentes que se gritaban instrucciones. Antes todo había sido luz y color; caleidoscopio de fotones que dibujaban sonrisas en el espacio. Ella era todo, una partícula material, densa, silenciosa, que flotaba en medio de una espiral policromática. Rotaba lentamente, masiva, enfrentando el impacto de chorros de energía convergentes en el infinito. En su centro sólo había masa, átomos adosados a moléculas, moléculas incrustadas entre si en una orgía de entropía contenida. Sólo el lento rotar, el suave desplazamiento en la nada de luz. La conectaron durante la milésima serie cromática en su millonésima variación. La luz no consiguió escapar a su percepción cuando sucedió, sintió la conciencia de la carne y oyó el susurro de un haz de luz contra la pared. Entonces escuchó las voces, oscuras, densas, chillonas. Sintió aquellas manos vibrantes que descargaron electrones sobre su piel. Sintió todo el peso de su humanidad y cayó derruida, un montón de tejido organizado en una cama de hospital. Lo ultimo que pensó antes que la dejaran sola, fue un nostálgico recuerdo de alguna realidad cósmica. —Ya volvió en si.
Silencio por Yván Ricardo Ecarri G6mez Para continuar con la línea de los comentarios sobre los autores en la tradición del Necronomicón, diré que mucho me agradaría hablarles del autor, pero pecaría de inexacto. "Silencio" también ganó el tercer premio Jugo. Cierto es que soy ferviente creyente de las sabias palabras de Mandelbrot, aunque no tanto como del místico poder del Fuego Sagrado y de las Santas Enseñanzas de la Jerarquía de Shamalla. Para el lector agudo —e iniciado en el arte de leer entre líneas— este cuento ofrecerá una buena prueba de ello. "Aprende, osa, haz y calla" había dicho alguna vez el Maestro en aquellos tiempos de flores y mañanas. El primer alarido se había escuchado tras la ponzoñosa mordida del gigantesco arácnido, escalofriante. "Osa, haz y calla" repetía la confortante voz del Maestro mientras caminaban por el inmenso paseo de las efigies frente al Partenón. Ahora el Maestro no estaba y el segundo grito rasgo la piel, al tiempo que una cristalina y pegajosa fibra comenzó a cubrirlo. "Haz y calla" retumbaba la voz en sus oídos: haz y calla... haz y calla... El penetrante ardor lo asediaba. Su cara se desteñía y un olor amargo recorría el puente que conducía a la otra orilla del acantilado. Un tercer grito desmembró la tarde y las bases del puente cedieron. El cielo hizo un esfuerzo desesperado por silenciar el estrépito. Desesperado... inmóvil... impotente... No hubo más gritos. "Calla".
¿Concurso Literario? Yo participé en el VI Concurso Literario de UBIK Eso ocurrió hace mucho tiempo. Yo era muy joven en la vida y todavía mas en la literatura, pero, aún así, me inscribí en el concurso con la certeza de que iba a ganar muy fácilmente. Escogí dos de mis mejores cuentos y los preparé con cuidado: revisé la ortografía, afiné los detalles de contexto y los imprimí. Los metí en sendos sobres de manila que había comprado especialmente para ellos y se los entregué a la Licenciada Alicia Galindo. Estaba seguro de que iba a ganar. Incluso, había pensado que hacer con el premio en metálico. Pasaron los meses y por fin llegó el gran día de la premiación, y, ¿saben qué?, no gané. Ni siquiera quedé entre los cuatro primeros. Apenas recibí un par de menciones honoríficas. Por supuesto, no ganar ese concurso irritó sobremanera mi ego. Torné de azul a rojo y de allí a violeta, y dije que el jurado del concurso era una cuerda de ineptos, que sólo sabían de ciencia ficción y que pensaban que Isaac Asimov era el único escritor bueno del mundo. Ahora veo las cosas desde otro punto de vista, claro, ahora yo soy uno de los jurados del concurso, ahora soy yo quien asume la responsabilidad de leer entre treinta y cuarenta cuentos cada año, analizarlos, discutirlos y decidir —cosa nada fácil— cuál es el mejor. En aquel momento, en medio de mi decepción literaria se me ocurrió dialogar con los jurados, saber sus opiniones y leer los cuentos que habían quedado en mejores posiciones que los míos. Lo que ocurrió fue que tuve que tragarme mis maledicencias, pues la "cuerda de ineptos" resultó un grupo de personas cultas y de mente abierta y perspicaz que me invitaron a participar en las actividades del club. Comencé a participar en las reuniones de UBIK y pronto llegué a estar preparado para ser jurado de un concurso. Por esto se realizan los talleres de discusión y análisis al final de cada concurso, se abren las puertas de UBIK, para que todos tengan la oportunidad de conversar e intercambiar puntos de vista sobre los cuentos participantes.
Yo Soy por Jorge L. De Abreu C. La pelota giraba locamente sobre la mesa. La detuve de un manotazo, me ponía nervioso; sentía en su vertiginosa rotación el paso del tiempo. Irónico, ¿no? El paso del tiempo. Como si yo no fuera el propio tiempo, yo y mis consecuencias. Sin causas, ni razones; sólo el devenir de los instantes. Afuera llueve, nieva, sopla el viento, calcina el sol; un continuo parpadeo de la eras. Agarro nuevamente la pelota y la aprieto con fuerza. Dos minutos. Dos siglos. El Big Bang y la consumación entrópica del Universo. Millones de eones de evolución cósmica y orgánica. ¿Soy yo, o es sólo un mero reflejo de mis pensamientos pasados? Me agito inquieto en la silla y mis huesos sienten el peso de una carga intolerable. Las ecuaciones todavía giran en mi mente, enganchadas a las neuronas. La posibilidad era teoría, ahora la teoría es práctica. La práctica es mi realidad. Sólo faltan unos instantes, aunque mi reloj se ha detenido. El Universo en expansión fluye como un ente viviente ante mis ojos congelados, suelto la pelota y ésta rebota silenciosa hasta tropezar contra la puerta. A mi alrededor las estrellas se encienden y se apagan como bombillitos de navidad, ¿y el arbolito?, ¿y la navidad?, ¿y el Homo sapiens? Sólo hay tiempo y su devenir inexorable. —iOh, Dios mío!, Dr. Parker. Sólo unos instantes, ¡Oh, Señor! Lentamente, las briznas se agitaron en el asiento.
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